

Conductas que llevan a adolescentes a la obesidad: IMSS Morelos
Mónica López Solís*
Edgar Pineda Molina**
En las últimas décadas, el sobrepeso y la obesidad se han convertido en un problema de salud pública internacional que aumenta el riesgo de la población de desarrollar enfermedades crónicas tales como: diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemias, enfermedades cardiovasculares, e incluso, algunos tipos de cáncer.
El desarrollo de sobrepeso y obesidad se presenta en todas las etapas de la vida; sin embargo, en los adolescentes la prevalencia ha aumentado, de manera importante alcanzando alrededor del 38.4%, es decir casi 4 de cada 10 adolescentes viven con sobrepeso y obesidad.
Los entornos y aspectos socioculturales son algunos de los factores que pueden llegar a predisponer para desarrollar sobrepeso y obesidad a una edad temprana, la causa puede ser la falta de conocimiento de los padres, tutores o cuidadores sobre la alimentación saludable y la nutrición en los adolescentes, llegando a tener un impacto significativo para favorecer un entorno obesogénico y conductas alimentarias poco saludables.

Las conductas obesogénicas son un conjunto de acciones asociadas con un mayor riesgo de desarrollo de obesidad y se caracterizan por un alejamiento de la alimentación natural y tradicional, disminución de la práctica de actividad física, aumento de actividades sedentarias y malos hábitos de sueño.
Derivado de esto, el sedentarismo presentado en la población adolescente es un importante factor de riesgo ya que el 51.4% de ellos reporta no realizar alguna actividad física de tipo competitivo, esta situación se agrava en las localidades urbanas donde 52.9% de la población adolescente no realiza actividad física de tipo competitivo.
En México, encuestas como la ENSANUT han demostrado que en los últimos años ha disminuido el consumo de frutas, verduras, lácteos, carnes, tortillas y otros productos elaborados con granos enteros, mientras que ha aumentado el consumo de bebidas embotelladas como el refresco y jugos, así como alimentos elaborados con carbohidratos refinados o también conocidos como ultra procesados.
En el 2022 se realizó una encuesta en los adolescentes para identificar cuánto tiempo pasan frente a pantallas (televisión, videojuegos, computadoras, tabletas y teléfonos celulares), resultando que en promedio pasan 3 horas diarias frente a una pantalla y el porcentaje fue mayor en adolescentes que viven con obesidad en lugares urbanizados. Sólo el 36% de los adolescentes cumplen con las recomendaciones internacionales de tiempo frente a pantalla (menos de 2 horas al día).
La disminución de sueño y tiempo de descanso se relaciona con cambios desfavorables en el metabolismo y llevan al adolescente a ganar peso y aumentar el riesgo de sobrepeso y obesidad. La duración corta de sueño también puede estar relacionada con el uso de pantallas ya que la luz azul que emanan estos dispositivos estimula algunas regiones del cerebro alterando el ciclo sueño – vigilia. Diversas hipótesis se dirigen hacia la idea de que una disminución de las horas de sueño afecta la elección de alimentos, el tiempo del que se dispone para comer y una disminución de la actividad física, llevando al adolescente a realizar elecciones de alimentos poco saludables.
Es por todo esto que es necesario enfocar la atención en la población adolescente con la finalidad de mejorar su estado nutricional y disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, resulta imprescindible poner alimentos saludables a su alcance, para así evitar el consumo de alimentos altamente procesados y bebidas azucaradas. Involucrar a los adolescentes en actividades deportivas programadas mejorará su salud física y mental además de reducir el tiempo que pasan frente a pantallas.
*Especialista en Nutrición y Dietética, IMSS Morelos. Correo electrónico: monica.lopezs@imss.gob.mx
**Nutricionista, IMSS Morelos. Correo electrónico: edgar.pineda@imss.gob.mx

