• Se extienden más de 300 km, pero el PED 2025-2030 sólo las menciona 3 veces, sin metas o estrategia.
  • Son el principal regulador del clima y refugio biológico en Morelos, explica Víctor Hugo Flores Armillas, del CIB-UAEM.
  • 32 estudios han documentado invasiones, desecho de aguas negras, marco jurídico confuso, falta de presupuesto y vigilancia.

Antimio Cruz

Ojos que no ven, corazón que no siente. Si la tierra tuviera voz, medio centenar de barrancas que recorren más de 300 kilómetros de suelos en Morelos podrían decir, con apego a la verdad, que la mayoría de los morelenses, sus empresas y sus gobiernos les han dado la espalda.

Las barrancas morelenses son abruptas aperturas en el suelo, con profundidades desde 2 hasta 30 metros y longitudes entre 1 y 15 kilómetros. Su antigüedad es prehistórica; sus características permiten el traslado natural de aire fresco, de norte a sur, y escurrimientos de agua del bosque y manantiales. Territorialmente, predominan en la región norponiente, pero están presentes en los 36 municipios.

El doctor Víctor Hugo Flores Armillas, profesor del Centro de Investigaciones Biológicas, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (CIB-UAEM), define a las barrancas como “el radiador” que mantiene estable el clima en la región.

“Desafortunadamente siempre hay una especie de nebulosidad sobre los problemas de las barrancas; algunos atribuyen el problema a gente que tira basura; otros a la falta de interés de las autoridades; algunos más a los invasores de terrenos. Pero no hay claridad de quién tiene que hacer valer la ley y cuál es la participación de la sociedad”, detalla el biólogo que desde hace cuatro años crea proyectos de divulgación científica sobra la naturaleza y desafíos de las barrancas.

El refrán dice que “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”. Las profundas rajadas de basalto y tepetate, que son vecinas de hogares, escuelas y lugares de trabajo de más de 400 mil morelenses, no reciben atención en el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030, del Gobierno de Morelos.

Si se revisan completas las 308 páginas del documento llamado “El plan que nos une”, entregado al Congreso por el equipo de la gobernadora Margarita González Saravia, se comprobará que la palabra Barranca, sólo aparece tres veces, de manera enunciativa, sin diagnosticar su importancia en el ciclo hídrico, su problemática jurídica y sin ofrecer un plan de acción.

Esta falta de atención es muy significativa por al menos cuatro razones:

1) Aproximadamente 20% de los morelenses vive, estudia o trabaja cerca de una barranca;

2) En las últimas dos décadas seis municipios han registrado desastres por desbordamiento de barrancas;

3) En las barrancas de Morelos viven 240 especies de plantas, animales y hongos;

4) Después de la inseguridad, el problema que más preocupa a los morelenses es la “Escasez de agua”, según lo documenta el propio PED 2025-2030, de Morelos, en su página 67.

Presencia en todo el estado

Aunque la mayoría de los estudios sobre barrancas se concentran en la región nor-oeste de Morelos, estas formaciones tienen presencia en todo el estado. Diferentes estudios consultados por La Jornada Morelos Plaza estiman que las barrancas en la entidad suman longitudes de entre 300 y 800 kilómetros de veredas.

Las barrancas y los ríos han sido compañeros constantes de la vida del biólogo Víctor Hugo Flores Armillas; quien recuerda excursiones infantiles a los manantiales de agua limpia de la Barranca Tepeite, en Tepoztlán; así como días de natación y juegos en el agua clara de los apantles de San Carlos, en Yautepec, y también horas angustia para rescatar muebles en la casa de sus padres, inundada por uno de los desbordamiento del río Yautepec, atribuido a la falta de desazolve de las barrancas que lo nutren.

“Si bien el estado de Morelos es uno de los más pequeños del país, tiene siete subcuencas, vasos o territorios que recaban toda el agua que llueve. Las barrancas y los ríos van dirigiendo esa agua superficial. En el norte del estado se observan barrancas más profundas y a medida que van bajando al sur disminuyen su profundidad y se unen a ríos que terminan en el Río Balsas, pero en todo el estado hay barrancas”, indica el profesor especialista en aguas superficiales, quien imparte clases en el CIB-UAEM.

