
Otras sorpresas de “Port Gales” (Jaime López dixit)
Con sólo caminar desde la puerta de casa, donde creció la famosa palmera, para seguir la figura geométrica, es decir, el polígono trazado por lugares para almorzar y comer en “Port Gales”, se encuentra el primer punto de esta línea. A tan sólo 34 pasos contados saliendo a la derecha está Los Plebes, atendido por Marco Bojórquez, un joven de 41 años llegado de Hermosillo y quien montó un asador con las especialidades de su tierra. Al lugar no sólo te atrae el clásico aroma “abre apetito” de los tacos de asada, sino también el de los burritos con tortilla de harina, algunos de machaca, y otros combinados. Los Plebes tiene otras delicias poco comunes como el tuétano o las mollejas de res, sin olvidar el rasurado —así bautizada la maravilla de un back rib al carbón—. Todos esos platillos se deben acompañar con frijoles meneados y, si el cliente lo prefiere, le pueden preparar unas rodajas de cebolla guisadas con el jugo de la carne y servidas con chiles cuaresmeños asados. Las salsas y verduras, como se acostumbra en el norte de nuestro país, están dispuestas en una barra de donde uno se sirve para preparar su platillo. Marco presume que para beber tiene algo más que cervezas y refrescos, algo muy típico de su tierra, el agua de cebada.
Para seguir esta figura geométrica no hay que ir muy lejos, basta andar a la equina de la calle Presidentes, dar vuelta a la derecha y caminar tres cuadras para encontrar, entre Filipinas y Odesa, una sorpresa recomendación de Virgilio, mi peluquero —quien no sólo es un gran cortador de cabello y gran conversador, sino un experto en comer bien—. Antojitos Mexicanos es un pequeño restaurante donde se comen las mejores flautas ahogadas en salsa verde de Portales y todos sus alrededores. Así, lectores, esta travesía sigue por Odesa hasta Santa Cruz para entrar a Yucatán por el Portón Maya, adonde llegué por recomendación de mi vecino y amigo Jaime López. En ese amable Portón no solamente te esperan los deliciosos panuchos, salbutes, codzitos, papadzules, o los pequeños tamales que los yucatecos llaman cariñosamente vaporcitos, sino que su carta es más amplia que esos famosos antojitos, pues también ofrece la clásica sopa de lima y una crema de queso holandés con chile xcatic, o también te puedes deleitar con su queso relleno, o su frijol con puerco, o bien con su guiso de relleno negro y de postre puedes probar las marquesitas, esas crepas rellenas de queso de bola del Gallo. Mas en mi querido barrio este no es el único sitio para probar el sabor yucateco, ya que en Alhambra también se puede resolver el antojo de un buen “francés” —como se les dice en Mérida a las tortas de cochinita o lechón— en Don Calín, el maestro de la cochinita pibil.
Caminar los sábados y domingos por ese plano trazado por los sabores y andar en los alrededores del mercado es como entrar en un festival de antojos que para “El Biólogo” se convierte en un recorrido, a través de sus recuerdos, de cuando llegó a este barrio hace más de 40 años. Preparen su paladar, en solamente una cuadra de la calle Alhambra están las Carnitas La Glorieta de Julio. Al seguir por esa misma cuadra, a unos pasos de este local, se encuentra un puesto callejero de tlacoyos, sopes y unas increíbles quesadillas de chicharrón prensado, que desde hace 40 años son preparados por la señora Graciela, a quien todo el mundo llama “la Güera”. Sin dar más de 10 pasos aparecen Las Kekas Magos, negocio fundado en 1968, cuya especialidad son las quesadillas de quelites, sesos, pancita y flor de calabaza y junto, en el local contiguo, está Los Huaraches de Mateo. Ambos son locales puestos en toda forma, con mesas y meseros. Y a esa altura de la calle, en la acera de enfrente está la competencia de La Glorieta: las carnitas El Gran Gordo, especializadas en chamorros. Al continuar el trayecto y doblar por Necaxa se puede comer la mejor cecina del barrio, traída de Yecapixtla; el lugar es Comal Yautli – Morelos de mi Corazón, donde también preparan los tacos acorazados, como una tradición de Cuernavaca que para los tragones pueden ser de ocho diferentes guisados.
