Obesidad sarcopénica en personas mayores

Aarón Salinas Rodríguez y Betty Manrique Espinoza*

México está experimentando un envejecimiento poblacional acelerado, un cambio demográfico caracterizado por un rápido aumento de la proporción de personas mayores en relación con los grupos de edad más jóvenes. El ritmo de envejecimiento en México es notablemente más rápido que en muchos países desarrollados, lo que presenta desafíos únicos para los sistemas sociales, económicos y de salud del país.

A medida que crece la población de personas mayores, aumenta la demanda de servicios como la atención médica y los cuidados a largo plazo. En particular, la presencia de enfermedades crónicas como cardiopatías, diabetes, artritis e hipertensión se vuelve más frecuente y requieren control y atención médica continua. Las afecciones en la salud mental también son frecuentes, e incluyen deterioro cognitivo, demencia y Alzheimer, así como depresión y ansiedad, lo que afecta notablemente su calidad de vida e independencia.

Sin embargo, uno de los problemas más urgentes entre las personas mayores es mantener una adecuada función física. Dicha función desempeña un papel crucial en el mantenimiento de la salud, la independencia y la calidad de vida. A medida que envejecen, las personas suelen experimentar una disminución de la fuerza muscular, la flexibilidad, el equilibrio y la movilidad, lo que puede afectar significativamente su capacidad para realizar actividades cotidianas y mantener relaciones sociales. Entre los múltiples factores que afectan la función física de las personas mayores hay dos que adquieren la mayor relevancia en México debido a su alta prevalencia: la obesidad y la baja masa muscular.

La obesidad y la sarcopenia son problemas de salud que a menudo se presentan simultáneamente y se agravan entre sí. La sarcopenia se caracteriza por la pérdida progresiva de masa muscular y fuerza, mientras que la obesidad implica un aumento significativo de la grasa corporal. La obesidad sarcopénica es así una afección compleja que se caracteriza por la presencia simultánea de baja masa muscular y alta grasa corporal. Esta afección se asocia con numerosos efectos adversos para la salud, como disminución de la función física, mayor riesgo de caídas, trastornos metabólicos, menor calidad de vida, y un aumento en las alteraciones de la función cognitiva.

Un estudio reciente, conducido por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública de México, encontró que 10.2% de las personas mayores de México padecen obesidad sarcopénica. Ese mismo estudio mostró que la actividad física sostenida reduce notoriamente el riesgo de la obesidad sarcopénica a largo plazo (12 años), mientras que un mayor nivel de sedentarismo (6 o más horas al día en posición sentada) aumenta significativamente dicho riesgo. El estudio completo se puede consultar en el siguiente enlace: https://doi.org/10.1016/j.exger.2025.112752

La actividad física regular, especialmente el entrenamiento de resistencia y los ejercicios aeróbicos, puede ayudar a mantener la masa muscular y la fuerza, a la vez que reduce el exceso de grasa corporal. Sin embargo, con demasiada frecuencia se piensa erróneamente que sólo los deportes y el ejercicio de intensidad vigorosa se consideran actividad, lo que tiende a desalentar la actividad física en las personas mayores.

En particular, es recomendable que las personas mayores realicen actividad física regular mediante acciones simples que incluyen: caminar (a un ritmo regular y rápido), bailar, nadar, montar en bicicleta o subir escaleras, si es posible; levantar pesas o el uso de bandas elásticas; flexionar los brazos, hacer flexiones contra la pared, sujetar y soltar una pelota pequeña (de esponja o de tenis), y acciones de equilibrio como pararse sobre una pierna, caminar de puntillas, caminar sobre el talón y caminar hacia atrás o de lado.

Estas actividades recreativas representan medidas efectivas de actividad física para las personas mayores, ya que requieren poco o ningún equipo. Y si se acompañan con una reducción del sedentarismo, reducen el riesgo de caídas, mejoran el equilibrio, la movilidad y la independencia, y pueden ser útiles para personas con discapacidades físicas o cognitivas leves.

*Especialistas en salud pública. Invitados por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce

La Jornada Morelos