

La Secretaria de Turismo local y sus antecesoras, fueron tradicionalmente una posición cómoda y ajena a graves responsabilidades. Salvo con las contadas excepciones de titulares que estuvieron a la altura de las circunstancias y con la visión que tan importante actividad entraña, como lo fueron Hugo Salgado Castañeda, Marcos Manuel Suárez Gerard y la propia gobernadora, Margarita González Saravia, quien, a su perfil en el sector público, añade su experiencia como empresaria en el tradicional rubro de parques acuáticos y balnearios.
De lo anterior, se desprende el gran desafío que enfrenta el secretario de turismo, Daniel Altafi, no solo por llenar los zapatos y estar a la par de los antes mencionados, sino por sostener el timón de un sector que representa un motor incuestionable en la economía morelense, así como la mejor carta de presentación de la entidad más allá de los límites de nuestra geografía. Los yerros, simulaciones, comisiones y omisiones durante los mandatos de Graco Ramírez y Cuauhtémoc Blanco en el sector turístico, ya no representan tregua o justificación alguna para el titular del ramo, que está próximo a cumplir un año en funciones. Entonces, el secretario Altafi debe tomar en consideración que ya culminó el periodo de campaña o el de arranque de sexenio y que más bien, ya es tiempo de cosecha y resultados.
Nunca será trillado recordar la fama del territorio morelense como un sitio que ha merecido la atención de visitantes de todos los confines y latitudes. Más allá de las crónicas que se remontan al Morelos precortesiano y la relación de visitantes distinguidos, que merece un texto aparte, es ineludible no pensar en Moctezuma Ilhuicamina en las pozas de Oaxtepec, a la Familia Borda o Maximiliano de Habsburgo entre huertas y jardines, así como a los británicos Harry Hampson y Rosa E. King, precursores formales del turismo local por medio de la introducción del ferrocarril y los hoteles Moctezuma y Bellavista. Los emprendimientos de Hampson y King, son un claro ejemplo de cómo el turismo abona al desarrollo e infraestructura de un lugar: traer el ferrocarril a Cuernavaca derivó no solo en edificar una terminal, y modernos hoteles para alojar a los turistas que llegaron por tren, sino en la construcción de la calzada Leandro Valle, que con su tranvía de mulitas fue la primera arteria moderna de la capital del estado.
A partir de entonces y tras el violento periodo revolucionario, las aguas volvieron a su calma, Calles y el embajador Morrow eligieron Cuernavaca como un idílico sitio de ocio, entonces la eterna primavera no solo fue epicentro político durante el Maximato, sino connotados personajes se hicieron de magníficas casas de descanso y ranchos aledaños. También se añadieron hoteles como el Papagayo del general Andreu Almazán, el Club de Golf Cuernavaca, y Morrow fue a su vez, el mecenas de Diego Rivera para plasmar el mural “Conquista y Revolución”. Incluso la laxitud de la legislación familiar morelense propició un “turismo de divorcios” donde los estadounidenses venían a Cuernavaca a disolver sus vínculos conyugales y de paso a disfrutar del entorno de un Morelos, que chovinismo aparte, era un paraíso.
En noviembre de 1952, se inauguró la autopista México-Cuernavaca y el panorama cambió. La distancia con la Ciudad de México se acortó y por ende con el aeropuerto capitalino. Morelos se consolidó como el destino de fin de semana por excelencia, a las residencias se añadieron hoteles campestres, haciendas, fraccionamientos, campos de golf y los balnearios, la alternativa de recreación para las familias populares del valle de México. Cuernavaca también se hizo destino de colonias extranjeras, que, si bien fueron residentes permanentes o temporales, disfrutaban de los servicios proporcionados por los prestadores turísticos locales.
La diversidad de la oferta turística morelense en la segunda mitad del siglo XX era envidiable, a las haciendas convertidas en hoteles, los balnearios y campos de golf referidos, se sumaron el nuevo concepto de parques acuáticos, restaurantes de todos los calibres, hoteles, escuelas de idiomas, spas, las locaciones para films nacionales e internacionales, el lago de Tequesquitengo, el destacado turismo de bodas, una vibrante vida nocturna e incluso establecimientos con categorías especiales como “Relais & Chateaux” y “Tesoros de México”. El descenso social, económico y en materia de seguridad de Morelos a partir del año 2000, significó una estocada mortal de la cual, no pocos sectores del turismo local difícilmente se recuperarán. Un ejemplo crudo y certero es el que atañe al turismo que provino de las escuelas de enseñanza de español en Cuernavaca. Cada verano, la ciudad recibía sin exagerar, a decenas de miles estudiantes extranjeros que vivían y consumían en Cuernavaca, representando una importante derrama para la economía local.

