Cuando se asume la actitud del avestruz

 

Tras la marcha de la generación “Z”, la presidenta Claudia dijo en tono molesto: “No nos vamos a rajar nunca… aquí estamos fuertes con el pueblo.” Añadió que en la manifestación había “mucho adulto, pocos jóvenes”, sin responder, pero sí minimizando un reclamo que no busca confrontar a la autoridad, sino evidenciar la falta de oportunidades de una generación que se siente sin futuro. La evasión a través de la descalificación o la victimización, en mi rancho se conoce como la actitud del avestruz.

La crisis de violencia no es una narrativa, es una realidad sentida por el pueblo y documentada por organismos nacionales e internacionales que evidencian que, incluso, hay regiones del país donde el crimen organizado se ha empoderado a tal punto, que son los cárteles quienes gobiernan en la práctica.

La respuesta federal a estos reclamos oscila entre el triunfalismo y un discurso que niega la ingobernabilidad. El avestruz esconde la cabeza, para no ver la realidad. Enuncio algunas realidades que se pretende ignorar:

El sistema de salud. La falta de medicamentos y suministros es uno de los reclamos más persistentes. El ciudadano común los sufre a diario cuando llega con una urgencia al sistema de salud y le dicen que “no hay especialista, no se tiene el medicamento, no hay suministros”. Aunque la narrativa oficial intenta ocultar la realidad bajo un discurso optimista, que se atreve a decir, que se tiene el mejor sistema de salud del mundo.

Los productores agrícolas, al no tener respuesta satisfactoria a sus reclamos, bloquean carreteras en diferentes estados, exigiendo precios justos para el maíz, certidumbre en los mercados y apoyo real. Para justificar o negar el problema, se les descalifica, diciendo que son “manipulados” o que su movimiento está “politizado”.

Los transportistas, por otro lado, ante la sordera oficial, también se movilizan, presionando con bloqueos en diferentes partes de la república, como una medida desesperada para llamar la atención del gobierno federal para que escuche sus reclamos de seguridad en los caminos nacionales. Hace unos días convocaron a un bloqueo nacional al que se sumarían también los productores agrícolas.

Los jóvenes de la generación Z también se organizan para reclamar por un presente y un futuro incierto. Piden empleo, seguridad, vivienda accesible, movilidad social. La generación “Z” no salió a las calles para “vencer” al gobierno, sino para gritar algo muy concreto: queremos un futuro. Desoír esas voces, es ampliar más la fractura social.

Mientras se minimizan los reclamos, la preocupación ya trascendió al ámbito internacional. Organismos nacionales e internacionales, así como muchos pensadores, advierten que la actual acumulación de tensiones tiene un símil con el movimiento del 68, dadas las coincidencias enmarcadas bajo un mismo patrón caracterizado por un reclamo simultáneo de varios sectores y un gobierno que niega el problema.

En el 68 fue la Olimpiada; hoy es la antesala del Mundial. Las condiciones no son iguales, pero la advertencia histórica es clara: la acumulación de tensiones, si no se atienden, crece y puede desbordarse.

Gobernar no es resistir reclamos ni vencer adversarios imaginarios. Gobernar es atender, escuchar, corregir y proteger. Cuando un gobierno asume la actitud del avestruz, lo que intenta ignorar crece: la violencia, el desabasto, el enojo social, la desesperanza de los jóvenes y la incertidumbre de los productores y los transportistas.

La metáfora del avestruz nos invita a reflexionar que el país no se gobierna negando la realidad, sino reconociendo las fortalezas y debilidades, y mirando la realidad de frente, por incómoda que esta sea. ¿Usted qué piensa?

José Antonio Gómez Espinoza