La sala de espera

Angélica Mariel Martínez López*

En una visión compartida por muchas personas, la salud es un básico imperceptible a menos que nos haga falta. Y es ahí, cuando pasa que un sin fin de notables circunstancias se hacen visibles. Se puede diariamente pasar frente a un hospital y no notar siquiera el color de la puerta, pero algún día sentado en Urgencias, esperando, no solo puedes observar el color de la puerta. Ese día, tras horas sentado en una dura banca con la esperanza de buenas noticias de un familiar dentro, ingresa la zozobra, la incertidumbre y comienza todo a no parecer tan bien, como el desgaste de pintura de la misma puerta.

Esta percepción, fundamentada en la más profunda razón de miedo a la pérdida, hace actuar al más gentil caballero como un humano vulnerable con la necesidad de defensa. Y dentro otro gentil caballero que tardó 10 años en lograr el privilegio de atender otro ser humano advierte la vulnerabilidad al ser juzgado por aquello que suceda con este invaluable paciente. Digo invaluable, pues no hay algún paciente de menor o mayor valor, para las y los galenos, todos merecen ser salvados, sin embargo, la vida misma está acotada con seguridad, por tiempo determinado y no queda más que la esperanza de que el conocimiento adquirido coadyuve a mejorar la salud.

Esta discrepancia de pensamientos entre el familiar afuera, el galeno dentro y aquel paciente que sufre, hace en algunos instantes un cruce de necesidades que puede terminar en confusión, malestar, sensación de indignidad o simplemente agradecimiento. Y es que cada uno requiere cosas distintas, pues mientras el paciente se cubre con la bata para cuidar su intimidad, el médico descubre para observar claramente, la enfermera toca para pinchar una vena y el familiar sufre pues piensa el dolor de su paciente.

Este cuadro común en las salas de Urgencias y discrepancia de necesidades puede acotarse con buena comunicación, aunque a veces la prisa, la falta de herramientas físicas, habilidades sociales o simplemente un mal día nos hacen ver un mundo hostil en los nosocomios de salud.

Qué maravilla sería acudir preventivamente para detectar enfermedades, hacer ejercicio, tener esparcimiento, comer bien y no caer abruptamente en urgencias; más aun haciendo todo ello, estamos expuestos a los accidentes, carga genética y hasta cambios meteorológicos entre otros, que nos harán visitar una unidad médica.

Entonces, ¿Qué hacer sentado en sala de espera?

• Primeramente, expresar con claridad desde la llegada la necesidad sentida, tomando en cuenta el tiempo de evolución y características propias.

• Escuchar atentamente las indicaciones y anotar si es necesario.

• Tomar conciencia de que no es posible dar informes hasta tener lo más estable posible al paciente, pues el paciente es la prioridad, por lo que hasta contar con estabilidad y diagnóstico se darán informes.

• Comprensión para, en consecuencia, ser paciente, pues un paciente más grave y con requerimientos expeditos puede estar antes y empáticamente pensar que podemos ser nosotros o un familiar cercano.

• Facilitar información o estudios previos que puedan ser de utilidad.

• Hacer uso del recurso humano disponible en el nosocomio y estar atentos a nuevas indicaciones.

• Es muy valioso, mantener informado a los familiares restantes para no doblar información.

• Por último, recordar dar tranquilidad al paciente al pasar a verlo, el paciente no necesita las complicaciones del exterior, necesita saber que usted está para ayudarlo, así como el personal de salud.

*M. E. Angélica Mariel Martínez López. angelica.martinezl@imss.gob.mx

POR FAVOR RESALTAR:

Qué maravilla sería acudir preventivamente para detectar enfermedades, hacer ejercicio, tener esparcimiento, comer bien y no caer abruptamente en urgencias; más aun haciendo todo ello, estamos expuestos a los accidentes, carga genética y hasta cambios meteorológicos entre otros, que nos harán visitar una unidad médica.

La Jornada Morelos