Postales enviadas a mí mismo, tercera entrega

Jorge “El Biólogo” Hernández*

Martes 25 de abril, cena en casa de Maribel.

En lugar de platicarte, intentaré describir dos fotos de la cena de esta noche, que no te reenvío porque como sabes soy malísimo para tomar selfies de mi celular, siempre me salen movidas y no pocas veces borrosas, por ello mejor te cuento los platillos servidos y la concurrencia.

El menú, que debería acrecer en la foto, consistió en una empanada gallega completa de atún, que trajo Úrsula, y los demás platillos, que salieron de las manos mágicas de Maribel, fueron: tortilla de patatas, tomates con aceite de oliva virgen, jamón ibérico cortado por ella de una pieza completa que adorna su cocina, boquerones rebozados y dos fuentes de mejillones guisados ¡de fábula! De maridaje para acompañar estos manjares, un vino seleccionado por Marisol y Alberto.

La segunda placa debería dar cuenta con fidelidad de los comensales sentados a la mesa, y quienes intentarían posar para esa foto malograda, no sin antes subrayar que no se quedan atrás en sabor: en la foto, quien está junto al biólogo es Alberto Macías y enfrente de Marta quien te está enviando saludos con la mano se ve el rostro sonriente de Marisol Ferrer, la esposa de Alberto, a quienes conociste hace años en la casa de Pedro Costa. Los dos, recordarás, fueron guionistas de la magnífica serie de televisión Cuéntame cómo pasó; ella, además, fue decana (directora) de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Ambos te siguen llamando “Vendaval”.

Al fondo de la toma se le ve, sonriendo, a Maribel, la anfitriona y cocinera de esta cena. También reconocerás a Úrsula, a Pau Costa con su fresca sonrisa de siempre y, a su lado, a su hija Camila, feliz de haber comido ese jamón ibérico que tanto goza. Y, por supuesto, en primer plano se nota lo feliz que estaba Laura.

Jueves 27, de regreso a Madrid. Un encuentro inesperado con Miguel Hernández y Pablo Neruda.

Disculpa que no te haya escrito ayer, pero estuve entretenido escribiendo el final del texto prometido y del que espero la revisión y correcciones de Laura para enviarlo a los editores ahorita en la mañana.

A las siete en punto de la noche pasó tu amigo, ese madrileño de cepa, Alberto Agudo, por Laura y por mí para llevarnos al barrio de Tres Cantos donde viven Nines y su marido, el poeta Miguel Sánchez, quienes habían preparado una gran cena en su casa sólo para nosotros. Nines cocinó dos de tus platillos favoritos: gazpacho y, de segundo, un estofado de rabo de toro. Pero antes, como suelen ser los hispanos, degustamos unas entradas de lomo ibérico y quesos, sin faltar un gran vino.

La conversación, como siempre sucede entre nosotros cinco, fue muy divertida, no paramos de reír por horas. Ya al tiempo de los postres y los digestivos apareció en la plática el nombre de Miguel Hernández, poeta a quien todos admiramos. En ese momento, Nines se levantó de la mesa y fue a su recámara de donde regresó con una foto enmarcada del poeta. La emoción cubrió la mesa ante el retrato del genio alicantino de Orihuela a quien se le ve sentado sobre una roca en la montaña, con una sonrisa en los labios, gozando el paisaje.

La poesía siguió su curso y el otro Miguel, el anfitrión, fue en busca de otro documento profundamente emocionante, una carta original, fechada el 13 de noviembre de 1970, escrita de puño y letra, que anunciaba en la parte superior en letras negras:

«Isla Negra Chile»

Transcribo su contenido:

“Querida Angelina, te envío con esta carta una foto que ojalá te sirva. Trataré de hallar unos versos inéditos que enviaré más tarde.”

”Yo estoy muy contento de la aparición de ese libro, en verdad: tantos años en que mi nombre fue escondido y hoy tenemos tu trabajo: ¡gracias!

”Un abrazo, Pablo Neruda”.

Esas líneas fueron escritas por Pablo Neruda en agradecimiento a la madre de Miguel Sánchez, nuestro amigo, por haber escrito la primera biografía del gran poeta chileno, que se publicó en España.

Con la pasión exaltada e inolvidable de haber visto y palpado esos dos tesoros cierro esta postal, sin poder ni siquiera escribir una palabra más de esta bellísima historia de la Casa de Tres Cantos.

*Bailarín tropical, apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso divertido de la cotidianidad.

Imagen en blanco y negro de un hombre sentado en una silla

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Jorge “El Biólogo” Hernández