Víctor Manuel González

Hoy en día vivimos inmersos entre retos de salud, medio ambientales y sociales. La falta de agua y la contaminación de los ríos y suelos agrícolas, las epidemias y enfermedades crónicas, la automatización de servicios públicos y la falta de empleo, la delincuencia, la desigualdad económica y social son solo algunos ejemplos. En conjunto los desafíos de esta época ponen en peligro nuestra sobrevivencia, pero también son una oportunidad para la creatividad y la innovación. Planteado así, podemos preguntarnos ¿cómo contribuir a desarrollar tales oportunidades? Para tener una respuesta, quizá primero habría que reconocer las limitaciones en nuestracomprensión de estos fenómenos. En segundo lugar, que,para entenderlos y acercarnos a una solución, tienen que ser estudiados bajo enfoques científicos multidisciplinarios. En cualquier caso, partimos del conocimiento científico previo, resultado de investigaciones realizadas en diversasinstituciones públicas que pueden guiar la búsqueda de soluciones apropiadas. Hay ejemplos de investigaciones sobre la contaminación bacteriana del Río Apatlaco, estudios sobre la incidencia del dengue y chikungunya en diversos municipios de Morelos, y estudios del estado nutricional de cohortes de habitantes, del crecimiento de la criminalidad y las adicciones, y varios más que contribuyen al conocimiento de nuestro entorno. No obstante, la magnitud de los problemas sobrepasa la capacidad de las instituciones académicas. En este sentido, la enseñanza de las ciencias en todas sus formas, desde la popularización del conocimiento científico hasta la educación formal en ciencias en la universidad puede contribuir a este fin formando nuevasgeneraciones de científicos, y una sociedad con mejor conocimiento de su entorno.

Aunque existe consenso en los sectores educativos y de la investigación científica, de la necesidad de incorporar la enseñanza de la ciencia en el currículo educativo en todos los niveles de enseñanza, en la práctica esto ha sido una tarea incompleta. Los profesores cada día se enfrentan a la realidad escolar: grupos numerosos y poco motivados en un contexto social económico y socialmente desfavorable. Además, duración limitada de los cursos, falta de material educativo adecuado, y de actualización pertinente al área de enseñanza y en los avances de la ciencia moderna. Una manera de cubrir este déficit, son las iniciativas de enseñanza a través de actividades de difusión, talleres y cursos organizadas por instituciones, academias y sociedad civil. Una de estas iniciativas ha sido el Diplomado Pensamiento Científico en el Aula creado por investigadores de la Academia de Ciencias de Morelos (ACMor) desde 2006 pero suspendido por varios años. El diplomado, recientemente retomado y coordinado en su nueva ediciónpor el Dr. Eduardo Ramos corroboró el gran interés y motivación de los profesores de enseñanza media en obtener conocimientos nuevos con la asesoría de investigadores de diversas instituciones de Morelos. Además, reveló la necesidad de utilizar medios digitales y demostraciones experimentales para impactar y motivar a profesores yalumnos. Pero quizá, lo más importante, es tomar nuevamente la relación entre docentes e investigadores en una tarea común: enseñar ciencia a las nuevas generaciones de estudiantes. A final de cuentas, la ciencia está más cerca de la sociedad de lo que se podría suponer, como lo mostraron los conferencistas en el cierre del diplomado el pasado 27 de mayo: acciones para prevenir en dengue con la participación escolar y municipal (Dr. Ángel Betanzos, INSP), los contaminantes químicos de agua y suelo derivados medicamentos desechados inadecuadamente pero que nadie ve (Dra. Marcela Ayala (IBT-UNAM), y ¿por qué no? disfrutar una sinfonía de Gustav Mahler, aprendiendo la física del sonido (Dr. Pablo Luis Rendón, ICAT-UNAM).

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La Jornada Morelos

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