(Nuestra raíz)

Donald Trump y las repercusiones de sus medidas

(segunda y última parte)

(Donald Trump ihuan nontlen yeh omochiuh II)

Manuel P Gómez Vázquez*

Siete de cada diez trabajadores del campo que se encuentran en la Unión Americana, son mexicanos, la gran mayoría proviene de los pueblos originarios de nuestro país, donde la marginación y la falta de oportunidades los han obligado a buscar mejores condiciones para sacar adelante a sus familias. Estas personas literalmente se parten el alma en los campos de cultivo norteamericanos, por ello los dueños de las granjas de allá, los prefieren por encima de trabajadores de otras nacionalidades; sin duda son la parte vital para ese importante sector económico, en la que ambos países se benefician, ya que si bien es cierto que constituyen una importante fuente de ingresos por las remesas que mandan a nuestro país, también lo es, que además de producir sus alimentos, pagan impuestos y consumen gran parte de lo que ganan allá.

Pero ante este fantasma despótico, racista, cegado de vanidad, insolente y atropellante ¿qué estamos haciendo como país y sociedad? ¿Cuáles son las políticas preventivas que nuestro gobierno tomará ante la latente amenaza de una deportación masiva de connacionales? ¿Dónde está la estrategia que se implementará en caso de que se tuviera que repatriar a miles de paisanos?

Justificada o no, lo cierto es que la intentona de Trump será una dura prueba para nuestro actual gobierno, porque no solo se trata de establecer una brillante estrategia diplomática, doblegada a cederlo todo, para mediar las cosas ante el poderoso país del norte, que ahora viene cegado de soberbia individualista, para imponer su política injerencista e imperialista.

Tampoco se valdría utilizar como “anillo al dedo”, esta crisis, para justificar o convertir la actual situación en una “cortina de humo” o “caja china”, tratando de hacer un llamamiento a una confusión perversa de “nacionalismo”, para justificar o por lo menos pasar por alto, los graves problemas que enfrentamos ante la falta de resultados, entre ellos uno de los que más nos lacera: la delincuencia.

No podemos pasar por alto que este terrible cáncer social, ha provocado migraciones masivas de poblados enteros, que huyen buscando otros horizontes para salvar sus vidas o porque lo han perdido todo por la amenaza y la extorsión, ante la incompetencia o peor aún, la complacencia de las autoridades. Tampoco podemos cargarle toda la culpa a los Estados Unidos por nuestros problemas, debemos responsabilizarnos para atender nuestras propias necesidades, sanear nuestra economía, combatir la terrible corrupción, edificar un verdadero sistema donde se imparta justicia, establecer más programas productivos y no asistenciales que solo pretendan garantizar el clientelismo electoral, motivar la planta productiva con estímulos fiscales para lograr más inversiones, apostarle a rubros más estratégicos como educación, salud, tecnología e investigación, buscar una estrategia que construya un modelo para integrar a todos los grupos de la sociedad, evitando confrontaciones y divisiones que solo sirven para entretener y distraer. Pero de nada valdrían todos estos esfuerzos, si no se resuelve el prioritario problema de la inseguridad.

Los japoneses tienen su “teoría del caos”, donde ven oportunidades ante lo que se presenta como terribles calamidades; ojalá de esta crisis podamos “tomar al toro por los cuernos”, para sacar ese aplomo que tenemos los mexicanos cuando nos enfrentamos ante los retos difíciles, que nos unamos en un solo frente pero no ante ese enemigo imaginario y distractor llamado “masiosare”, sino ante la realidad de nuestras necesidades, sin complacencias, ni justificaciones; ojalá esto nos sirva para conciliarnos entre nosotros y concientizarnos para unirnos como la gran Nación que merecemos ser.

Es la hora de reconstruir ese orgullo nacional.

*Doctor honoris causa

La Jornada Morelos