Morena, ¿cuánto queda del sueño original?

 

Cuando nació Morena, muchos mexicanos lo celebramos y lo vimos como la esperanza de una verdadera transformación. Creímos posible la utopía: había llegado a su fin el nepotismo, tendríamos un gobierno austero, ya no se endeudaría más al país, tendríamos salud universal y de calidad, por fin habría igualdad y redición de cuentas y sabríamos cómo se gasta el dinero de nuestros impuestos y más.

El lema era contundente: “Primero los pobres”. Pero tras seis años de la llamada Cuarta Transformación, primero con López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, está llegando el desencanto. Lo que hoy podemos observar es una serie de contradicciones que erosionan el ethos fundacional del Movimiento Morena.

Una de las promesas más repetidas fue no endeudar al país. Sin embargo, AMLO recibió una deuda pública superior a los 10 billones de pesos y la dejó en más de 17 Billones. El déficit alcanzó cifras históricas, pues el gobierno gastó muy por encima de sus ingresos y recurrió a financiamiento interno y externo para cubrir el gasto corriente, los programas sociales y obras faraónicas. En este contexto, surge una duda, ¿qué tan sostenibles son los compromisos sociales si cada vez más presupuesto se destina a pagar intereses?

También se prometió un sistema de salud “como el de Dinamarca”, que ante las críticas, AMLO dijo que sería aún mejor. La realidad es muy distinta: hay desabasto de medicamentos, falta de personal y retrasos en la atención. Los indicadores muestran deterioro en lugar de avances. La distancia entre el discurso y la vida cotidiana de millones de mexicanos es evidente. No se puede tapar el sol con un dedo

El combate al nepotismo fue otro compromiso central. Sin embargo, la reciente ley antinepotismo impulsada por Sheinbaum, debido a intereses internos de Morena, los legisladores desoyeron la visión ética de la presidenta y pospusieron la propuesta hasta 2030. Mientras tanto, en estados como Veracruz y Durango, las candidaturas de familiares de políticos siguen vigentes. Este aplazamiento revela que las reformas son más cosméticas que estructurales.

En el terreno de la corrupción, que también fue un compromiso el desterrarla, en días recientes se hizo público, el caso del huachicol fiscal que sacudió incluso a la Secretaría de Marina, considerada uno de los cuerpos más confiables e incorruptibles. Se denunciaron redes de contrabando de combustible que involucraron a marinos, empresarios y funcionarios, con acusaciones de encubrimiento y más. Estos episodios erosionan la narrativa de un gobierno incorruptible.

Internamente, Morena también está sufriendo un desgaste. Las tensiones entre clanes y figuras encumbradas, empeñadas en heredar cargos a familiares, contradicen la idea de renovación democrática. A nivel legislativo, la obtención de mayorías absolutas se ha traducido en reformas impuestas por fast track, sin debate amplio, debilitando la práctica parlamentaria.

Hoy vemos un partido que concentra poder, acumula deuda, tolera nepotismo, y lidia con escándalos de corrupción. Sus instituciones, lejos de acercarse a estándares de países avanzados, muestran rezagos graves. Reformas pospuestas, discursos grandilocuentes y cláusulas dilatorias refuerzan la sospecha de que la transformación ha sido devorada por la lógica del poder.

Si Morena quiere recuperar la legitimidad original, no bastan los discursos. Será necesario, entre otras acciones, abrirse a la transparencia, sancionar la corrupción sin excepciones, aprobar reformas efectivas, cumplir sus plazos, y sobre todo, asumir la autocrítica con honestidad. De lo contrario, lo que nació como esperanza quedará como otra oportunidad perdida en la historia política de México. ¿Usted qué piensa?

José Antonio Gómez Espinoza