“El vuelo del águila más allá de lo real”.

André Urbina*

He de comenzar con un relato peculiar cuya narración es oscura de verdad pues poca es la luz con la que se puede iluminar la verdad que se encontraba en tal contexto, tiempo y lugar, la historia hasta donde sabemos comienza con una tribu de viajeros migrantes de poderosos guerreros con ritos de chamanes, magia de sangre y de corazones ardiendo, proveniente de una tierra lejana donde el sol es implacable, un desierto más allá de las montañas del norte, antaño ya habían dejado ese caluroso lugar en busca de la promesa de un nuevo hogar, mucho tiempo caminaron y muchas maravillas vislumbraron, rocas ancestrales convertidas en pirámides en una ciudad fantasma sin ningún habitante, serpientes con ojos obsidiana y cabezas de gigantes, pero su dios los incitaba a continuar pues muy clara había dado ya una señal y a su destino ya no tardaban en llegar, alianzas y enemistades con el tiempo se llegarían a formar pero todo lo ocurrido los llevaría a un solo lugar, dentro de un lago una isla se encontraron y majestuoso sobre un nopal la señal se revelaba, su dios encarnado en forma de águila la bienvenida les daba.

Detalles más detalles menos creo que todos hemos escuchado alguna vez tal historia o una variación similar y de cómo ese gran pueblo mexica fundaría una imponente y bella gran ciudad en un lago, de cómo surgiría un poderoso imperio guerrero que redefiniría a la sociedad y cultura mesoamericana, de sus célebres dioses, cultos y sus intrigantes mitos y leyendas, incluido su catártico final.

En esta ocasión quiero dirigir la atención, en mi humilde opinión, al elemento más icónico y bandera nacional, hablo claro está del águila real, siempre me ha fascinado tan majestuoso animal y ante el asombro nace la pregunta…

¿Por qué Huitzilopochtli dios del sol y la guerra elegiría un águila real como símbolo? Eso es lo que intentaremos averiguar, es curioso en verdad cuando ampliamos nuestra visión más allá del mar y vemos a nuestros hermanos de alrededor del mundo y nos damos cuenta que a través de la historia muchos han tomado al águila como su símbolo, algunos siendo más aparentes que otros como el águila bicéfala en el imperio bizantino o el sacro imperio romano germano, pero también podemos encontrar ejemplos antiguos de verdad, remontándonos a mitos y deidades de los pueblos paganos de antaño, Zeus padre y dios principal en Grecia adopta la forma de un águila en sus mitos al igual que Odín/Woden el dios padre de los pueblos germánicos siendo este último un ejemplo claro de una mitología convergente ya que si lo escudriñamos a profundidad podemos ver ciertas similitudes con nuestro Huitzilopochtli, ambos son dioses de la guerra con ritos chamánicos, ambos demandan sacrificios humanos y tienen cultos de guerreros de elite vestidos con pieles de animales salvajes, sin olvidar que ambos son las deidades más importantes de sus respectivos pueblos, increíble pensar que culturas diferentes y aisladas durante cientos de años puedan llegar a trasmitir similares ideas dejando que su imaginación y conocimiento antiguo los haga volar lejos, con matices y variaciones regionales pero con un concepto similar.

Volviéndonos a la cuestión inicial y sabiendo que varios pueblos a lo largo de muchos años han tomado su figura como estandarte pienso que el águila tiene algo especial de verdad y creo que la respuesta radica en eso que el águila representa tanto en el plano físico y en plano espiritual, mostrando los deseos y anhelos en el subconsciente de las personas, a lo largo de muchos años contamos mitos para explicar y dar forma a las preguntas e incógnitas de los misterios de nuestra realidad, vemos al ave más majestuosa de la creación como un reflejo de lo ideal, un símbolo de libertad que todo lo observa desde las alturas como un rey vigilante volando donde los dioses están y surcando los aires de una manera que solo los mortales pueden imaginar, con su vista ve cosas a la distancia invisibles para los mortales con total claridad y se abalanza sobre sus presas con determinación y precisión al actuar, clavando sus garras como navajas listas para matar, cualidades de un dios que defiende y gobierna los cielos. Con tal presencia y majestuosidad no es de extrañar que semejante animal se tome como un símbolo de divinidad.

Al ser humano cundo algo le maravilla de verdad no le bastan los iconos de su realidad para expresarse en su totalidad y busca entonces embellecer el mundo a su manera, en otras palabras, el hombre ve un águila y decide contarnos una historia, un relato transformándose con el pasar de los años en mitos y leyendas donde plasme en arte todo lo que ese animal le cuenta y represente más allá de su imagen y limitante real, tiempo y lugar.

Por eso ya sea en la cima de una montaña, la copa del fresno Yggdrasil, el poderoso estandarte imperial o la valiosa señal posada sobre un nopal, el nombre de Zeus, Odin o Huitzilopochtli el águila siempre trascenderá a algo más allá de lo real, donde el corazón del hombre solo puede soñar alcanzar.

*Investigador, historiador y chef pionero de gastronomía histórica.

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