“La mayoría de las barrancas se concentra en la zona norponiente del estado, donde están los municipios de Cuernavaca, Huitzilac, Temixco, donde hay una mayor aglomeración; además han sido más estudiadas porque es la zona donde hay más centros de investigación”, indica el biólogo, en coincidencia con datos colectados por La Jornada Morelos Plaza, que localizó más de 30 estudios sobre barrancas en el noroeste morelense, en las que se reportan entre 26 y 38 barrancas, divididas en 260 secciones, según diferentes modelos de estudio.

“Pero además de las que están en el norponiente, también hay otro conglomerado de barrancas en las zonas de Tetela del Volcán y Hueyapan, que son derivadas de otros fenómenos geológicos. En Axochiapan también tenemos una zona de barrancas, bastante secas, en la zona de Jonacatepec, Jantetelco, Temoac. Y en el sur sí tenemos, pero no en aglomeraciones, son pendientes mucho más extendidas, no son cortes profundos, como en Cuernavaca. Digamos que donde se arruga más la tierra vamos a tener más barrancas; son oradaciones en la tierra que conducen agua, de manera intermitente o perene, y son refugio de la vida silvestre”, detalla Flores Armillas, quien también forma parte de la asociación civil Reconcilia EcoSocial; colabora con el colectivo Sociedad del Agua, y desde hace cuatro años ha creado una nutrida comunidad de seguidores en redes sociales, con su perfil de divulgación científica de barrancas “VíctorBios”.

Mucho trabajo y poco aplauso

En el año 2018, expertos de diferentes universidades, agrupados en la asociación académica llamada El Colegio de Morelos, revisaron 32 grandes estudios sobre barrancas en Morelos y realizó 25 reuniones con 100 expertos en temas ambientales, legales y sociales, así como con vecinos y autoridades. Así elaboraron el Plan para el manejo Integral del sistema de barrancas del norponiente de Morelos.

En ese documento, los académicos diagnosticaron que la riqueza natural de las barrancas se ha venido deteriorando en las últimas décadas, debido a la crítica situación socioambiental, por el desarrollo urbano desordenado, la contaminación del agua y el suelo, el deterioro y destrucción de la biodiversidad.

“Entre las principales causas y problemas que han promovido esta situación se encuentran las siguientes: la corrupción y falta de observancia de la ley por la sociedad en general y el incumplimiento de las obligaciones legales de las instituciones gubernamentales, la falta de conciencia ambiental y de valoración de las barrancas por parte de la sociedad, la falta de financiamiento suficiente, oportuno y continuo para implementar actividades prioritarias para la conservación del sistema de barrancas, la falta de continuidad, desarticulación o incompatibilidad entre las políticas públicas, planes, programas, y proyectos de los tres niveles de gobierno”, subraya el Plan para el manejo integral de barrancas, elaborado por El Colegio de Morelos.

Volver a empezar de cero

Ojos que no ven, corazón que no siente. Rescatar las barrancas exige mucho trabajo y ofrece poco aplauso. Esa es quizá la razón por la que el tema no fue incluido en el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030.

Si se permite que progresen las invasiones de laderas, desecho de aguas negras, acumulación de basura, abandono e inseguridad, las sorpresas desagradables se repetirán cíclicamente, como el hallazgo de 11 cuerpos de hombres, mujeres y niños, con huellas de violencia, encontrados en los últimos dos años en barrancas de los municipios de Cuernavaca, Ocuituco, Temixco y Yecapixtla. Así como las inundaciones de años recientes en Miacatlán, Yautepec, Mazatepec, Jojutla, Zacatepec y Puente de Ixtla por desbordamiento de barrancas, que han provocado daño en los hogares de, al menos, 4 mil 200 personas, según el inventario de inundaciones de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

“Una de las grandes conclusiones que tengo del análisis de las problemáticas de las barrancas es que no hay gobierno ni alineación de gobierno posible que pueda resolver los problemas sin la participación de la gente. Las soluciones técnicas están disponibles: platas de tratamiento, biodigestores, baños secos. Pero lo más complicado es que las autoridades usen la información. Cada vez que hay una autoridad nueva se pierde todo el bagaje y se quiere volver a empezar. Se ha perdido mucha experiencia comunitaria, académica y hasta expertise de las propias autoridades que pierden lo que ya habían hecho y el nuevo no lo quiere retomar. Eso definitivamente es un problema de gestión política”, concluye el académico del CIB-UAEM.

No poner atención al tema de las barrancas impacta muchas dimensiones políticas, sociales y ecológicas: agua, uso del suelo, biodiversidad, protección civil, seguridad pública. Ojos que no ven, corazón que no siente. Se evitan preocupaciones cotidianas, para después quejarse por desastres sorpresivos e ingobernables.

