

Pase y admire: cisnes de los muertos y gaviotas del odio
En Historia de la eternidad de J.L. Borges hay un apartado dedicado a las kenningar, un tipo singular de metáforas de la poesía islandesa con auge alrededor del año 100, nos dice el autor. Una de las particularidades de las kenningar es que nombran algo indirectamente, ya sea por una analogía, una anécdota, una convención, etc. Por ejemplo, el escudo es “la luna de los piratas”; la sangre, “rocío de la espada”; el barco, “halcón de la ribera”; los buitres, “cisnes de los muertos” y los cuervos, “gaviotas del odio”.
Halcones, cisnes, gaviotas, buitres y cuervos fueron animales importantes en el imaginario y la cultura de esa época. En general, las aves han estado muy presentes en nuestra historia: desde el mito y la alimentación, pasando por la crianza y compañía hasta la observación y estudio, las aves nos acompañan constantemente. La sola capacidad de volar ya las hace admirables pero algunas especies de aves tienen características singulares y poco conocidas que es indispensable mencionar.
Los cuervos (Corvus corax) son excepcionalmente inteligentes, con una proporción del tamaño de su cerebro vs. cuerpo como la de los chimpancés. Entre sus muchas habilidades pueden resolver problemas complejos, usar y fabricar herramientas (el cuervo de Nueva Caledonia Corvus moneduloides incluso modifica sus herramientas para mejorar el uso); juegan entre ellos y con otras especies, tienen memoria (pueden recordar el rostro de personas), planifican a futuro, ven colores y tienen la habilidad de imitar sonidos, incluso voces. No es casualidad que Poe usara esa habilidad para hacer que el cuervo de su poema The raven imitara las palabras del narrador: él dice “nothing more” y el cuervo, “nevermore”.
Buitres (Accipitridae) y zopilotes (Cathartidae) tienen mala fama y a pocas personas les gustan. Como se alimentan casi exclusivamente de cadáveres, se asocian con la putrefacción y la muerte. A diferencia de otras aves, no pueden “cantar” por eso emiten ese sonido grave como ladrido. Los zopilotes pueden detectar a kilómetros de distancia el gas de los cuerpos en descomposición (etanotoil). Su cuerpo está adaptado a una alimentación especializada en cadáveres: no tienen plumas en la cabeza, lo que evita que les queden residuos de grasa y sangre; poseen un pico fuerte y curvo para desgarrar tejidos y su sistema digestivo es capaz de destruir microorganismos que serían mortales para otros animales, como Bacillus anthracis, la bacteria causante del ántrax.
Los colibríes (Trochilidae), al contrario de las aves carroñeras, son sumamente apreciados. Se distribuyen en América, con la mayor concentración de especies en la región tropical. Además del plumaje iridiscente de algunas especies, su capacidad de vuelo es asombrosa: son las únicas aves capaces de volar hacia atrás, gracias a la forma especial de sus alas. Pueden permanecer suspendidos en vuelo, algo indispensable para alimentarse del néctar de flores. Además son muy rápidos, los machos de la especie Calypte anna pueden alcanzar una velocidad de 27.3 metros por segundo, equivalente a 100 km/h. Para lograr volar de la forma que lo hacen, los colibríes poseen un metabolismo extremadamente rápido. Su corazón puede latir hasta 1200 veces por minuto cuando están en actividad, por lo que necesitan alimentarse varias veces al día para tener toda la energía que consumen.

Los pájaros carpinteros (Picidae) pueden picotear los troncos de los árboles a altas velocidades sin sufrir daños en el cerebro. El mecanismo de protección de los pájaros carpinteros incluye una combinación de adaptaciones únicas: huesos esponjosos en el cráneo que absorben el impacto, músculos del cuello extraordinariamente fuertes que estabilizan la cabeza durante el picoteo, un pico fuerte pero flexible que reduce la transmisión de la fuerza al cerebro y una lengua envuelve la parte posterior de la cabeza actuando como un amortiguador. La lengua, además, es básica para alimentarse: tiene punta pegajosa o con cerdas y como es muy larga puede entrar en grietas de la madera o en los agujeros que picotea para capturar insectos como larvas u hormigas.
De los flamencos (Phoenicopteridae) no solo es interesante su color rosa, también lo son el tipo de alimentación y la forma de descansar. Los flamencos nacen de color blanco y su plumaje se vuelve rosado con el tiempo, debido a los carotenoides, pigmentos naturales de los crustáceos que comen. Estas aves no cazan su comida, la filtran. Su pico está curvado hacia abajo (digamos, “al revés” del de las otras aves) y cuenta con una serie de láminas que les permiten filtrar el alimento (como las ballenas y el krill). Para descansar se posan en una pata, bloqueando sus tendones, de modo que no requiere esfuerzo muscular, ahorrando energía. Y dato curioso: según Stephen Jay Gould en La sonrisa del flamenco, más de un emperador romano era afecto a las lenguas de esta ave… al parecer es deliciosa.
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Hace tiempo yo decía que las aves eran animales aburridos y algo torpes. Hablaba desde un profundo desconocimiento, sin saber las formidables adaptaciones que tienen, su espectacular belleza y las enormes habilidades que poseen. Ojalá hace años hubiera encontrado una columna como esta para despertar el interés y respeto por ellas.
*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante

Fotos de la Audubon Society / cortesía del autor

