Hacia una emancipación del saber. ¿Por qué debemos privar de apoyo oficial a la escuela?

Braulio Hornedo Rocha*

El presente artículo analiza el primer capítulo de La sociedad desescolarizada de Iván Illich, titulado “¿Por qué debemos privar de apoyo oficial a la escuela?”. Lectura hecha a la luz de diversas corrientes filosóficas contemporáneas. Desde la crítica del poder disciplinario de Foucault, hasta las pedagogías emancipadoras de Freire y Rancière. Se realiza una lectura que sitúa a Illich como parte de un proyecto filosófico de liberación política del conocimiento y el aprendizaje frente a las estructuras burocráticas del sistema educativo moderno.

1. Introducción

En 1971, Iván Illich publicó una obra que estremeció los cimientos del pensamiento pedagógico occidental: Deschooling Society (traducida como La sociedad desescolarizada). Lejos de constituir una mera crítica funcional al sistema educativo, Illich plantea una tesis radical: la escolarización institucionalizada impide el aprendizaje genuino, convirtiendo a la escuela en un aparato de reproducción ideológica, exclusión social y domesticación cultural. En el primer capítulo de su obra, “¿Por qué debemos privar de apoyo oficial a la escuela?”, Illich propone una desinstitucionalización total del aprendizaje.

Este artículo propone analizar ese planteamiento desde una perspectiva filosófica crítica, conectándolo con autores como Michel Foucault, Paulo Freire, Jacques Rancière, Herbert Marcuse y Zygmunt Bauman.

2. Illich y la alienación del aprendizaje

Illich denuncia que la escuela moderna se ha apropiado del monopolio del saber legítimo, confundiendo educación con escolarización, y aprendizaje con certificación. Esta crítica recuerda a la noción de alienación en Karl Marx: el conocimiento ya no surge del sujeto, sino que se le impone desde fuera, cosificado como mercancía y gestionado por burocracias estatales.

“La escuela ha llegado a confundirse con la educación, y su crecimiento ilimitado se identifica con el crecimiento del saber” (Illich, 1974, p. 15).

Este diagnóstico se inscribe en una crítica más amplia a la racionalidad instrumental, denunciada por pensadores de la Escuela de Frankfurt como Herbert Marcuse (1964), quien advirtió cómo las instituciones modernas subordinan el pensamiento a la lógica del sistema. La escuela, en este sentido, no emancipa: adapta, conforma y doméstica.

3. Poder, disciplina y normalización: el eco foucaultiano

Michel Foucault, en Vigilar y castigar (1975), señala que instituciones como la escuela constituyen una de las matrices del poder disciplinario moderno. A través de la vigilancia, la evaluación y la segmentación temporal, la escuela no solo instruye: fabrica sujetos dóciles.

“La escuela… forma parte de todo un conjunto de procedimientos mediante los cuales el cuerpo del individuo se convierte en objeto y blanco de poder” (Foucault, 2002, p. 139).

Illich no utiliza estos términos, pero su crítica se alinea: la escuela opera como una tecnología social de normalización, que define lo que es aprender, lo que es fracasar y lo que vale la pena saber. En palabras de Foucault, es un dispositivo (dispositif) que articula saber y poder.

4. Una educación liberadora: Freire y Rancière

Frente a este panorama, Illich propone abolir el apoyo oficial a la escuela y crear redes horizontales de aprendizaje voluntario. Esta propuesta se aproxima al ideal de Pedagogía del oprimido formulada por Paulo Freire (1970) quien también denuncia una educación bancaria que deposita contenidos sin diálogo, ni conciencia crítica.

Freire sostiene:

“La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” (Freire, 1970, p. 68).

Aún más radical es la conexión con Jacques Rancière, quien en El maestro ignorante (1987) afirma que todo ser humano es igual en su capacidad de aprender, y que la pedagogía emancipadora debe partir de esa igualdad radical. La desescolarización de Illich coincide con la idea de que la autoridad del maestro no es necesaria para el aprendizaje, sólo la voluntad de saber.

5. La modernidad líquida y la educación flexible, Bauman

En un contexto más reciente, Zygmunt Bauman (2007) ha advertido que la educación en la “modernidad líquida” ha perdido su solidez institucional, pero conserva su funcionalidad al sistema: se vuelve una herramienta de adaptación laboral más que de educación integral. Illich, proféticamente, se adelantó a esta crítica, denunciando que la escuela forma consumidores de educación, no ciudadanos críticos.

6. Conclusión

La lectura crítica del primer capítulo de La sociedad desescolarizada revela que Iván Illich no es un pedagogo o simple crítico del sistema educativo, sino un filósofo radical a favor de la autonomía y la libertad. En sintonía con Foucault, Freire, Rancière y otros, Illich apuesta por una educación desinstitucionalizada, donde el aprendizaje vuelva a ser un acto libre, comunitario y significativo.

En un mundo donde la educación ha sido absorbida por la lógica del mercado y el control, su propuesta —aunque utópica para muchos— permanece como una provocación moral urgente: repensar qué significa realmente aprender.

* El Colegio de Morelos

La Jornada Morelos