RECUADRO 1: Animales de las barrancas de Cuernavaca: Reporte de 2018 de El Colegio de Morelos. Cauce de Río (Vegetación riparia). Mapache, Cacomixtle, Ardilla, Tlacuache, Carpa de Cuernavaca, Garzas, Patos, Martín Pescador. Ladera de barranca (Vegetación: selva baja caducifolia, encinar y pastizal). Mapache, Cacomixtle, Ardilla, Tlacuache, Zorrillo rayado, Guacamaya verde, Perico cabeza amarilla, Huilotas, Tortolitas, Tordo, Gorrión, Zanate, Iguana negra, Perico atolero, Gavilán cola roja, Tlacuache, Zorra gris, Ratones, Garza chapulinera. Cuevas (Sin vegetación) Murciélagos, Vencejo, Golondrinas, Cacomixtle, Zorras, Tlacuache. Loma (Vegetación: selva baja caducifolia, pastizal inducido y cultivos agrícolas). Cacomixtle, Gavilancillo, Paloma arroyera, Huilotas, Tortolitas, Tordo, Gorrión, Zanate, Coyote, Zorra Gris, Ardilla, Tlacuache, Conejo, Zorrillo rayado, Garza chapulinera. Manantial (Vegetación: Acuática) Cangrejito Barranqueño y mariposas.
RECUADRO 2: Problemas prioritarios Como resultado del análisis de las condiciones socioambientales que prevalecen en las Barrancas del Norponiente del Estado de Morelos, en el Plan de manejo integral de las barrancas elaborado por el IMTA-FGRA (2012), se identificaron ocho problemas prioritarios: 1. Contaminación del agua y disposición inapropiada de residuos sólidos; 2. Deterioro de los recursos naturales, servicios ambientales y pérdida de la biodiversidad; 3. Crecimiento anárquico de la mancha urbana; 4. Pobreza extrema y deterioro de la salud y bienestar públicos; 5. Legislación, participación social y cultura ambiental insuficientes; 6. Afectación por fenómenos naturales y cambio climático; 7. Monitoreo ambiental insuficiente; y 8. Abandono de las barrancas y carencia de programas de manejo integral ambiental de las barrancas.

 

  • Se extienden más de 300 km, pero el PED 2025-2030 sólo las menciona 3 veces, sin metas o estrategia.
  • Son el principal regulador del clima y refugio biológico en Morelos, explica Víctor Hugo Flores Armillas, del CIB-UAEM.
  • 32 estudios han documentado invasiones, desecho de aguas negras, marco jurídico confuso, falta de presupuesto y vigilancia.

Antimio Cruz

Ojos que no ven, corazón que no siente. Si la tierra tuviera voz, medio centenar de barrancas que recorren más de 300 kilómetros de suelos en Morelos podrían decir, con apego a la verdad, que la mayoría de los morelenses, sus empresas y sus gobiernos les han dado la espalda.

Las barrancas morelenses son abruptas aperturas en el suelo, con profundidades desde 2 hasta 30 metros y longitudes entre 1 y 15 kilómetros. Su antigüedad es prehistórica; sus características permiten el traslado natural de aire fresco, de norte a sur, y escurrimientos de agua del bosque y manantiales. Territorialmente, predominan en la región norponiente, pero están presentes en los 36 municipios.

El doctor Víctor Hugo Flores Armillas, profesor del Centro de Investigaciones Biológicas, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (CIB-UAEM), define a las barrancas como “el radiador” que mantiene estable el clima en la región.

“Desafortunadamente siempre hay una especie de nebulosidad sobre los problemas de las barrancas; algunos atribuyen el problema a gente que tira basura; otros a la falta de interés de las autoridades; algunos más a los invasores de terrenos. Pero no hay claridad de quién tiene que hacer valer la ley y cuál es la participación de la sociedad”, detalla el biólogo que desde hace cuatro años crea proyectos de divulgación científica sobra la naturaleza y desafíos de las barrancas.

El refrán dice que “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”. Las profundas rajadas de basalto y tepetate, que son vecinas de hogares, escuelas y lugares de trabajo de más de 400 mil morelenses, no reciben atención en el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030, del Gobierno de Morelos.

Si se revisan completas las 308 páginas del documento llamado “El plan que nos une”, entregado al Congreso por el equipo de la gobernadora Margarita González Saravia, se comprobará que la palabra Barranca, sólo aparece tres veces, de manera enunciativa, sin diagnosticar su importancia en el ciclo hídrico, su problemática jurídica y sin ofrecer un plan de acción.

