

Hace unos días me confesaron, a veces leo tu substack esperando que me menciones, así que no me voy a guardar más, muchas veces he querido escribir acerca de personas pero casi siempre a punto de hacerlo doy volantazo y apago el auto, en el fondo pienso que su privacidad puede ser vulnerada y en todo caso su nuestra intimidad expuesta. A partir de hoy es algo que no me voy a guardar y me limitaré a enunciar sus iniciales, o iniciales falsas en todo caso. Pero quiero que sepas que con cada una de ellas te estaré mencionando, quiero que sepas que eres parte de mi vida y que un pedazo de ella queda de registro aquí.
La semana pasada empecé a leer Yoga de Emmanuel Carrère, es un libro que atraviesa la depresión, el humor, la yoga como modo de vida y el desprecio hacia los “new age -vende fe” con esa cantaleta cursi que está de implícito en los libros de auto-ayuda.
Algo que me gusta del libro hasta lo leído es que el Yoga accede a los vritti que en el hinduismo se definen como las ondas de pensamientos y la fuente de emociones que la mente genera en modo incesante, la yoga pretende acceder a ellos para poder observarlos, y para que seas un poco más consciente de lo que ronda en tu cabeza y lo que te rodea, el yoga no sólo es la gimnasia beneficiosa con posturas de nombre de animal que conocemos, es un conjunto de disciplinas como la meditación y el control de la respiración que después de mucho trabajar te permite acceder a otra cosa fuera de tu “yo”, fuera del ego, que te permite ver las cosas como son.
Uno de mis propósitos de este año es hacer un poco de más énfasis en mi salud física y psíquica, no me refiero sólo a hacer ejercicio y comer bien, sino a una vida un poco más contemplativa. En la última noche en el Penny Lane, le dije a A. y a M. que quería acercarme un poco más a la espiritualidad.
A. me dijo que meditaba por lo menos 10 minutos en la mañana antes de ir al trabajo, lo cual me pareció genial, es mejor pasar esos primeros diez minutos de tu día alargando tu respiración hasta la coronilla de la cabeza intentando traer algo de paz para lo que será tu día, que vaciarlos en la pantalla del celular con todo ese ruido ajeno.

Así que aquí estoy. 25 de Enero en la isla de St. Barts, Francia, escribiendo esto mientras me tomo un capuchino y la llovizna incesante del caribe golpea mis mejillas. Por la mañana 10 minutos de respiración, y un poco de estiramiento que logren sostener lo que será del día, es como aplanar y barrer la calle de tu mente antes de que la gente o los vritti empiecen a andar en ella.
También intento hacer una lista, en caso de olvidarme de las cosas que me han hecho sonreír este mes, hace poco leí que en los momentos difíciles de la vida la felicidad siempre resulta poderosa, con ella todo parece relativo, moldeable y poco importante.
Así que aquí, y porque dije que ya no lo iba a esconder un pequeño recap de eventos que me han hecho feliz y agradecido.
- Jugar con N. comprar un libro juntos, comer a su lado en la titulación de mi hermana, porque con ella vuelvo a ser un niño, y quiero pensar que también su amigo.
- La titulación de mi hermana, celebrar su esfuerzo
- Comer con mamá siempre.
- Ver el football con Papá.
- Dario, Suhni, Tania, Lalo y Angie por compartir conmigo ese churrasco, por regalarnos un momento.
- L. Por organizar esa lectura, por invitarme, por la risa, por City Market, por tantos momentos.
- I. Por esa entrevista, por lo que me dijo saliendo de ella, sobre todo por ese momento de honestidad.
- M. Porque después de darte ese libro, me escribiste; créeme yo sé, y es que tú siempre sabes.
- A. por invitarme a tocar siempre, por esa charla en Ombú cenando.
- A. por su amistad siempre.
- Spoonkie, porque te fuiste a despedir de mí el último día. ¿Cómo es que lo sabías?

Imagen cortesía del autor

