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(Nuestra raíz)

Donald Trump y las repercusiones de sus medidas (Primera de dos partes)

(Donald Trump ihuan nontlen yeh omochiuh I)

Manuel P Gómez Vázquez

Finalmente se cumplió la amenaza tan anunciada por el Presidente Donald Trump. Con el argumento de la entrada a su país del fentanilo y de inmigrantes indocumentados, los aranceles entran en vigor pronto y se mantendrán hasta que Trump decida que los Gobiernos de Canadá, México y China han hecho lo suficiente para combatir la crisis del fentanilo y las drogas y, en el caso mexicano, también la crisis migratoria. Estas medidas serán la base de su estrategia de presión frente a México. Ante estos problemas, en lugar de buscar la estrategia conjunta, el presidente de Estados Unidos se pronuncia por el unilateralismo sobre la cooperación, el intervencionismo sobre el diálogo. Tal como lo sugieren The Economist y Rolling Stone, las consecuencias serán imprevisibles, el riesgo enorme.

Bajo su concepción, México no es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Tampoco es un aliado natural. En los discursos de Trump, se muestra que para él, nuestro país, es una fuente inagotable de problemas. Entre otros, el fentanilo y la migración ilegal.

“Hoy, he implementado un arancel del 25% sobre las importaciones de México y Canadá (10% sobre la energía canadiense), y un arancel adicional del 10% sobre China”, escribió Trump en Truth, su red social. “Esto se hizo a través de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) debido a la gran amenaza de los extranjeros ilegales y las drogas mortales que matan a nuestros ciudadanos, incluido el fentanilo. Tenemos que proteger a los estadounidenses, y es mi deber como presidente garantizar la seguridad de todos. En mi campaña prometí detener la avalancha de inmigrantes ilegales y drogas que cruzan nuestras fronteras, y los estadounidenses votaron abrumadoramente a favor de ello”, declaró.

Si en su primera llegada a la presidencia manifestó abiertamente su desprecio por el respeto al derecho internacional, en su segundo periodo hará de ese desprecio la política central de su gobierno. En ese océano convulso navegará la relación con México. Serán cuatro años muy complicados.

Pero aunado a lo anterior, debemos considerar que Donald Trump llega a la presidencia de Estados Unidos en condiciones muy distintas a las que tuvo en el año 2017. Su poder es relativamente mayor. Cuenta con la mayoría en ambas Cámaras y la posición favorable de la mayoría de los miembros de la Corte Suprema. Además, controla por completo al partido republicano. Eso ha llevado a que su discurso haya pasado de un férreo aislacionismo a un abierto intervencionismo, síntoma inequívoco de las peores prácticas imperialistas del siglo XIX.

Su afán entre demagogo y populista, aunado al total control que ahora tiene, lo lleva a lucubrar cuestiones tan absurdas, como querer cambiar el nombre al Golfo de México, mostrando un total desconocimiento de la historia, o peor aún, queriendo atropellar la misma, para construir la suya propia; como todo un megalómano, solo su razón importa. Lo mismo intenta al pretender revocar nacionalidades por derecho de nacimiento “ius soli” (derecho del suelo), que es la garantía jurídica que otorga la nacionalidad a una persona por el lugar donde nace, independientemente de donde hayan nacido sus padres. En la miopía de su visión, olvida que si nos remontamos al origen, él también es hijo de migrantes y que los auténticos dueños de esas tierras que ahora constituyen el territorio de los Estados Unidos, son los pueblos originarios, incluyendo a los mexicanos.

*Doctor honoris causa

La Jornada Morelos