Suena “Race for the prize” mientras escribo. Crónica de una carrera

(Primera parte)

 

El día comenzó a las 4:15 de la mañana. Prender el calentador, poner un poco de café, tender la cama y alistarse para lo que venía: la prueba física más grande que he experimentado en mi vida.

Después de bañarme tomé ese infaltable café mañanero y una madalena. Cogí tres manzanas y, luego de ataviarme con la respectiva ropa deportiva (calas, calcetas, short, playera, camisa a cuadros como buen “gravelero”, buff, casco y guantes), tomé la bicicleta, encendí las luces para dirigirme pedaleando hacia el puente “El Pollo” en Temixco, donde me encontraría con mi amigo Tonatiuh. Tona y yo nos conocemos hace más de 20 años. Antes nos unía la fiesta y hoy, la bici. Él tiene mucha experiencia en hacer bicicleta de montaña. A diferencia de mí, Tona lleva años haciendo MTB en el Estado de México y Morelos, una pericia que sería notaria al final de la carrera.

El camino de Santa María a Temixco estuvo sin contratiempos. Tenía un poco de miedo porque al ser domingo de puente era probable que me encontrara automovilistas alcoholizados con las sabidas consecuencias que eso puede tener y no quería ser del 27.1% de personas adultas mexicanas que tuvieron alguna lesión de tránsito (Ensanut 2024). Ya en la gasolinera del puente “El Pollo”, me encontré con Tona. Apretamos el cassette de su bicicleta, desllantamos la mía, la subimos a su auto y nos encaminamos a mi primera carrera de bici de montaña, la “Morelos TranxBike”. Este año, desarrollada alrededor de Los Manantiales, un balneario en el sur de Morelos que ya colinda con Guerrero. Las rutas para MTB fueron de 25. 52 y 62 km, con una elevación de 720, 1505 y 1861 m, respectivamente. Como llevo años pedaleando con regularidad y alguno que otro cicloviaje, supuse que 62 km serían fáciles de hacer. La carrera inició puntual, con muchísimos ciclistas y corredores; un mar de esas máquinas perfectas que son la bicicleta.

Bueno, quizá no perfecta, pero casi perfecta. A nivel mecánico, la bicicleta es un sistema de con una enorme eficiencia. Se estima que, en condiciones óptimas, la transmisión puede alcanzar una eficiencia superior al 95 %, lo que implica que la mayor parte del trabajo mecánico generado por el ciclista se transfiere directamente a la rueda trasera. Esto, claro, está supeditado a muchísimos factores como la fricción de los rodamientos, la tensión de la cadena, la rigidez estructural del cuadro, etc. Desde el punto de vista físico, la bicicleta funciona gracias a leyes básicas de la física. Por ejemplo, cuando las ruedas giran, ayudan a que la bicicleta se mantenga derecha y estable, y mientras más rápido se avanza, más fácil es mantener el equilibrio. Además, la forma en que está diseñada la parte frontal de la bicicleta también ayuda a que pueda ser dirigida con precisión. Otros factores importantes son la postura del ciclista, la resistencia del aire y el contacto de las llantas con el suelo. Algo tan simple como agacharse un poco para cortar mejor el viento, usar materiales más ligeros o mejorar la forma de la bicicleta puede hacer que avances más rápido con el mismo esfuerzo, como puede comprobarse fácilmente al bajar una cuesta “pegado” al cuadro para cortar el aire.

A los pocos minutos de empezar a pedalear comenzó el ascenso. Éramos muchas personas y se complicaba subir en el terreno tan irregular y con arena y piedras sueltas. Como pude subí las primeras cuestas entre otros ciclistas y corredores, pensando que esta carrera iba a ser pesada, pero nada que no pudiera soportar.

Pasé el primer punto donde había una fotógrafa (km 4.5) y vino una bajada medianamente pronunciada que terminaba en la carretera. En ese punto había que decidir qué camino tomabas: a la izquierda para la ruta de 25 km o hacia la derecha para el trayecto de 52 y 62 km. Como me sentía fresco pensé: “por supuesto que 62”, así que tomé a la derecha y vino una pendiente deliciosa por carretera, en la que, como arriba escribí, sentía cómo la bicicleta aumentaba de velocidad cuando plegaba el cuerpo hacia el cuadro, y cómo disminuía cuando colocaba el torso recto, recibiendo el aire y frenando. “Si así va a ser toda la carrera estará muy sencillo”, pensaba al ir bajando.

En algún punto había una desviación hacia la izquierda, había qué salir del asfalto y volver a entrar en terracería. “Viene lo bueno”, supuse. Y sí. No solo venía “lo bueno”, venían horas de intenso calor, de una subida que nunca terminaba y de un cuerpo, mi cuerpo, que no podía más del cansancio. Una desesperación por avanzar y, al final, un aplomo por saber que nada importaba, que mi destino era continuar de subida empujando la bici (algo que hice casi todo el camino), como Sísifo empujado la piedra una y otra vez.

*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante

Un grupo de personas en bicicleta en la calle

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Imágenes cortesía del autor

Gabriel Millán