Efectivamente, ésta es una historia sobre una franja y el silencio del mundo cómplice del mal. Es una historia sobre la hambruna, el genocidio, pero, asimismo, y esto es lo mejor, sobre el intento de abrir un corredor humanitario para llevar víveres y medicamentos, para romper el bloqueo de Israel sobre una nación que no puede seguir siendo destruida. Miramos las imágenes de los barcos rumbo a Gaza y en ellos se juega la humanidad que le resta a este siglo. Sin embargo, no basta con aplaudir o dar like en las redes sociales. Como Thiago Ávila, uno de los líderes de la flotilla Global Sumud, advierte: “Es necesaria una respuesta masiva de apoyo y acciones directas”.

Lo dice con el mar de Barcelona de fondo, junto a Greta Thunberg, en la conferencia de prensa que tuvo lugar unos momentos antes de que este 31 de agosto partiera esa misión con ciudadanos de 44 países: médicos, periodistas, activistas de diferentes regiones que también desde otros puertos intentarán llegar al territorio en pugna para hacer lo que puedan.

Otros intentos de atravesar el cerco han sido asediados con drones e incluso la detención y deportación activistas. En esta nueva aventura van muchas más personas dispuestas a dejar el miedo de lado, a gritarle al mundo que Palestina debe ser liberada en nombre de los ideales fundantes de toda civilización y éticas posibles. La solidaridad, como uno de los ejes de nuestra sobrevivencia, se transforma en embarcaciones con banderas verdes, negras, blancas y rojas que no deben dejar de aparecer en todos los rincones de la vida pública.

No estamos para olvidar quiénes somos como especie.

No estamos para vivir más preocupados por el avance de la IA que por los genocidios que se perpetran en el mundo.

No estamos para ser testigos sin entrañas ni voz.

Advierto que no es sólo la presencia, además Carlos Pérez Osorio, documentalista; la psicóloga Sol González Eguía, quien tiene más de tres décadas de experiencia en contextos de guerra; la periodista Arlín Medrano; la comunicadora y defensora de los derechos humanos, Karen Castillo; la politóloga y profesora especializada en resolución de conflictos Dolores Pérez Lazcarro; y el reportero y director de Rompeviento TV, Ernesto Ledesma, además de celebridades como la actriz Susan Sarandon o la exalcaldeasa de Barcelona, Ada Colau, lo que debe ilustrar las notas informativas, no se trata de esos nombres a los que deseamos buen viento y buena mar. Me parece que lo primero es una indignación necesaria, ya que la conversación sobre estos hechos tiene que ser una constante, no estamos viendo una serie con actores guapos con rumbo a combatir a los zombies del invierno o una comunidad del anillo unida mientras comemos palomitas.

La realidad de esa barbarie se llama gobierno de Netanyahu, el cual ha rebasado cualquier límite. Niños y niñas famélicos, decenas de periodistas asesinados, despliegue militar tenebroso, en suma, un bloqueo cuyo objetivo es ganar una guerra de casi 23 meses que ha dejado sin vida más de 63 mil personas. Al menos 332 palestinos han muerto por desnutrición, incluidos 124 niños, según el Ministerio de Salud de Gaza. Todo, decía, para colocarle al mundo la cereza del pastel de un nuevo orden escalofriante.

“De todas maneras no se puede hacer nada”, es lo que siempre se termina diciendo para seguir construyendo una indolencia que banaliza al mal y, paradójicamente, calma los nervios. No es verdad, la consciencia de que lo que ocurre en Palestina es inadmisible; importa porque nada humano nos debe parecer ajeno en la época del narcisismo atroz de Instagram.

No sé ustedes, pero de corazón voy en esos barcos, me gusta pensar que vamos todas, todos, todes. Acompaño a mis paisanos aztecas con una sonrisa a lo lejos en un país que lucha por seguir siendo una república. No sé ustedes, pero me emociona que desde una Barcelona libre salga la Global Sumud Flotilla al rescate de los otros. No sé ustedes, pero me ilusiona vivir para ver no sólo pandemias, terremotos, tsunamis, apagones históricos, sino también el alzamiento de la dignidad humana en su mejor versión: la solidaria y la valiente. A Lestrigones y Poseidones no deben temer. No hay sirenas en el tiempo de las pantallas porque ya no es en el mar donde resuenan esos cantos.

Sí, esta una historia sobre Gaza y deseo que los mejores seres humanos no dejen de escribirla.

*Escritora

Alma Karla Sandoval