

La Bandera de México, legado de nuestras heroínas
Cada 24 de febrero, celebramos con orgullo el Día de la Bandera Mexicana. Ese símbolo que ondea con fuerza en plazas, edificios y hasta en las mochilas escolares, es más que un simple pedazo de tela. Es la memoria de la lucha y resistencia de un país que, aunque muchas veces ignora las historias y aportes de las mujeres, no puede olvidar que hemos estado ahí desde el principio, tejiendo los hilos invisibles que sostienen esta nación.
Hace casi dos siglos, cuando Agustín de Iturbide diseñó la Bandera, quería un símbolo de unidad, independencia y libertad. El verde representaba la independencia, el blanco la unión (entre los grupos, supuestamente), y el rojo la sangre derramada. Pero lo que no cuenta la historia oficial es que, entre esas franjas, también late la resistencia de las mujeres. ¿Quiénes fueron las verdaderas tejedoras de esa independencia? No solo los grandes guerreros, sino también las mujeres que, en las sombras, lucharon por un futuro más justo. Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, y tantas otras que han sido borradas de los libros de historia, pero cuya memoria sigue siendo parte esencial del tejido de esta nación.
Es hora de reconocer que, aunque el águila en la Bandera devora una serpiente, hay muchas serpientes a las que las mujeres debemos enfrentar cada día: la violencia, la desigualdad y la exclusión. Las madres buscadoras que recorren el país con la esperanza de encontrar a sus hijas desaparecidas, las niñas huérfanas que se quedan sin futuro por el sicariato o los feminicidios. ¿Dónde está su Bandera? Necesitamos un símbolo que nos cobije a todas, que abrace la interseccionalidad de nuestras luchas, que sea reflejo de todas las mujeres que, desde sus diversas realidades, luchan por un México verdaderamente libre.
La propuesta de Elsa Oviedo, que integra la lucha feminista en nuestro máximo símbolo patrio, es una brillante reinterpretación de lo que sus colores representan aquí y ahora.
El verde, no solo evocar la independencia de un país, evoca la mayor independencia que puede tener una persona, el derecho a decidir sobre nuestras cuerpas, nuestra salud y nuestra vida. El blanco, siempre asociado a la paz, sigue intacto, pero ahora con un sentido más urgente que nunca. Y el rojo, que históricamente se ha asociado con la sangre derramada, es reemplazado por el morado, color que simboliza la igualdad que busca la lucha feminista. Ya no queremos más sangre, más héroes; necesitamos una sociedad más empática, igualitaria y plena.

Una bandera que sea también legado de nuestras heroínas, símbolo de resistencia de nuestras madres y nuestras hermanas, que ondee para una nación fiel a los principios de sororidad y justicia, desde el affidamento. Una bandera que refleje una Matria humana, empática, igualitaria y generosa.
Lo invito a que, cada vez que vea la Bandera ondeando al viento, piense en esto: no solo está celebrando un símbolo, sino el compromiso de que la lucha por la libertad de todos debe incluir a las mujeres, que seguimos luchando por la justicia, la igualdad y una vida libre de violencia. Porque, nuestra Bandera no es solo un trozo de tela, es la memoria de todas las mujeres que tejieron, y siguen tejiendo, el futuro que hoy tenemos.

