«Policía brasileña allana grupo sospechoso de traficar migrantes a EEUU» (Associated Press), «Panamá multará con hasta 5.000 dólares a migrantes que crucen ilegalmente sus fronteras» (Reuters) y «Canadá permitirá menos inmigrantes, Trudeau admite que falló su política tras la pandemia» (Associated Press). Tres encabezados distintos e interconectados por su profundidad. Las notas van en contra del argumento de que no hay evidencia que indiqué que las políticas migratorias de un Estado receptor puedan modificar los flujos migratorios (Castles, 2004, p. 867). El contexto en el que Castles habla de esto fue con la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos de 1986 en donde pareciera ser que el efecto fue contrario. Casi 40 años después el argumento toma otra forma. Las estrategias de control de migración en todo el mundo han empezado a complejizarse, la gobernanza global como argumento y sus múltiples técnicas se despliegan por todo el continente y ¿Los flujos han empezado a reducirse o a disiparse? Aquí algunas notas.

Mucho se argumenta sobre la reducción drástica de los flujos migratorios en la frontera sur de Estados Unidos en la primera mitad del 2024 (USEMBASSY, 2024; Alvarez, 2024 y Pérez Gallardo, 2024). Se entre cerró la grieta que fue el sistema de asilo y refugio como mecanismo de entrada y selección de personas que solicitaban acceso a Estados Unidos bajo la protección del temor fundado y del parole humanitario. La forma en la que se cerró ese derecho internacional fue mediante la imposición de la aplicación CBP ONE. La medida obliga a las personas migrantes a, mediante una aplicación, solicitar cita en Estados Unidos para poder comenzar su proceso de acceso al derecho de asilo. Dicha aplicación no funciona sino en espacios específicos como Ciudad de México, Chiapas o en el norte del país. La restricción cambia según conveniencia de Estados Unidos.

No todo es el CBP, también existen otras maneras de contener la migración internacional que se pueden ejemplificar con los tres encabezados anteriormente mencionados. Por mucho tiempo las medidas de control migratorio de Brasil han sido menguantes, permiten la entrada por acceso aéreo a casi cualquier nacionalidad. Las facilidades de entrada en Brasil empiezan a tornarse cada vez más restrictivas (Fernandes, Claúdia Paíva, Miranda y Scavitti, 2024).

El gobierno brasileño, como en el resto de América Latina, comienza a reproducir discursos que aluden a la vulnerabilidad migrante. Uno de ellos es el famoso “discurso trafiquista”, que es una gran propaganda mediática organizada por los países europeos para parar la migración en Europa y otros países de inmigración (Yahya, 2020). Esto tiene serias implicaciones, pues es una forma de cerrar una de las zonas liminales o grietas existentes para el cruce global de fronteras.

Ecuador también empieza a restringir el acceso a su ciudadanía universal a personas provenientes de China (Zuzunaga Ruiz, 2024). La medida se justificó por el argumento de que se ve a Ecuador como una de las puertas de entrada para que las personas migrantes lleguen a la frontera sur de Estados Unidos.

En Centroamérica, Panamá es dónde se encuentra el paso de la Selva del Darién, por aquí miles de migrantes cruzan. El gobierno comienza a producir ilegalidades para cerrar dicho paso. La nota dice que las multas pueden llegar de los 300 a los 5 mil dólares. La producción de la ilegalidad es otra de las formas de contener y seleccionar personas en todo el mundo. La medida de imponer sanciones monetarias obliga al migrante a retornar a su país, a conseguir más dinero para el cruce y a intentar cruzar por espacios cada vez más peligrosos donde el acceso al Estado de derecho es casi nulo.

El caso de Costa Rica también se ha vuelto interesante en la región centro del continente, pues se han adoptado discursos negativos en torno al cruce de personas migrantes que van de evitar el cruce a militarizar los puntos clave. Algunos comentarios y medidas han sido propuestos por el mismo poder ejecutivo de dicho país.

El ejecutivo de Canadá afirma que durante la segunda década del siglo la política era “estabilizar las tasas de población”, ahora la política tiende a la reducción de dicha aceptación. De recibir casi medio millón de personas por año comenzarán a reducir sus controles a 395 mil para 2025, 380 mil para 2026 y 365 mil para 2027 (Associated Press). Esta medida también restringe las “cuotas de aceptación” del Estado de inmigración.

De esta forma el discurso trafiquista, la producción de ilegalidades y la reducción de las cuotas conforman, durante el mes de octubre de 2023 y sólo en estos países, una política internacional de migración. Faltaría ver la producción de discursos xenófobos en Costa Rica, la retroactividad del derecho de la ciudadanía universal en Ecuador, la militarización de México y muchos otros mecanismos más para comprender el complejo sistema de inmigración internacional que ha empezado a desplegarse.

En ese sentido, complementando el argumento de Castles (2004) sobre la política nacional y la inmigración, quizá la política migratoria de un solo gobierno no sea suficiente para cambiar los patrones migratorios. Sin embargo, es posible que una política internacional migratoria sí tenga las posibilidades de cambiar dichos patrones. No desde el origen o los problemas causales, sino desde el terror, la vulnerabilidad, la ilegalidad y el discurso. Pero quién sabe, uno nunca sabe cómo juega el movimiento.

*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

Víctor Villarreal Cabello