Perreo para resistir

Luis Marín*

Nunca pensé que la alegría y esperanzas revolucionarias me llegarían en forma de perreo; que lo mismo quiero gritar “¡Que viva la p*tería!”, y “¡Viva Puerto Rico Libre!”. La última vez que se me erizó la piel, temblé y lloré con una canción, fue cuando René Pérez Joglar —puertorriqueño, también— presentó el video oficial de “Latinoamérica” en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y de eso hace más de quince años ya. Ahora, de la manera más inesperada, Bad Bunny me tiene esperando con ansias su show de medio tiempo el próximo 8 de febrero.

Y lo digo con orgullo, porque no creo en los gustos culposos. Aunque admito que Bad Bunny no me gustaba en sus inicios. Recuerdo bien que, en 2018, cuando “Amorfoda” estaba de moda, me había prometido a mí mismo no escucharlo jamás. Luego, cuando en 2022 las calles de Ciudad de México se habían tapizado de promocionales de la portada del corazón cíclope, yo mismo me burlaba de la forma de balbucear que tenía el puertorriqueño al cantar “Me porto bonito”, como teniendo una papa caliente en la boca: “En la guagua se queda el olol’ de tu pelfume…”

Creo que fue en 2023, cuando salió “Nadie sabe lo que va a pasar mañana”, que decidí darle una oportunidad a “Un verano sin ti”, y me sorprendieron varias cosas: no era sólo trap, sexo y reggaetón. Me parecía que su propuesta era distinta. ¡Metía merengue en “Después de la playa”, bachata en “Un ratito”, ¡y pop en “Ojitos lindos”! Y descubrí que lo mismo hablaba de sexo que hacía música de protesta, como en “El apagón” (que, de hecho, tuvo después un minidocumental: “El Apagón – Aquí vive gente”, denunciando la gentrificación, el desplazamiento de los residentes locales por la expansión gringa y la privatización de la energía y las playas).

Y entonces llegó “Debí tirar más fotos” a inicios del año pasado. Ni siquiera habían llegado los reyes magos cuando el conejo malo lanzó el disco del año. Y fue sorprendente cómo, a pesar de haber salido a inicios de 2025, en efecto se posicionó de inmediato como el artista más escuchado en el mundo por quinto año consecutivo, y “Baile inolvidable” como la mejor canción del año.

Pasé de negarme a escuchar a Bad Bunny a no parar de escucharlo. Me enamoré de su residencia en Puerto Rico. Fui a su concierto en el estadio GNP, y lo vería de nuevo varias veces más. Y ahora, estoy esperando con ansias a que el calendario marque el domingo 08 de febrero. Yo no sé nada de futbol americano. No me llama la atención. La única razón por la cual estaré pegado al televisor es para ver cómo un ciudadano norteamericano (¡porque Puerto Rico sigue siendo una colonia norteamericana en pleno 2026!) va a cantar en la cara de Donald Trump —quien ya se declaró “anti-Bad Bunny”, y dijo que no estará presente en el evento—, ¡en español!: “de aquí nadie me saca, de aquí yo no me muevo, dile que esta es mi casa, donde nació mi abuelo”, y “yo no me quiero ir de aquí, ¡que se vayan ellos!”

Yo me crie con la guitarra de Silvio Rodríguez, Víctor Jara, Violeta Parra, las melodías de Daniel Viglietti y Mercedes Sosa, el ska de Ska-P, el rock de Café Tacvba, Los Fabulosos Cadillacs, el rap de Residente y Calle 13, y nunca habría imaginado o esperado siquiera, que la llama de la esperanza de que, a pesar de los pesares, otro mundo sigue siendo posible, me vendría del perro de Benito.

En todo caso, gracias, Benito. Gracias por devolverme la esperanza y las ganas de bailar. Cántales a todos nuestros hermanos latinos en la cara del fascista. Canta a los latinos perseguidos por el ICE, a los puertorriqueños desplazados, y demuestra que la música sigue siendo un vehículo para despertar la conciencia social, y mientras lo haces, ponnos a todos a bailar salsa y a perrear como si no hubiera un mañana.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Bad Bunny. Foto: AP / La Jornada

LA JORNADA MORELOS