

El libro de Cecilio Agustín Robelo, Nombres geográficos indígenas del Estado de Morelos, sigue siendo un referente especializado en el área de los glifos toponímicos en lengua náhuatl que caracterizan al estado. Se trata de una publicación que hizo época y que nos permite comprender la relación profunda del territorio con la gente que lo habitó, con sus tradiciones y con los elementos que le dan sentido e identidad a los morelenses.
De acuerdo con Robelo, estos nombres pueden llamarse nombres geográficos, nacionales o étnicos. Su estudio incluye un preámbulo morfológico, sección que da cuenta de las implicaciones gramaticales del fenómeno de la aglutinación en lengua náhuatl, una de sus características principales y el eje para el análisis de cada uno de los nombres ubicados en la segunda parte del libro a manera de diccionario.
El licenciado Cecilio Robelo (1839-1916) se formó en las filas del prestigioso Seminario Conciliar de México, con el rigor que otorgan los estudios del latín, el griego clásico y la filosofía, desempeñándose, posteriormente, como abogado en la ciudad de México, donde ocupó importantes cargos públicos en medio de una época convulsa, en la que liberales y conservadores pujaban por definir el destino de una nación que no lograba consolidarse después de alcanzar su Independencia.
Cuando hablamos de Robelo, nos referimos a un verdadero erudito, a un hombre de letras y servidor público, Cecilio Robelo es uno de los más distinguidos investigadores que se hayan avecindado en la ciudad de Cuernavaca, su lugar de residencia durante la segunda mitad del siglo XIX.
Su producción académica se concentra en la promoción y conservación de la lengua náhuatl y de la escritura pictográfica que tiene como soporte, además publicó más de veinte libros, dentro de los que se destaca una traducción del francés al español de los Estudios del Idioma Náhuatl de Remi Simeon en 1902.
Para dimensionar su actividad pública, basta recordar que, en esta ciudad, se desempeñó como magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Morelos e, incluso, llegó a ser gobernador interino de la entidad. En la Ciudad de México se desempeñó como director del Museo Nacional de Arqueología, el museo más importante del país, debido a su talento al dominio de la lengua náhuatl, de las implicaciones filológicas, históricas o hagiográficas de sus raíces y voces.

Robelo fue contemporáneo de otros grandes investigadores del México prehispánico, como Antonio Peñafiel (1829-1922), Vicente Riva Palacio (1832-1896), o Eduard Seler (1851-1922), con su dedicación sentó las bases para un conocimiento del pasado de los pueblos nahuas a través de más de diez libros referidos al estudio de los glifos nahuas, sobre todo en lo que ahora denominamos la región del altiplano central.
Su obra inmortal es ahora patrimonio de los morelenses y de todos los mexicanos, como uno más de los abogados que perteneció a la ilustres generación de mediados del siglo XIX, así como uno de los servidores públicos más destacados de nuestro país, demostrando que la sabiduría y el conocimiento verdadero no están peleados con la profesión política.
*Profesor Tiempo Completo del Colegio de Morelos.

