

Janett Vallejo Román*
En octubre de 2018, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador presentó un programa que transformaría el campo mexicano, combatiendo la pobreza, la degradación ambiental y reactivando la economía local. Hoy en día, el programa Sembrando Vida se ha convertido en un referente para el análisis en la instrumentación de política pública. Principalmente porque está dirigido a las y los pequeños agricultores que por décadas habían sido incluidos en programas asistencialistas que no incidían en la solución de las problemáticas más urgentes entre la población rural, por ejemplo, el derecho a la alimentación, como se postula en la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible (LGAAS).
El programa está presente en 24 entidades con 418,512 personas beneficiarias, fortaleciendo el trabajo colectivo, aunque con metas individuales. En Veracruz hay 60,150 beneficiarios organizados en más de 240 Comunidades de Aprendizaje Campesino.
Mi participación en el proyecto académico “Sembrando vida: efectos en la organización productiva, territorial y social en localidades rurales de la región sur sureste del país. Estudios de caso en Chiapas, Guerrero, Tabasco y Veracruz (PAPIIT-UNAM IN301323)” me permitió observar y experimentar, desde el surco, los beneficios, logros y retos del programa. Sin duda, para quienes hemos recorrido el campo mexicano en sexenios pasados, Sembrando Vida se presenta como una bocanada de aire fresco y esperanza: dinamizando las economías locales, disminuyendo la movilidad por búsqueda de trabajo, la integración de las mujeres y otros efectos positivos para el campo mexicano.
Hay distintos rayos de luz que observo, pero en esta oportunidad quiero mencionar la importancia del programa en términos de su aporte a la alimentación de miles de hogares, quienes han diversificado sus cultivos, integrando algunos que ya no se cultivaban, potenciando otros que han sido cultivos tradicionales e incluyendo algunos más que pudieran adaptarse y adoptarse entre las y los productores. Estos cultivos los realizan a través de prácticas agroecológicas, lo que los hace productos más sanos. Así lo menciona Alicia, sembradora de la comunidad de Puente Nacional en Veracruz:
“Yo veo que hay más alimentos en la mesa, más frutas, pero también más verduras, no solo porque en el vivero sembramos col, calabacita, lechuga, tomate, sino porque se ha hecho costumbre que también lo cultives en casa. Mejor un agua de fruta que la Coca o una buena fruta que las Sabritas”.

Aunque Sembrando Vida es perfectible, tiene el potencial de convertirse en un puente para la política de seguridad alimentaria y nutricional de México, establecida en la LGAAS. Al vincular estratégicamente se podrían ampliar los beneficios tanto para las y los sembradores como para la población no beneficiaria. La ley promueve e impulsa la autosuficiencia y soberanía alimentaria, dando prioridad a las y los pequeños productores, en este sentido, los objetivos de «Sembrando Vida» coinciden plenamente con el espíritu de la ley que incide en la mejora de las condiciones de los hogares rurales de nuestro país.

Presentación de resultados del programa Sembrando Vida en Veracruz. Fuente: Janett Vallejo.
*CIESAS-Golfo