Esta falta de atención es muy significativa por al menos cuatro razones:

1) Aproximadamente 20% de los morelenses vive, estudia o trabaja cerca de una barranca;

2) En las últimas dos décadas seis municipios han registrado desastres por desbordamiento de barrancas;

3) En las barrancas de Morelos viven 240 especies de plantas, animales y hongos;

4) Después de la inseguridad, el problema que más preocupa a los morelenses es la “Escasez de agua”, según lo documenta el propio PED 2025-2030, de Morelos, en su página 67.

Presencia en todo el estado

Aunque la mayoría de los estudios sobre barrancas se concentran en la región nor-oeste de Morelos, estas formaciones tienen presencia en todo el estado. Diferentes estudios consultados por La Jornada Morelos Plaza estiman que las barrancas en la entidad suman longitudes de entre 300 y 800 kilómetros de veredas.

Las barrancas y los ríos han sido compañeros constantes de la vida del biólogo Víctor Hugo Flores Armillas; quien recuerda excursiones infantiles a los manantiales de agua limpia de la Barranca Tepeite, en Tepoztlán; así como días de natación y juegos en el agua clara de los apantles de San Carlos, en Yautepec, y también horas angustia para rescatar muebles en la casa de sus padres, inundada por uno de los desbordamiento del río Yautepec, atribuido a la falta de desazolve de las barrancas que lo nutren.

“Si bien el estado de Morelos es uno de los más pequeños del país, tiene siete subcuencas, vasos o territorios que recaban toda el agua que llueve. Las barrancas y los ríos van dirigiendo esa agua superficial. En el norte del estado se observan barrancas más profundas y a medida que van bajando al sur disminuyen su profundidad y se unen a ríos que terminan en el Río Balsas, pero en todo el estado hay barrancas”, indica el profesor especialista en aguas superficiales, quien imparte clases en el CIB-UAEM.

“La mayoría de las barrancas se concentra en la zona norponiente del estado, donde están los municipios de Cuernavaca, Huitzilac, Temixco, donde hay una mayor aglomeración; además han sido más estudiadas porque es la zona donde hay más centros de investigación”, indica el biólogo, en coincidencia con datos colectados por La Jornada Morelos Plaza, que localizó más de 30 estudios sobre barrancas en el noroeste morelense, en las que se reportan entre 26 y 38 barrancas, divididas en 260 secciones, según diferentes modelos de estudio.

“Pero además de las que están en el norponiente, también hay otro conglomerado de barrancas en las zonas de Tetela del Volcán y Hueyapan, que son derivadas de otros fenómenos geológicos. En Axochiapan también tenemos una zona de barrancas, bastante secas, en la zona de Jonacatepec, Jantetelco, Temoac. Y en el sur sí tenemos, pero no en aglomeraciones, son pendientes mucho más extendidas, no son cortes profundos, como en Cuernavaca. Digamos que donde se arruga más la tierra vamos a tener más barrancas; son oradaciones en la tierra que conducen agua, de manera intermitente o perene, y son refugio de la vida silvestre”, detalla Flores Armillas, quien también forma parte de la asociación civil Reconcilia EcoSocial; colabora con el colectivo Sociedad del Agua, y desde hace cuatro años ha creado una nutrida comunidad de seguidores en redes sociales, con su perfil de divulgación científica de barrancas “VíctorBios”.

Mucho trabajo y poco aplauso

En el año 2018, expertos de diferentes universidades, agrupados en la asociación académica llamada El Colegio de Morelos, revisaron 32 grandes estudios sobre barrancas en Morelos y realizó 25 reuniones con 100 expertos en temas ambientales, legales y sociales, así como con vecinos y autoridades. Así elaboraron el Plan para el manejo Integral del sistema de barrancas del norponiente de Morelos.

En ese documento, los académicos diagnosticaron que la riqueza natural de las barrancas se ha venido deteriorando en las últimas décadas, debido a la crítica situación socioambiental, por el desarrollo urbano desordenado, la contaminación del agua y el suelo, el deterioro y destrucción de la biodiversidad.

“Entre las principales causas y problemas que han promovido esta situación se encuentran las siguientes: la corrupción y falta de observancia de la ley por la sociedad en general y el incumplimiento de las obligaciones legales de las instituciones gubernamentales, la falta de conciencia ambiental y de valoración de las barrancas por parte de la sociedad, la falta de financiamiento suficiente, oportuno y continuo para implementar actividades prioritarias para la conservación del sistema de barrancas, la falta de continuidad, desarticulación o incompatibilidad entre las políticas públicas, planes, programas, y proyectos de los tres niveles de gobierno”, subraya el Plan para el manejo integral de barrancas, elaborado por El Colegio de Morelos.

