Gabriela Mendizábal Bermúdez* y Fermín Esquivel Díaz**

No existe una respuesta definitiva que aplique a todos los casos, pero algunos estudios han sugerido que, en promedio, los solteros podrían tener una esperanza de vida más baja que las personas casadas o que viven en pareja. Sin embargo, esto no significa necesariamente que la soltería por sí sola cause una vida más corta. Algunos factores como lo roles tradicionales de género influyen significativamente.

Pero empecemos por ver en números de qué hablamos. De acuerdo a datos en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2023 en el país residen en México 100.6 millones de personas de 15 o más años, de esa cantidad, el 36.9% son casados, 33.1% solteros, el 17.8 viven en unión libre y 12.2% han estado en una relación previa (separadas, divorciados o viudas) es decir, el 54.7% tienen pareja, frente al 45.3% que no, Cuernavaca ocupa el lugar 67 de las 100 ciudades con más solteros, con 113 mil 222 personas; quienes son 56,620 hombres y 56,602 mujeres.

En México al 2024, según el INEGI (Esperanza de vida al nacimiento por entidad federativa según sexo, serie anual de 2010 a 2024) la Esperanza de Vida Promedio (EVP) es de 75.5 años, que casi se ha duplicado desde 1930, época cuando la EVP era solo de 40 años. Actualmente la EVP de las mujeres es de 78.9 y tan solo de 72.4 años para los hombres.

Sin duda, vivir más tiempo se relaciona a diversos factores económicos, biológicos, genéticos, estilo de vida e incluso por políticas públicas enfocadas en la atención médica. No obstante, pocas veces se ha mencionado el vivir en pareja como un factor de longevidad asociado a la salud a lo largo de la existencia de la persona.

Pero ¿Quién vive más tiempo y quien vive menos? según estudiosas del tema (María Antonieta Parra, Gema Sanchís Soler y Nicole Valtorta, investigadoras de diversas universidades, por mencionar algunas) señalan que, las personas solteras tienden a vivir menos que las casadas o quienes consiguen relaciones de pareja de largo plazo, resultado de factores ligados a la condición propia de cada persona y así como de condiciones socio afectivas y económicas que se generan en la relación interpersonal entre ellas: el apoyo emocional, el otorgamiento de cuidados y el bienestar psicológico y sentimental que se proveen, lo que provoca mejores condiciones de vida en el envejecimiento reflejando conductas sanas en la búsqueda de atención médica y procuración de cuidados mutuos.

El apoyo de la pareja permite enfrentar con mayor resiliencia situaciones como depresión o problemas mentales, diabetes, hipertensión, condiciones cardiacas, o condiciones emocionales como: la muerte de seres queridos, entre ellos familiares o amigos, pérdidas que van acortando las redes sociales de la persona, por lo que la pareja se convierte en el gran refugio emocional y afectivo.

Los roles de género influyen en la esperanza de vida, ya que las mujeres, en promedio, viven más que los hombres. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de vivir más que los hombres en pareja, y también tienden a sobrevivir más tiempo que los hombres viudos. Esto se debe a factores como los riesgos laborales, las condiciones sociales y conductuales a lo largo de la vida. Además, las mujeres suelen recibir más apoyo social de sus redes familiares y sociales, mientras que los hombres, considerados proveedores, experimentan una mayor carga emocional al perder a su pareja, como el duelo no expresado. Además, se afecta negativamente su autocuidado, porque no lo aprendieron como parte de su rol de proveedores y esto agrava sus problemas de salud física y emocional.

Lo anterior es importante para la seguridad social, ya que las personas solteras tienden a vivir con mayores riesgos de caer en pobreza, en especial las mujeres mayores de 65 años quienes al vivir más tiempo, no cuentan con alguna pensión o jubilación, por lo que el acceso a prestaciones en especie y económicas las coloca en una posición especialmente vulnerable, es decir viven más, pero en situación de pobreza.

Con estos datos es posible considerar que el estado civil de la persona y el género, sí tiene influencia en el tiempo de vida y la calidad en que viven las personas; es el resultado de las estructuras sociales tradicionales, la falta de seguridad social y la incapacidad de las políticas públicas de garantizar el derecho a vivir en las mejores condiciones de vida posible, por lo que es necesario construir una sociedad basada en el derecho humano a la seguridad social, al derecho a cuidar, a ser cuidado y a procurarse el autocuidado.

*Profesora Investigadora de Tiempo Completo de la FDyCS de la UAEM.

**Doctorando del programa de Derecho y Globalización de la FDyCS de la UAEM.

 Gabriela Mendizábal Bermúdez y Fermín Esquivel Díaz