Alaíde Vences Estudillo

La historia depende mucho de quien la cuenta y desde qué lugar lo hace. En Monólogos del imperio: Una historiografía sobre algunos silencios en la disciplina de la Relaciones Internacionales, el analista colombiano, Andrés Peña-Galindo escribe que la visión tradicional de la política exterior global, lo que él denomina la visión imperial, ha sido históricamente sesgada, ya que su enfoque exclusivo en las potencias dominantes silencia las experiencias y contribuciones de las naciones y grupos subalternos (países del Sur Global, pueblos indígenas, movimientos sociales, etc.). Su obra invita a recuperar los relatos omitidos.

La narrativa que domina en el debate público en torno al liderazgo de Donald Trump engrosa el pánico mundial que ocasiona su capacidad maligna y omite los contrapoderes a los que se enfrenta, no tan fáciles de librar. Como explicaba Foucault, el poder—no es propiedad de nadie— y es inseparable de las resistencias que suscita.

El mundo de hoy ya no se parece al de la guerra fría, de hace cincuenta años. Nuevas potencias han emergido, mientras la gobernanza global y las fuentes de poder geopolítico se diversifican. La fuerza militar ya no es la única que define la fuerza geopolítica en el contexto actual, las fortalezas derivan de dimensiones económicas, tecnológicas, diplomáticas, el poder blando cultural, la capacidad de alianzas multilaterales y una fuente muy importante, que en particular Trump subestima pero sabe que es importante, es la resiliencia plural proveniente de la vida social que resiste a las injusticas existentes por medio de redes solidarias y que hacen que la vida en común cobre sentido.

Aunque Trump se propone dejar una huella en la historia como el líder que reposicionó a su país como la primera fuerza geopolítica del siglo XXI, no está cerca de alcanzar tal victoria. Se sobreestima y en esa misma medida arriesga mucho.

La política exterior basada en el lema America First, la cual interpone los intereses de Estados Unidos por encima del multilateralismo, ha llevado a una guerra comercial que lejos de engrandecer a la economía estadounidense, la ha golpeado, incrementando el costo de vida para la población y ocasionado una ralentización de las fuentes de empleo.

Al cierre de 2025, los índices de aprobación del presidente, reportados por la empresa global de consultoría y análisis Gallup, fueron inferiores a los registrados en el mismo periodo de su primer mandato, y por debajo de los que tenía Biden en su momento correspondiente. Cuatro de cada diez adultos en Estados Unidos dijeron aprobar el desempeño de Trump como presidente, con cifras inferiores al de todos los presidentes de Estados Unidos desde Harry Truman.

El rechazo a su administración surtió efectos drásticos en las últimas elecciones del 2025, en las cuales el partido republicano perdió Virginia y Nueva Jersey, y las alcaldías de Nueva York y Miami, esta última que había permanecido bajo el control del partido republicano desde el año 2001. En Nueva York, Mamdani se convirtió abiertamente en una figura de resistencia directa contra la agenda nacional de Trump.

El descontento social hacia la administración de Trump se ha intensificado desde el año pasado, por medio de grandes movilizaciones que no se veían desde hace mucho tiempo. Las políticas migratorias han sido un factor clave para que el espectro geográfico de las protestas en su contra se extiendan en múltiples zonas del país, ya no solo en las ciudades con historial de fuertes movilizaciones como Nueva York, Los Ángeles, Washington D.C. y Chicago, sino en ciudades más pequeñas como Beltsville (Maryland), Santa Bárbara (California), Austin (Texas), Atlanta (Georgia), Mineápolis (Minnesota) y Tampa (Florida).

Las protestas masivas desde octubre de 2025 bajo la consigna No Kings (no reyes) defienden los valores democráticos frente a las tendencias autoritarias de Trump. A este historial de resistencia civil se suman las masivas protestas en rechazo al reciente asesinato de Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense que murió tras ser atacada con disparos por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas- ICE en Minneapolis la semana pasada.