Volver a empezar de cero

Ojos que no ven, corazón que no siente. Rescatar las barrancas exige mucho trabajo y ofrece poco aplauso. Esa es quizá la razón por la que el tema no fue incluido en el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030.

Si se permite que progresen las invasiones de laderas, desecho de aguas negras, acumulación de basura, abandono e inseguridad, las sorpresas desagradables se repetirán cíclicamente, como el hallazgo de 11 cuerpos de hombres, mujeres y niños, con huellas de violencia, encontrados en los últimos dos años en barrancas de los municipios de Cuernavaca, Ocuituco, Temixco y Yecapixtla. Así como las inundaciones de años recientes en Miacatlán, Yautepec, Mazatepec, Jojutla, Zacatepec y Puente de Ixtla por desbordamiento de barrancas, que han provocado daño en los hogares de, al menos, 4 mil 200 personas, según el inventario de inundaciones de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

“Una de las grandes conclusiones que tengo del análisis de las problemáticas de las barrancas es que no hay gobierno ni alineación de gobierno posible que pueda resolver los problemas sin la participación de la gente. Las soluciones técnicas están disponibles: platas de tratamiento, biodigestores, baños secos. Pero lo más complicado es que las autoridades usen la información. Cada vez que hay una autoridad nueva se pierde todo el bagaje y se quiere volver a empezar. Se ha perdido mucha experiencia comunitaria, académica y hasta expertise de las propias autoridades que pierden lo que ya habían hecho y el nuevo no lo quiere retomar. Eso definitivamente es un problema de gestión política”, concluye el académico del CIB-UAEM.

No poner atención al tema de las barrancas impacta muchas dimensiones políticas, sociales y ecológicas: agua, uso del suelo, biodiversidad, protección civil, seguridad pública. Ojos que no ven, corazón que no siente. Se evitan preocupaciones cotidianas, para después quejarse por desastres sorpresivos e ingobernables.

RECUADRO 1:

Animales de las barrancas de Cuernavaca:

Reporte de 2018 de El Colegio de Morelos.

  • Cauce de Río (Vegetación riparia). Mapache, Cacomixtle, Ardilla, Tlacuache, Carpa de Cuernavaca, Garzas, Patos, Martín Pescador.
  • Ladera de barranca (Vegetación: selva baja caducifolia, encinar y pastizal). Mapache, Cacomixtle, Ardilla, Tlacuache, Zorrillo rayado, Guacamaya verde, Perico cabeza amarilla, Huilotas, Tortolitas, Tordo, Gorrión, Zanate, Iguana negra, Perico atolero, Gavilán cola roja, Tlacuache, Zorra gris, Ratones, Garza chapulinera.
  • Cuevas (Sin vegetación) Murciélagos, Vencejo, Golondrinas, Cacomixtle, Zorras, Tlacuache.
  • Loma (Vegetación: selva baja caducifolia, pastizal inducido y cultivos agrícolas). Cacomixtle, Gavilancillo, Paloma arroyera, Huilotas, Tortolitas, Tordo, Gorrión, Zanate, Coyote, Zorra Gris, Ardilla, Tlacuache, Conejo, Zorrillo rayado, Garza chapulinera.
  • Manantial (Vegetación: Acuática) Cangrejito Barranqueño y mariposas.

RECUADRO 2:

Problemas prioritarios

Como resultado del análisis de las condiciones socioambientales que prevalecen en las Barrancas del Norponiente del Estado de Morelos, en el Plan de manejo integral de las barrancas elaborado por el IMTA-FGRA (2012), se identificaron ocho problemas prioritarios:

1. Contaminación del agua y disposición inapropiada de residuos sólidos;

2. Deterioro de los recursos naturales, servicios ambientales y pérdida de la biodiversidad; 3. Crecimiento anárquico de la mancha urbana;

4. Pobreza extrema y deterioro de la salud y bienestar públicos;

5. Legislación, participación social y cultura ambiental insuficientes;

6. Afectación por fenómenos naturales y cambio climático;

7. Monitoreo ambiental insuficiente; y

8. Abandono de las barrancas y carencia de programas de manejo integral ambiental de las barrancas.

La Jornada Morelos