Este festival de antojos continúa en Antillas, calle paralela a Alhambra, que también llega al mercado. Sobre la banqueta, solamente sábados y domingos, se hace presente la rivalidad entre el Estado de México e Hidalgo, es decir, se disputan la mejor barbacoa de Capulhuac del Edomex y el pueblo de Actopan, Hidalgo, sin olvidar el pregón de sus vendedores: “¡Aquí, pruebe nuestro consomé con pata, es el mejor!”. Pero esto no es todo, al seguir recorriendo esa acera se mezclan los aromas que salen de una parrilla en la que se preparan tacos de suadero y carne enchilada de cerdo; un aroma más viene de otro asador que ofrece no sólo pollos a la leña, sino costillares completos de puerco cuyo color, al verlos dorarse, hace imposible resistirse a pedir algunas costillitas para llevar y acompañarlas con col, cebolla y cuaresmeños asados en la salsa de las mismas costillas.
De regreso a casa por la calle Víctor Hugo encontré a Ramón, viejo conocido por ser un aficionado a los Diablos Rojos del México y quien en 1990 montó la Palapa Reymon donde te puede sorprender con un chorizo argentino al carbón —yo lo pido siempre con pan, es decir, me como un choripán—. Al seguir por esa calle llamó mi atención una marquesina que dice Entre Panas. Al ver su carta me senté y pedí una cerveza Polar, que me recordó las veces que estuve en Venezuela cuando asistí en dos ocasiones a la Serie del Caribe de béisbol. La carta del lugar es muy amplia, va más allá de las famosas arepas. Les comparto algunos de los sabores tropicales que cocinan la señora Goiana y Sandro, ambos oriundos orgullosamente de Maracaibo: patacones, cachapas hechas de maíz y queso llanero, y de entrada los famosos tequeños, esos palitos de harina de trigo rellenos de queso paisa.

Después de ese paseo gustativo por el trópico húmedo —como lo definía mi profesor de biogeografía— llegamos al vértice final de este polígono donde hace unas pocas semanas encontré estas sorpresas. En la equina de mi casa, en Bélgica y Municipio Libre, disfruto de dos antojos que están a la mano, es decir, a media cuadra de la puerta de la casa —su único problema es que no atienden en domingo, pero no es tan grave ante la interminable oferta de ese día en mi barrio—. En uno de estos dos locales dos jóvenes mujeres satisfacen tu gusto por las gorditas de requesón con chicharrón o por las quesadillas de huitlacoche, chicharrón prensado o quesillo, todas elaboradas con maíz que puede ser blanco o azul recién traído por las mañanas desde Xochimilco, y puedes acompañarlas con salsas hechas en el momento, de chile de árbol o, una menos brava, de tomate verde. El otro sitio con que cierra este viaje por “Port Gales” está sobre la banqueta, es un local bien puesto y muy limpio de deliciosos tacos de cabeza y birria de res. Antonio Altobarranca —apellido merecedor de un corrido— es quien los prepara y, aunque sólo pruebes uno, esbozando una sonrisa él te regala un vasito de delicioso consomé de birria.
Estimados comensales antojadizos, como lo propongo en mi libro _Travesías_, y aquí vuelvo a hacerlo, inviten a su nutriólogo de cabecera para que los acompañe un fin de semana y se atreva a comer, pidiéndole que se ponga su gorra de marino y que navegue sin culpa alguna por las aguas de este puerto llamado “Port Gales”.
* Bailarín tropical apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso derretido de la cotidianidad.


