“El futuro del agua en Morelos: entre la escasez y la justicia ambiental”

Jazmín González Zurita

En un contexto de crisis múltiples —climática, ecológica, social y económica— el acceso al agua representa un desafío técnico, pero sobre todo ético y político. José Mujica advierte que la verdadera crisis mundial es política, derivada del modelo de civilización actual y nuestro consumismo. En este marco, el lema de la ONU para 2024, “Agua para la paz”, subraya que el agua, más que un recurso, es un derecho humano y un bien común que puede generar cooperación o conflicto. Por ello, es vital considerar el territorio desde una perspectiva de cuenca, analizando el modelo de desarrollo, donde el agua articula identidad e intereses colectivos.

El Bosque de Agua —zona esencial para la recarga hídrica que abastece a millones en Morelos, Ciudad de México y Estado de México— enfrenta graves amenazas por urbanización descontrolada, fragmentación ecológica, incendios y megaproyectos extractivos. Lejos de ser solo una fuente de agua, es un territorio vivo, habitado por comunidades diversas que, frente a estas amenazas, han comenzado a organizarse en movimientos sociales. Aunque con intereses variados y a menudo desarticulados, estos movimientos —compuestos por pueblos originarios, campesinos, académicos, funcionarios y sociedad civil— enfrentan obstáculos como la criminalización, la violencia, la falta de apoyo institucional y marcos normativos que priorizan el desarrollo económico sobre la sostenibilidad.

Una investigación reciente (González-Zurita y Oswald-Spring, 2024) proyecta un panorama crítico ante escenarios de cambio climático para Morelos: aumento sostenido de la temperatura máxima, lluvias intensas en poco tiempo, veranos más secos, desplazamiento de las lluvias a septiembre-octubre, sequías prolongadas, mayor demanda de agua y menor recarga del acuífero. Estos impactos no son neutros: afectan especialmente a las mujeres, quienes suelen estar excluidas del acceso a recursos, educación, vivienda y servicios básicos, lo que incrementa su vulnerabilidad.

La Agenda 2030, bajo el principio de “no dejar a nadie atrás”, plantea la necesidad de incorporar la transversalidad de género, pero esto requiere analizar las desigualdades estructurales. La CEPAL ha promovido la “economía del cuidado”, que busca reconocer y dar valor a el trabajo de cuidado no remunerado mayoritariamente realizado por mujeres. Este rol las hace depender más de los recursos naturales, agravando su exposición. Además, las mujeres suelen estar subrepresentadas en la gobernanza ambiental, con un acceso desigual a la propiedad y el control de los recursos naturales, a pesar de su papel fundamental en la defensa y regeneración de ecosistemas y en la adaptación al cambio climático.

Transformar esta situación exige un cambio de paradigma que visibilice los nudos estructurales que perpetúan la desigualdad de género. La defensa del Bosque de Agua simboliza una lucha más amplia por redefinir el modelo de desarrollo en México, democratizar la gestión territorial y construir una gobernanza socioambiental incluyente. Su conservación no es un lujo, sino una urgencia impostergable. Fortalecer la gobernanza por cuencas y reconocer el papel de las mujeres es esencial para un futuro sostenible y la paz.

González-Zurita J and Oswald-Spring U (2024) Modeling water availability under climate change scenarios: a systemic approach in the metropolitan area in Morelos, México. https://www.frontiersin.org/journals/water/articles/10.3389/frwa.2024.1466380/full?utm_source=F-NTF&utm_medium=EMLX&utm_campaign=PRD_FEOPS_20170000_ARTICLE

Foto: Víctor Flores Armillas.

La Jornada Morelos