Sin embargo, un segmento que merece atención especial y que puede significar el resurgimiento o el declive del turismo en Morelos es el que atañe al Turismo Cultural. Mismo que está asociado a la vocación y a la oferta morelense en virtud de nuestro rico legado histórico y cultural, así como al vasto patrimonio material e inmaterial local en cuestión. No en vano, a pesar de nuestra pequeña extensión geográfica, Morelos cuenta con once conventos del siglo XVI, en las faldas de los volcanes, así como una zona arqueológica, Xochicalco, declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
El turismo cultural morelense, también se robustece con una vasta red de museos y galerías, con la agenda cultural local, con haciendas, fiestas patronales y carnavales, gastronomía, mercados y tianguis, zonas arqueológicas, arquitectura vernácula, pueblos mágicos, turismo y paisajes rurales, con la caña de azúcar y el arroz, el senderismo y las cabalgatas, conventos e iglesias, pequeñas lagunas y parajes boscosos y monumentos que dan cuenta de una rica memoria histórica. Hasta aquí todo suena bien y es idílico. Sin embargo, las autoridades de turismo local se han confiado en nuestra ubicación, clima y la belleza del entorno. Lamentablemente no se ha emprendido un esfuerzo serio por consolidarnos como uno de los referentes en México de Turismo Cultural, hemos perdido espacio y no somos competitivos frente a otros destinos en el centro del país como lo son Puebla, Querétaro o incluso Taxco, tan ligado en muchos sentidos a Morelos. De la misma forma, no se ha cuidado lo logrado con esfuerzo, Tepoztlán a quien ya se la ha despojado en alguna ocasión de su categoría de Pueblo Mágico, se debate entre ser el pueblo más bonito del estado o una cantina a cielo abierto.
La inseguridad inhibe a los visitantes, y no son pocas las historias de terror de turistas que han sido víctimas de la delincuencia. Recientemente en Tequesquitengo, los robos no solo están a la orden del día, sino que los visitantes amanecen con la novedad de que sus automóviles se encuentran sobre ladrillos y sin neumáticos. Existen parajes como las Lagunas de Zempoala, que sencillamente por la inseguridad, están vedados a los visitantes. A pesar de ser una entidad pequeña y bien comunicada, nuestros caminos se encuentran en malas condiciones, no hay señalética, y la anarquía urbana campea en pueblos y ciudades. Hace unos días, se anunció que, con motivo de la próxima Convención de Haciendas, se van a remozar las fachadas en los pueblos, ojalá sea una campaña permanente.
Los morelenses, suelen estar enterados de la política y son a la vez, dueños de un humor ingenioso, es recurrente la broma que hacen cada vez que llega un nuevo titular de turismo a nivel local. Dicen, y no sin razón, que lo primero que hará el flamante secretario, será dar una rueda de prensa en alguno de los cafés del centro de Cuernavaca, anunciando con bombo y platillo que se relanzarán la Ruta de los Conventos y la Ruta de Zapata. Hoy para un visitante nacional o extranjero, recorrer cualquiera de ambas rutas es un volado, están mal señalizadas, no hay servicios de calidad en el trayecto, no hay garantía de encontrar los conventos o iglesias abiertos y los museos están semiabandonados.
La promoción en la Ciudad de México, en ferias, tianguis o el extranjero es obligada, pero se debe limpiar la casa antes de recibir a las visitas. Morelos difícilmente o a largo plazo podrá recuperar segmentos como el de la vida nocturna o las escuelas de español para extranjeros, esto último será imposible mientras existan alertas por parte de la embajada norteamericana. Sin embargo, se puede apostar por la magnífica oferta que el Turismo Cultural representa. Nuestra cultura y diversidad son una fortaleza que no se debe pasar por alto. El resurgimiento del Turismo Cultural es el desafío constante que el secretario de turismo de Morelos debe enfrentar día a día si su intención es rescatar al turismo en Morelos, actividad que aglutina a más de 11,000 empresas y que representa poco más del 18% del PIB estatal.
*Escritor y cronista morelense.

