Ser Mujer

Fernanda Isabel Lara Manríquez

“Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba. Esto que uní alrededor de un ansia, de un dolor, de un recuerdo, desertará buscando el agua, la hoja, la espora original y aun lo inerte y la piedra”. Este pequeño fragmento del poema Presencia de Rosario Castellanos nos recuerda, sí, este cuerpo femenino como tumba, pero también su maravillosa capacidad de crear vida, de sufrir y de gozar; de ser plenas, las que nosotras queramos ser.

Con ello en mente, no olvidamos y no perdonamos los feminicidios impunes en México, y tampoco silenciamos los abusos sexuales en ocasiones perpetrados por desconocidos y otros tantos como secretos familiares encapsulados en las incómodas interacciones de complicidad. Tampoco negamos la serie de opresiones sistémicas que aún vivimos por el hecho de ser mujeres, desde ser víctimas de feminicidio, abuso sexual, acoso y violencias físicas, económicas y vicarias, hasta negar nuestras inteligencias o nuestras formas de pensar, de sentir, de actuar, de reaccionar ante las violencias, y en general, nuestros modos de ser mujeres.

Pero ahora, quiero enfocarme en todo aquello que, igualmente, por las violencias que seguimos viviendo, continúa frecuentemente oculto, sobre todo, si somos rebeldes, insumisas y contestatarias, me refiero a todos los logros que hemos alcanzado como mujeres.

Destaco acá a las fotógrafas, poetisas, madres, escritoras, investigadoras, profesoras, estudiantes, actrices, ingenieras, científicas, músicas, bailarinas, boxeadoras, y todas aquellas que hemos logrado recuperar espacios que nos han sido históricamente negados. Lo anterior sin olvidar a todas aquellas que aún no logran ocupar los espacios que quieren, así como las que continúan relegadas por las luchas que aún tenemos pendientes quienes nos hemos erigido con cierto privilegio a pesar de ser mujeres y de aquellas que por los privilegios de unos cuantos, y otras tantas están oprimidas, porque definitivamente “no llegamos todas”, las mujeres del México profundo siguen a la sombra y, a la vez, al acecho. Llegó el feminismo de Estado, ese feminismo blanco que nace de ese marketing político que se apropia de las legítimas luchas de base, abajo y a la izquierda. Un feminismo que se apropia de esos feminismos desde las venas abiertas de América Latina y de las de abajo del globo, mujeres indígenas, mujeres afrodescendientes, mujeres de disidencias sexo afectivas, y de mujeres combativas que intimidan y por ello son silenciadas o cuestionadas constantemente.

Así, en estas breves líneas quiero destacar cómo nos percibimos a nosotras mismas, más allá del sexo opuesto, pues a través de él se nos ha definido e interpretado, matando incluso nuestra propia capacidad de abstraernos. Quiero hacer aquí una recopilación de dichas percepciones desde las fuertes voces de algunas de mis estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, plantel Cuautepec.

Mujeres. Fotografía de Tina Modotti, 1920. Fuente: Dorotheum. Licencia Creative Commons.

“Ser mujer es sinónimo de resiliencia, de fuerza y vida. Somos la imagen de quienes lucharon antes y la motivación de las que vienen detrás” Marisol Crespo Vázquez.

“Ser mujer es amor, felicidad, inteligencia y, sobre todo, perseverancia, porque a pesar de todas las adversidades que podemos presentar, seguimos avanzando hasta lograr lo que nos proponemos” Citlali Antonio Hernández.

“Ser mujer es vivir con fe, expresarme a través de mi estilo sin perder mi esencia. Es ser fuerte, valiente, auténtica y libre para vivir con dignidad, respeto y amor hacia los demás”. Itzel Roldán Martínez.

“Ser mujer significa mucho para mí y es una gran experiencia de resiliencia. Significa fortaleza, valentía, lucha, amor, belleza, diversidad, capacidad, ser mujer es un gran privilegio. Me encanta serlo”. Laura Yazmin Ortiz Rangel.

“Ser mujer es símbolo de coraje y elegancia para desafiar los retos de la vida, es poder generar una revolución cada día para crear valor a nuestra persona. Ser mujer es el significado de orgullo, fe y sueños”. Christa Daniela Alcantar Malangón.

“Ser mujer es sinónimo de fuerza, resistencia y arte. Fuerza de crear vida, sueños y anhelos. Resistencia de luchar contra desafíos y límites. Arte de transformar cada herida en aprendizajes”. Marisol Cervantes López.

Mujeres aficionadas al box. Colección Archivo Casasola, 1938. Fototeca Nacional INAH.

“Ser mujer es una experiencia multifacética, pero una fase de las más importantes ha sido marcar esa identidad de género para el logro de grandes acontecimientos históricos”. Ariadna Isabel González Uribe.

“Ser mujer es fuerza y sensibilidad, es la capacidad de crear, resistir y transformar el mundo. Es luchar por mis derechos y los de las demás, honrar mi esencia y acompañar a otras mujeres en su camino. Es vivir con autenticidad, romper estereotipos, brillar con mi propia luz y dejar huella”. Nadia América Pozas Jiménez.

“Ser mujer es como ser una flor en un jardín sin protección, sin saber si serás pisoteada o cuidada”. Evelyn Estrada Bastida.

“Ser mujer es ser fuerza, un fuego inquebrantable, es ser amor, solidaridad del corazón y es ser sabiduría, memoria y agridulce” Sandra Lizbeth Ramírez Alfaro.

Estas conmovedoras percepciones exponen que el ser mujer puede significar no sólo lo que nosotras queremos, sino que también nos construimos a través del momento histórico y de la sociedad que habitamos. Sin embargo, un nuevo fantasma recorre los feminismos actuales, se trata de un espectro que no requiere de la legitimación masculina, pero que se construye en comunidades de mujeres de espacios diversos en los que solamente nosotras elegiremos nuestros futuros rumbos y a donde llegaremos realmente todas cuando las desigualdades de género se diluyan y se esfumen.

La Jornada Morelos