La onda de descontento por el manejo que ha dado Trump al asesinato de Renee Nicole, al que justifica como acto de defensa personal, se expandió al interior del funcionariado del Estado. Seis fiscales en Minesota dimitieron por negarse a las presiones del Departamento de Justicia de investigar los antecedentes de la víctima Renee Nicole para criminalizarla a ella y así exonerar de cargos al agente del ICE que la asesinó.

Cómo buen ególatra, Trump piensa que él solo será capaz de lograr todo lo que ambiciona, usando la coacción para remover a quien se le interponga. Pero sus alianzas son frágiles, ni si quiera logra conservar buena sinergia con el grupo que lo llevo nuevamente a la Casa Blanca bajo el lema de Make America Great Again (Hacer a América Grande de Nuevo- MAGA), el cual está experimentando una notable crecientes división interna. 

La representante republicana, integrante de MAGA, Georgia Marjorie Taylor Greene retiró su apoyo a Trump a quien acusa de tener un pésimo manejo en la política exterior y la economía del país. Tras las crecientes críticas de Greene, Donald Trump la calificó de “traidora”. Greene no ha escatimado su poder y presionó fuertemente en la Camara de representantes para que se divulgaran por completo los archivos relacionados con el caso de Jeffrey Epstein, logrando en contra de la voluntad de Trump que la Cámara aprobara de forma abrumadora (con 427 votos a favor y 1 en contra) la ley que obliga al Departamento de Justicia a publicar los archivos.

Uno de los temas que genera divisionismo entre los líderes de MAGA es el grado de intervención de Estados Unidos en conflictos extranjeros, un ala se muestra reaccionaria a que su gobierno se implique nuevamente en guerras de larga duración que resulten altamente costosas y que solo beneficiaron a empresas de hidrocarburos, como sucedió en Irak y Afganistán. La división interna en MAGA y en torno al intervencionismo militar se expresó claramente en el posicionamiento de Josh Hawley representante de Missouri, quien se unió al lado de otros republicanos a la resolución propuesta por el partido demócrata en la Cámara de Representantes que busca limitar las acciones militares que Trump pueda tomar en Venezuela. Aunque la resolución, de aprobarse, podría ser vetada por el mismo Trump, lo que queda claro es que el político se topa con resistencias que no tan fácilmente doblega.

Otro tema que deteriora el alcance del proyecto MAGA con Trump al frente, es la guerra arancelaria, los proteccionistas de línea dura ven los aranceles como herramientas permanentes para reconstruir la manufactura estadounidense, y otros más pragmáticos se preocupan por el impacto económico y el aumento de precios para los consumidores estadounidenses. Incluso, el multimillonario Elon Musk, quien fue en un inicio el alfil de Trump y luego tomo distancia, ha expresado públicamente su desacuerdo con ciertos aranceles propuestos, argumentando que no son convenientes para empresas con cadenas de producción globales como la suya.

Desesperado por la creciente pérdida de credibilidad popular y adeptos dentro del círculo MAGA, la idea que a Trump se le metió en la cabeza fue presionar al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, para que aplique recortes drásticos en las tasas de interés, de modo que así estimulé el crecimiento económico, la inversión y reduzca las tasas hipotecarias. Como Powell se negó, Trump recurrió a su fiel aliada, la fiscal Pam Bondi para abrirle a Powell una investigación penal en su contra.

Trump sabe muy bien, que una mejoría sustancial en la economía de la población popular estadounidense, y en particular la asequibilidad de la vivienda atenuaría el descontento popular que enfrenta. Si lo logra, eso le quitaría un fuerte peso de encima, pues algo que seguramente le quita el sueño y que desmoronaría sus aires de grandeza, son las elecciones legislativas que se celebrarán el 3 de noviembre del 2026, en las que se renovarán la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y, en muchos estados, también a gobernadores y otros cargos locales. Si los republicanos pierden la mayoría, las iniciativas clave de Trump en materia migratoria, económica y de defensa quedarían paralizadas. Por eso creo que Trump, en este preciso momento tiene más miedo que poder porque la verdadera guerra que tiene que librar no está en Venezuela ni en Irán, sino al interior del Estado que gobierna, de la cual el mismo es responsable.

La Jornada Morelos