

A principios de noviembre de 2024, buscando en mi imaginación alguna historia para mis colaboraciones en La Jornada Morelos, el principio de un cuento de Sergio Pitol me hizo elucubrar un texto que contara la historia de una muchacha que vino a México para aprender español y en ese aprendizaje construía frases una tanto extrañas, pero poéticas. “Bueno es que al fin esta noche ocurra tu llegada”, era el arranque de Hacia Varsovia, un título que semanas después me hizo pensar en cómo la vida está llena de señales que azarosamente se van ordenando, ya verán por qué lo digo.
Esa muchacha, a la que nombré Lucía, era originaria de Chicago y su viaje a México incluía un propósito mayor: buscar las huellas de un escritor extranjero que había vivido en México. Evadí el lugar común. Sí, queremos mucho a Malcolm Lowry, pero no creí necesario reincidir. Una búsqueda en Google me llevó a Wilard Motley, del que no tenía la más mínima idea de su existencia. Conforme me fui documentando mi asombro crecía. Willard Motley es un escritor afroamericano que nació en Chicago, Illinois el 14 de julio de 1909, y murió en la ciudad de México el 4 de marzo de 1965. Era gay y comunista, dos condiciones que hicieron su vida aún más azarosa. Su novela más importante Knock on any door (Toca en cualquier puerta) fue llevada al cine por el director norteamericano Nicholas Ray, el de Rebelde sin causa, protagonizada por Humphrey Bogart. A todos estos asombros se sumó una información inquietante: la tumba de Wilard Motley se hallaba en el Panteón de la Leona, en Cuernavaca, Morelos, donde vivió varios años.
Otro hallazgo fue un mensaje que el 30 de agosto de 2024 publicó Anya de la Vega en la página de Facebook del Consejo de cronistas de Cuernavaca: “Buenas tardes. Tengo una amiga polaca que está escribiendo un libro sobre el escritor Willard Motley. Él vivió casi 15 años en Cuernavaca en los años 50. Mañana estaremos allí, y agradeceríamos muchísimo si un cronista tiene información y nos puede guiar en la dirección correcta para averiguar sobre su vida en nuestra ciudad. ¡Muchas gracias por su atención!” De inmediato mandé un mensaje para contactar a esa “amiga polaca” de Anya. Mientras esperaba una respuesta, sin mucha esperanza, fui a las oficinas de la Leona para indagar si era cierto que había una tumba donde yacían los restos de Willard. Me pidieron que hiciera una solicitud por escrito, donde detallara cual era mi interés. Mencioné mi condición de escritor y periodista. Un par de días después me llamaron para confirmar que Willard estaba allí y que podría pasar a la oficina para que me llevaran a su tumba.
Por esos días recibí este mensaje de Facebook: “¡Hola Raúl! ¡Soy Agnieszka Tuszynska, la biógrafa de Willard! Todavía no hablo español (pero estoy aprendiendo). por favor envíame un mensaje a través de Facebook Messenger o a mi correo electrónico”. Ese mismo día le escribí, enviándole una serie de fotografías que tomé en la Leona, imágenes de la tumba y la lápida de Willard que la emocionaron profundamente: “Yo estuve en ese cementerio en agosto, pero no tuve el tiempo suficiente y la oficina estaba cerrada. Para mí esto es como un sueño. Estoy metida de lleno en escribir su biografía. Dios mío, este es un gran regalo para mí”. Fue una larga y emotiva conversación. Le mandé el texto que escribí sobre Lucia y Motley, que le dio la certeza de que esa estudiante de Chicago que yo había inventado era ella.
Un par de días más tarde, Agnieszka me escribió nuevamente para contarme que su pareja había hecho algo “loco”: compró los boletos para viajar a México desde Nueva York, donde viven, para festejar su cumpleaños al lado de la tumba de Willard, el 19 de enero. Así sucedió y ese domingo nos reunimos Agnieszka y su pareja, su amiga Anya y uno de sus hijos, y yo, alrededor de una pequeña mesa plena de la comida y la bebida que más le gustaba a Willard: carnitas, pollo con mole, tortillas, salsas y pulque. Fue una celebración en el más gozoso espíritu de convivencia, con un emotivo relato que Agnieszka nos hizo de la vida de Willard, su forma sencilla de ser, su generosidad y su manera de estar siempre con los más desprotegidos.
Mencioné a Sergio Pitol al principio, el título de su cuento que me inspiró, Hacia Varsovia, una especie de premonición. Pitol es uno de los grandes traductores del polaco al español.

Este texto es apenas un borrador de una historia llena de claves, que merece ser escrita en detalle.
El pasado martes 6 de marzo se cumplieron 50 años de la muerte de Willard Motley. Agnieska escribió en su perfil de Facebook: “Un personaje de la segunda novela de Willard, We Fished All Night (Pescamos toda la noche), un joven aspirante a escritor, describe en un momento dado la idea que tiene de su oficio. Empieza con una declaración: Quiero ser poeta, y aunque la poesía no era el vehículo principal de Willard, lo que sigue se alinea bien, creo, con el propio sentido de sí mismo de Willard como escritor: «No uno preciosista. No uno que sonríe y tuerce la cara y dice ‘¡Oh, siento que lo soy! ‘ No una delicada fantasía que vuela como una mariposa, sino una manifestación de vida plena de lucha y mezclada con lágrimas». Para evocar la hermosa frase judía que honra a los muertos, la memoria de Willard Motley ha sido verdaderamente una bendición para mí, y haré todo lo posible por sacarlo de las sombras para que los demás lo conozcan.”

Imágenes cortesía del autor

