El protocolo militar suele ser riguroso, es estricto y no deja ningún cabo suelto. Las formas y las normas siempre se acatan, y dicen los soldados con justa razón, que la antigüedad también es un grado. Un militar nunca deja de serlo, a menos que caiga en la deshonra o cometa un acto al margen de la ley. De ahí que los militares en la honrosa situación de retiro no solo están a disposición del Alto Mando, grado que ostenta el secretario de la Defensa Nacional, sino que con su veteranía constituyen una fuente inagotable de experiencia, que nutre a sus compañeros en el servicio activo. 

Mientras los políticos no tienen empacho en recibir loas a título personal, en el protocolo militar se reconoce públicamente a la institución en su conjunto, nunca a un individuo en particular, por más méritos que merezca. Esto obedece no solo a un elemental carácter espartano y de moderación, sino al espíritu de cuerpo que es una de las virtudes militares más apreciadas y que significa la unión del soldado con su unidad. 

Pero hoy se debe hacer una excepción, y reconocer al Alto Mando del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, no como una falta al aludido protocolo militar, sino porque hoy, su liderazgo representa el compromiso de cada uno de los hombres y mujeres que sirven a México como soldados, aviadores y guardias nacionales en las filas de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa). No en vano, hace unos días en el escenario estatal, La Jornada Morelos al publicar su nota alusiva al Día del Ejército, la presentó con el mejor encabezado posible: “Un Ejército cercano a los morelenses”. 

Los sucesos del pasado domingo han quedado escritos en las páginas de la historia reciente de México, engrosan las gestas en el calendario cívico-militar que es acento en el mes de febrero y con el sacrificio de los héroes del 22 de febrero, se robustece la unión de la sociedad mexicana con sus Fuerzas Armadas. No en vano, y de conformidad con datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las Fuerzas Armadas constituyen la segunda institución más apreciada por los mexicanos, tan sólo por detrás de la familia. ahora también se ha reafirmado, que son la columna que sostiene al Estado Mexicano. 

El 22 de febrero del 2026, entraña sentimientos encontrados, la indignación y la impotencia de ver a los enemigos del país, bloqueando carreteras, atentando en ciudades, centros turísticos e instalaciones de los tres órdenes de gobierno, así como contra soldados, ciudadanos y sus bienes. Pero también, la reacción contundente del Estado, mostrando que ninguna organización delictiva está por encima de México. La respuesta criminal, que fue propia de una bestia herida, enlutó hogares y alentó a la comentocracia, pero no se impuso a las armas de la Federación. Hoy los mexicanos, más allá de filias y fobias políticas, debemos aprender a separar las razones políticas de las de Estado y cerrar filas cuando el país, no un partido político, es agredido. 

El 22 de febrero pasado, ha dejado constancia no solo del valor de las tropas de Defensa y como ya se mencionó del liderazgo de quien las manda. Pero también del alto grado de adiestramiento de nuestros militares, los hemos aplaudido al marchar gallardos el 16 de septiembre, pero ahora los vimos actuar con arrojo y determinación. Con respecto a la Guardia Nacional, se ha señalado el enorme compromiso que tienen sus efectivos de consolidar una fuerza de reciente creación. Sin embargo, en descargo de los Guardias Nacionales, se debe señalar lo siguiente: los mandos provienen de las filas del Ejército, los jóvenes oficiales están siendo formados en el Heroico Colegio Militar y lo más importante y sagrado para un militar: ya han aportado su cuota de sangre por México. 

De ahí que surge la siguiente petición para el Alto Mando. El Campo Militar Marte en la Ciudad de México, es un sitio de abolengo castrense y asociado a la figura del General Joaquín Amaro. Pero el Campo Marte no solo destaca como escenario de ceremonias, justas deportivas o por su tradicional casino, sino que aledaño al mismo se encuentra la Plaza del Servicio a la Patria. 

La Plaza del Servicio a la Patria, es un bello espacio que cuenta con un recinto para exposiciones, un original conjunto escultórico alusivo a cada una de las Entidades Federativas, donde cada pieza fue hecha con armamento canjeado, así como una fuente y un sobrio monumento con los nombres inscritos de los militares caídos en el combate al crimen organizado. El monumento es custodiado permanentemente por una Guardia de Honor. Oportuno será que los nombres de quienes murieron en el cumplimiento de su deber el pasado domingo, sean inscritos en el monumento, no sólo como reconocimiento del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional a sus compañeros caídos, sino como testimonio de una sociedad que siempre los recordará. 

*Escritor y cronista morelense. 

Roberto Abe Camil