“Jódanse cabrones, el placer siempre será

nuestra última venganza”: Rebeca Lane y Audry Funk

La industria musical en todos los tiempos representa una de las industrias culturales con mayor influencia en la construcción de imaginarios colectivos. Distintas generaciones hemos crecido adoptando narrativas e identidad de los exponentes del género musical que escuchamos.

La llegada del rock en los 50 y 60 supuso un cisma para las mentes que consideraron esta expresión musical como rebeldía sin causa, ruido y estridencia. Poco a poco el rock fue adoptando los corazones de varias generaciones en todo el mundo.

Como toda expresión cultural, la música acoge las narrativas de su tiempo, el reggaetón pues, no es casual. En paralelo a la máxima expresión de violencia contra las mujeres en las que el feminicidio es un espectáculo acompañado de cuerpos hegemónicos de mujeres en la nota roja; en todos los rincones florece la semilla feminista, un movimiento que propone una ruptura en las relaciones de poder que subordinan, excluyen y violentan a las mujeres.

Es por esto que pensar en el reggaetón como una expresión contracultural o contra hegemónica desde uno de los movimientos más importantes de nuestros tiempos podría sonar inconexo. Pero sí, existe y florece desde hace unos años el reggaetón feminista que se apropia de este ritmo latino para denunciar la violencia machista y para reivindicar el gozo que merecen todos los cuerpos. Una propuesta también desde el feminismo antirracial, negro, trans y gordo.

Comparto algunos ejemplos de lo que hablo: “Txdxs los cuerpxs” de Audry Funk & KEVS, reivindica el placer desde la diversidad, no sólo de orientaciones sexuales sino desde las corporalidades diversas que históricamente han sido excluidas.

«No hay excusa, para encubrir al que abusa / Aquí llegó pa’ molestarte esta intrusa / Todas las que mataste, hoy son mi musa / Yo voy a aclararte esas ideas confusas” cantan las argentinas Chocolate Remix que denuncian a través de sus canciones la violencia de género y el acoso que viven las mujeres en las calles y la fiesta.

¿Quién mató a Anna Cook? es una de las canciones de Torta Golosa, un dueto lesbofeminista chileno que se apropia del reggaetón para hablar de las relaciones entre mujeres, aborto y poliamor. Esta canción habla del presunto feminicidio no resuelto de la DJ chilena Ana María Villaroel.

La resignificación del reggaetón en una propuesta de resistencia y feminista también es una reivindicación del derecho al placer de las mujeres, al baile, a la fiesta y a la noche.

*Cancionista y artista visual Instagram @jessica_hamed

Imagen cortesía de la autora

Jessica Rivera Hamed