“Buenas noches a todos, me comunico con ustedes para darles esta información: el día de mañana, 16 de junio de 2023, cerraremos la autopista México-Cuernavaca en ambos sentidos y los kilómetros 28 y 25 de la carretera federal a Cuernavaca. Esto, con el fin de llamar la atención de las autoridades para parar la tala de montes ilegal ya que hasta el día de hoy, la jefa ambiental no ha hecho nada por parar este consumo excesivo e ilegal. Ayúdenos a compartir este mensaje. El día de mañana a las siete de la mañana ¡reunidos en el kiosco de San Miguel Topilejo para poder cerrar dichas vialidades! Gracias”.

Eso se escuchaba en un audio que comenzó a circular desde la tarde de jueves por las redes sociales, por lo que algunos decidieron salir más temprano o modificar sus planes para viajar hacia la Ciudad de México o, desde allá, a Cuernavaca.

Sin embargo, muchos otros -transportistas, camiones de línea o desprevenidos- quedaron atrapados en por lo menos dos grandes congestionamientos, uno en Morelos y el otro en la Ciudad de México.

Los supuestos vecinos de San Miguel Topilejo cumplieron su palabra y desde las 8 de la mañana cerraron el flujo vehicular entorpeciendo los planes de fin de semana de muchísimas personas que, aunque no viajaran por asueto, con toda seguridad no tenían pensado dedicar seis horas del viernes, bajo el sol avasallante de la temporada, para recorrer sesenta kilómetros.

Muchos automovilistas todavía recuerdan con espanto cuando recientemente los ejidatarios que se quejan de incumplimientos en la construcción de la autopista Siglo XXI taponearon la autopista de Cuernavaca a México, cuando las autoridades les “recomendaron” -sin dar oportunidad a oponerse- a que cambiaran su camino hacia la carretera federal, por la altura de Tres Marías, en donde fueron presa de bandas delictivas que los obligaban a detenerse a pedradas en los parabrisas.

Tanto los ejidatarios como los vecinos de Topilejo argumentan cuestiones razonables para “llamar la atención de las autoridades”, pero los daños colaterales son para los ciudadanos que no pudieron llegar a sus citas de trabajo, a las consultas médicas, a entregar su mercancía o llegar al hotel que ya habían pagado.

Ciertamente con estas protestas se llama mucho la atención, pero no siempre se concita la solidaridad de la gente. Y es casi seguro que “las autoridades” se vuelvan a olvidar del asunto después del trámite de mandar a algún representante para entablar mesas de diálogo, que generalmente no sirven para nada, como lo pueden atestiguar los propios ejidatarios de la Siglo XXI.

En el caso particular de ayer, el problema de la tala ilegal es uno que preocupa y ocupa a muchas organizaciones y gobiernos que han llegado a la conclusión de que la mejor forma de atacarlo es haciendo cumplir la ley y consiguiendo que por fin hagan su trabajo las dependencias encargadas de prevenir, perseguir y castigar a estos criminales.

Además, habría que aclarar una cosa ¿quién es “la jefa ambiental” a la que se refirieron los vecinos de Topilejo en su convocatoria? Tal vez sea a ella a la que hay que poner a trabajar para evitar nuevas antesalas del infierno como la que, nuevamente, vivimos ayer en la carretera.

La Jornada Morelos

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