José Manuel Meneses Ramírez[1]

El liberalismo de Richard Rorty es una propuesta política que se erige desde la esfera de lo privado. Desde el ámbito privado se construye el espacio público en círculos concéntricos que van ampliando un tejido social garantizado por la fuerza del diálogo y por lo que el filósofo norteamericano denomina la “conversación infinita”. De tal modo, la ciudad es un círculo que garantiza su unidad desde la solidaridad emergente en lo micropolítico y no al revés, es decir, la unidad del espacio público no proviene desde las alturas de lo macro, como puede ser un acto constituyente, sino desde los lazos que traban los individuos desde la esfera familiar y comunitaria.

Para lograr este proyecto, Rorty hace uso de las humanidades y su arsenal narrativo, de su poder de descripción y sus capacidades de movilidad, de tal forma habla de estetizar el espacio público, de atrevernos a construir utopías desde nuestros entornos más cercanos y lejos de los discursos oficiales. En este sentido el pensador norteamericano es un filósofo heterodoxo. Muchas veces criticado por la derecha y otras tantas por la izquierda norteamericana: conservadurismo, dogmatismo disfrazado e incluso imperialismo diluido en una neutralidad que engaña. Todo esto es comprensible si pensamos que su propuesta enfatiza la importancia de una política no institucional. A primera vista su filosofía política se muestra abierta, optimista y plural ante la construcción de un mundo más cercano a ese que siempre soñamos y en el que a decir suyo todo liberalista promueve: un mundo en el que exista menos sufrimiento.

Su concepción del liberalismo y el papel del individuo son de suma importancia para reflexionar en torno a los poderes centrales –las grandes instituciones gubernamentales- que parecen engullir al individuo, así como sobre la izquierda en su incesante transición hacia esquemas dogmáticos, cuestión que en toda América latina es frecuente; incluso, a partir de la propuesta política de Richard Rorty podemos pensar la posibilidad de una justicia social a partir del eje de la sensibilidad. Todos estos temas de importancia vital para una realidad como la mexicana que sufre el desencanto político ante una transición democrática que revela sus conflictos y que se presenta, hoy por hoy, como un proyecto de transformación difícil de terminar. La repetitiva promesa de cambio se ha topado de golpe con el muro de la mismidad, así la sabiduría del emperador estoico de la decadencia romana indicaba que en política los extremos se tocan, izquierda y derecha son una y la misma cosa. Quizá podemos responder apelando a Gaetano Mosca, son una y la misma cosa: la clase política, quizá por eso su comportamiento es tan consistente: enriquecimiento, uso ideológico de ciertos principios asociados con el pueblo, promesas sin sentido, falsas pertenencias a las comunidades y la chocante imposición de sus jóvenes herederos que garantiza la continuidad de sus linajes.

Bajo esta perspectiva, Rorty nos permite remontar la tradicional separación entre pensamiento de izquierda o de derecha, liberal o conservador, con buenos o malos principios, serán tratados de igual forma, desde el momento en que se sirven de construcciones discursivas para imponer una particular manera de entender la sociedad. Esto debido a que en nuestro contexto las técnicas de envilecimiento se han perfeccionado, penetrando incluso los discursos de izquierda; es decir, se ha montado una maquinaria diseñada para fabricar léxicos con pretensiones de validez universal, se requiere un pensamiento que levante la voz justo cuando los principios desatan su fuerza e imponen su feroz ordenamiento. De la misma manera, Rorty propone una Utopía en la que, libres de principios, podamos poner en marcha las fuerzas de creación que avivan nuestro ser: percatarnos de la contingencia del yo, del lenguaje y de toda comunidad posible.

De esta manera, junto con Rorty podemos darnos cuenta de que nos enfrentamos a una realidad fundamentada en última instancia por un dogma, sea cual sea su linaje; ya religioso, ya científico o filosófico, que de buenas a primeras exige reconocimiento e inaugura realidades, políticamente hablando este proceder va, constantemente, negando la posibilidad de expresión de lo contingente inscrito en los individuos: la diferencia, el diálogo y más importante –para Rorty- la conversación. Es necesario pensar una vía alterna, por la cual lo político y el Estado en su fuerza homogenizante permitan, cual irrupción de una fuerza centrífuga, que el individuo se manifieste, desde la certidumbre de sus necesidades en su esfera inmediata. Desde la teoría política se entiende ésta como una exigencia de privatización de lo público, como una respuesta a la omniabarcante publicitación de lo privado exigida hasta no hace mucho por las izquierdas más representativas. El problema para el filósofo de lo político es siempre el mismo: la mejor manera de conjugar el núcleo control-autoridad-público con el núcleo libertad-individuo-privado y es precisamente sobre este punto que Rorty optará por el individuo y lo privado de una manera novedosa. De este modo, se apela por una postura liberal heterodoxa, con el único objetivo de garantizar la posibilidad de una conversación interminable entre los diferentes léxicos contingentes.

Sí, en efecto, as instituciones públicas en la modalidad del liberalismo burgués son necesarias para garantizar el proyecto metafórico de autocreación política que el individuo ha de emprender. Replegándonos a la fuerza de estos círculos concéntricos de lealtad y empatía el Estado-nación encontraría nuevos bríos, así, un Estado-nación que parecía liquidado, es revivido por un elemento meta-formal, meta-institucional: la empatía, la lealtad, el dolor, la esperanza y la capacidad de las personas que le dan vida, en fin, un anclaje profundo y espontáneo actuaría como la condición de posibilidad de una auténtica comunidad: la constitución de un nosotros que constituye desde abajo, desde las calles y más allá de la superficialidad de los grandes actos montados por el escenario político.

Richard Rorty. Imagen: psicologiaymente.com

  1. Filósofo y politólogo, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos.

José Manuel