
La esclavitud contemporánea
El reportaje “Falsas promesas de amor, una puerta a la explotación sexual”, de Antimio Cruz, nos recuerda con crudeza que la trata de personas y la explotación sexual constituyen una de las formas más brutales y sofisticadas de esclavitud contemporánea. No hablamos de un delito marginal, sino de un negocio global que genera más de 150 mil millones de dólares al año, según la ONU y la OIT.
En México, el panorama es estremecedor: cada año al menos 20 mil niñas y niños son víctimas de explotación sexual, y 85 mil son utilizados en pornografía infantil, de acuerdo con datos de UNICEF y el Inegi. Detrás de estas cifras se esconde una realidad tan dolorosa como silenciada: la explotación se nutre de la desigualdad, la pobreza y el engaño como principal anzuelo.
El caldo de cultivo de la esclavitud moderna
El reportaje de Cruz pone en evidencia cómo funcionan los mecanismos de captura: 39% de las víctimas fueron engañadas con falsas relaciones sentimentales, 34% con empleos inexistentes y otras tantas con “ayuda” en momentos de desesperación. No se trata de trampas improvisadas, sino de estrategias meticulosamente diseñadas, respaldadas por redes criminales que invierten tiempo, recursos y violencia para atrapar a los más vulnerables.
La peligrosa combinación entre la necesidad económica y la presencia del crimen organizado convierte a miles de personas en presa fácil. La marginación, la falta de educación y la desigualdad de género aumentan los riesgos. Sin embargo, no hay que olvidar un dato inquietante: cualquier persona puede ser víctima de la trata, porque este delito adopta múltiples facetas desde la explotación sexual hasta el trabajo forzado o la esclavitud por deudas.

Morelos, territorio vulnerable
En el estado de Morelos, la trata de personas se expresa con la misma complejidad que en otras partes del país, pero con una particular crudeza en la zona oriente, donde colinda con Puebla y el Estado de México. De acuerdo con diagnósticos del Instituto de la Mujer y especialistas como la abogada Rocío Velázquez Morales, municipios como Cuautla, Yecapixtla, Jonacatepec, Tetela del Volcán y Tepalcingo son focos rojos para la captación y explotación de víctimas.
El caso de Evelin, la joven que acudió a una entrevista de trabajo en Cuautla y fue asesinada, es un recordatorio doloroso de que las falsas promesas pueden convertirse en sentencias de muerte.
Internet: una herramienta de doble filo
El confinamiento por COVID-19 aceleró el uso de plataformas digitales, pero también abrió una puerta más amplia para la captación de víctimas. El grooming (abuso sexual digital), la sextorsión y la pornografía infantil han crecido de manera alarmante en línea. En este terreno, las familias están desprotegidas y los sistemas de denuncia son todavía limitados.
El Instituto Interamericano del Niño, la Niña y el Adolescente (OEA) señala que es urgente fortalecer la cultura de derechos desde la infancia, crear mecanismos de denuncia más accesibles y promover un uso seguro de internet. Sin esos pilares, la prevención seguirá siendo insuficiente.
La trata y la explotación sexual son crímenes de tracto sucesivo: se prolongan en el tiempo, lesionan derechos fundamentales y perpetúan cadenas de pobreza y violencia. Combatirlos exige sobre todo una sociedad vigilante y activa.
El 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, es una fecha para reconocer que este flagelo no se resolverá sino con acciones concretas de prevención, justicia efectiva y reparación del daño.
Ninguna sociedad puede llamarse justa mientras tolere la esclavitud del siglo XXI.

