

Como vecino de un pueblo que por décadas fue sinónimo de abundancia de agua, tanto para el consumo humano, la recreación y para regar los más diversos cultivos, así como de aguas sulfurosas reconocidas por sus propiedades curativas, puedo escribir esta nota como testigo de los hechos. En un periodo de tiempo relativamente corto ha sido verdaderamente alarmante y desesperanzador testimoniar de las consecuencias del cambio climático así como las pésimas decisiones de los entes encargados del cuidado, uso y mantenimiento del agua que han llevado a pérdida y desecación de un elemento tanto vital como identitario para los habitantes de Morelos.
Hoy en día como hace más de un siglo, en nuestro estado el acceso al agua potable está lejos de un derecho universal, así como en los tiempos de las haciendas, quienes poseen mayores sumas de capital económico, son quienes se han vuelto dueños del agua. Pero hay que señalar que el simple hecho de poseer fortunas es solo una parte, ya que si no se cuenta con el apoyo cómplice dentro de las instancias que en teoría debería velar por la salvaguarda del vital líquido, así como realiza una distribución justa y equitativa de los recursos esenciales para la vida. Muchas de sus acciones están encaminadas a favorecer a los dueños de grandes fortunas mediante arreglos “por debajo del agua”.
Desde los sistemas locales, pasando por los municipales hasta los estatales, en no pocas ocasiones hemos sido testigos o conocido historias de la predilección de los funcionarios a trabajar en favor de los dueños del capital. Mientras que las comunidades que día con día padecen el limitado, escaso o nulo suministro de agua potable, solo reciben el desdén de las autoridades, ante las justas demandas populares. Una prueba de esto ya ha sido señalada, en mi columna del 18 de mayo del presente año, escribí con pesar, como el último manantial a cielo abierto en el centro de Oaxtepec se encuentra parcialmente seco. La comunidad en cuestión ha preguntado las posibilidades que existen sobre la perforación de un nuevo pozo que surta del líquido a sus habitantes. La respuesta de la comisión estatal ha sido clara, Oaxtepec es una zona vedada para la perforación. Esto no tendría mayor relevancia y hasta cierto punto sería una respuesta válida. Sin embargo, a escasos 300 metros del manantial parcialmente seco, un fraccionamiento perforó recientemente un pozo para suministrar agua a sus casas, además de llenar un magnífico lago artificial y que por si fuera poco cuenta con la factibilidad para perforar dos nuevos pozos. También puede preguntarse a los habitantes de la comunidad como día con día ingresan al fraccionamiento Lomas de Cocoyoc camiones con tuberías y equipos de perforación.
Las preguntas más que obligadas ante esta situación son ¿Oaxtepec es una zona vedada para sus habitantes pero las restricciones no aplican a los fraccionamientos? ¿El acceso al agua está íntimamente ligado al poder adquisitivo? Y ¿Quiénes son los que dan permisos a desarrollos inmobiliarios pero los niegan a los pueblos? El de Oaxtepec no es un caso aislado, en Morelos numerosos pueblos y colonias enfrentan esta misma problemática en la que en el mejor de los casos pasan años para resolver sus problemas de acceso al agua, en muchos casos de manera negativa, mientras que desarrollos inmobiliarios de inversiones millonarias, obtienen permisos y concesiones para perforaciones de pozos en sospechoso tiempo récord.
A pesar de que lo anterior aún está muy lejos de encontrar una solución definitiva, alivia y tranquiliza saber que la gobernadora es consciente de la delicada situación de acceso al agua en todo Morelos. La nueva política del agua a nivel estatal debe hacerse de manera urgente, pero no desde una bonita oficina en Cuernavaca, sino desde el campo en donde los expertos en la materia escuchen, atiendan y pongan en práctica los consejos, las inquietudes y los saberes de las comunidades. Se debe realizar una investigación exhaustiva en torno a las concesiones hechas en administraciones anteriores que afectan directamente a los morelenses y benefician solo a unos cuantos. Esta nueva política debe dejar atrás el interés netamente económico del agua. Porque cuando el líquido falte, no habrá billete o moneda que mitigue la sed de nadie, no importa que seas rico o pobre, sin agua no hay vida.
Desde esta columna celebro y acompaño la buena voluntad y disposición de las administraciones que inician su gestión, tanto la federal como la estatal para atender enérgicamente una problemática que se encuentra sobre nosotros desde hace tiempo y que pocas o ninguna autoridad había querido atender con la importancia que se merece. Por otra parte, es bastante alentador que en el discurso de toma de protesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo haya hecho mención al tema del agua, con esa visión y sobre todo con el compromiso mostrado por la gobernadora Margarita González Saravia, se podrá llevar a cabo la tan necesaria nueva legislación en materia hídrica, que realmente beneficie a las mayorías.

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* Historiador ↑

