

Coordinación de Movilidad ¿un viacrucis adelantado?
Hace días uno de mis amigos nos comentó que recién había comprado un automóvil y tenía que darlo de alta, pues, solo tenía un permiso provisional que le dio la agencia. La vigencia del permiso era de un mes. El permiso era de un poblado del estado de Guerrero, pues le informaron que no había permisos en el estado de Morelos. Debo informar que mi amigo tiene ya 82 años.
El permiso para circular ya tenía 15 días de expedición, así que debía hacer el trámite de alta cuanto antes, para no estar en falta y ser multado. Me cuenta, que un lunes se levantó a las 6 de la mañana, con la intención de llegar muy temprano y ser de los primeros en hacer el trámite que calculaba gestionar en un par de horas, eso pensó.
Nos contó que llegó a la Coordinación de Movilidad minutos antes de las 8 a. m. Con sorpresa vio que ya había tres largas filas. Investigó cuál era la fila para el trámite de alta que una vez identificada empezó a subir escaleras cuesta arriba para encontrar el final de la fila, subió un piso, luego otro, y otro más hasta llegar donde estaba la persona que había llegado antes que él.
Apenas se había formado en la fila cuando le informaron que se habían acabado los folios, que volviera al día siguiente. No había más que decir, ni a quién acudir para que se le diera apoyo o preferencia como persona de la tercera edad y con problemas de movilidad física. Un administrativo de Movilidad le informó que se diera prisa para dar de alta su unidad, pues su permiso pronto vencería y ya no podría circular y además tendría que pagar tenencia.
Mi amigo viaja con frecuencia a la ciudad de México y no podría hacerlo con un permiso provisional del estado de Guerrero. Así que, al día siguiente, ya con la experiencia aprendida, llegó a Plaza Cristal antes de las 6 de la mañana, aún estaba oscuro.

Para sorpresa de mi amigo vio que había una larga fila en la calle, en las afueras de la oficina de Movilidad, algunas personas habían llegado desde las 3 de la mañana para poder alcanzar folio. Creo que corrí con suerte, dijo, pues alcancé el tan anhelado folio y con este, el aval de que me atenderían ese día.
Esta vez lo acompañó su esposa, pues debía hacer dos filas, una para pagar y otra para hacer el trámite. Alrededor de las 12 del día su mujer ya había pagado el derecho del trámite. La fila para las altas donde estaba formado mi amigo, avanzaba con lentitud desesperante, iban pasando en grupos de 6 u 8 personas.
A las 3: 40 de la tarde, logró por fin ingresar a las oficinas. Adentro, igual, otra larga fila le esperaba para fortalecer su paciencia, tolerancia y su hambre que ya hacía estragos en su estómago.
A las 6 y media, ya oscureciendo la tarde, después de 12 horas salió de las oficinas, teniendo casi como un trofeo una hoja de papel tamaño carta que tenía impreso un número de placa, un sello y una leyenda que decía: se autoriza circular sin placas, sin tarjeta de circulación y sin engomado, increíble.
En la ventanilla le informaron que volviera en mayo a ver si ya había placas, tarjetas de circulación y engomados. Con el permiso, en mención, no podría circular en la Ciudad de México. Molesto nos comentó “esto es una pifia, una tomada de pelo a los ciudadanos que cumplimos con nuestras obligaciones”.
Esta narrativa de un viacrucis adelantado me genera algunas preguntas: ¿es necesario hacer perder el tiempo tan lamentablemente en estos trámites? ¿Es justo que los más de 400 mil propietarios de automotores del estado pasen por este penoso viacrucis en la dirección de Movilidad y Transporte?
¿En plena revolución de la comunicación digital, es tan difícil agilizar estos trámites haciéndolos en línea? Una empresa privada ya habría resuelto el problema para dar la comodidad, eficiencia y satisfacción a sus clientes, pues de no hacerlo los perdería. Me cuesta trabajo, entender tanta ineficiencia, falta de creatividad, responsabilidad y respeto a la ciudadanía.

