

El sonado escándalo en torno al predio que fue de Antonio Ortiz Mena, ubicado en la esquina de las calles Hernán Cortés y Santa Prisca en la colonia Reforma, nos remite a reafirmar que son muchos frentes los que enfrenta Cuernavaca en su vida cotidiana, que van desde el deterioro de la ciudad a la inseguridad pública, también a mejorar los servicios públicos, así como a fomentar el desarrollo económico y por supuesto a recuperar el turismo extranjero. A todo lo anterior se añade la defensa del medio ambiente. Es una ironía que nuestra toponimia precortesiana sea un frondoso amate, mientras los árboles de la Eterna Primavera son talados para dar paso al concreto.
En las redes sociales y medios de comunicación, circulan un par de fotografías que muestran una vista área de la propiedad de Ortiz Mena, la primera de 2023 cubierta por las copas de los laureles, la segunda de reciente fecha muestra un páramo yermo, cubierto de tierra. Los miembros de la asociación religiosa que adquirió el predio tienen el Derecho a edificar sus templos y a profesar su fe, pero a lo que no tienen potestad, es a arrasar con el medio ambiente de la ciudad, a apropiarse de la vía pública y pretender dar gato por liebre, con la “generosa donación” de un espacio público que ni remotamente podrá resarcir el ecocidio ya cometido.
La historia reciente de Morelos da cuenta de no solo de la reticencia de esta asociación religiosa para observar los más elementales principios de civismo, sino también de otros ecocidios que han quedado en la más absoluta impunidad. Resulta que cuando Don Antonio Riva Palacio fue gobernador, un grupo de miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pidió audiencia con el gobernador. Don Antonio, los recibió y los mormones entonces le solicitaron toda clase de apoyos para expandir su red de templos en territorio morelense. Riva Palacio, jurista y de espíritu republicano, les aseguró que les daría todo el apoyo, siempre y cuando cumplieran con las leyes mexicanas y sobre todo con el calendario y las ceremonias cívicas, a partir de entonces, los mormones jamás volvieron a buscar al gobernador.
En el año 2001, con motivo del remate del predio que fue del Casino de la Selva, ciudadanos cuernavacenses constituyeron el Frente Cívico Pro-Defensa del Casino de la Selva. El colectivo buscó salvar un importante pulmón de la ciudad, pero también el patrimonio artístico y cultural de Cuernavaca. Sergio Estrada Cajigal, movido por la frivolidad y otros intereses, no solo desperdició la oportunidad de apoyar a una iniciativa que hubiera cambiado la historia y la calidad de vida de la ciudad, sino que con brutalidad reprimió por medio de la policía estatal a los ciudadanos. No pocos terminaron como presos políticos en Atlacholoaya, fueron entonces defendidos y liberados por José Luis Urióstegui Salgado. Los grandes árboles, los vestigios arqueológicos y el manantial del Casino de la Selva junto a los valiosos murales, se perdieron para siempre.
Hoy, con la feroz tala en el predio que fue de Ortiz Mena, se corre el inminente riesgo de que se repita la historia del Casino de la Selva. pero afortunadamente existe una pequeña luz de esperanza que se traduce en que quien fue abogado de los miembros del Frente Cívico Pro-Defensa del Casino de la Selva, no solo es un hombre interesado en el rescate de espacios públicos, sino que es el actual alcalde de Cuernavaca. Más allá de cualquier consideración política e ideológica, nadie puede negar que Antonio Ortiz Mena fue un funcionario y mexicano ejemplar. El notable abogado y economista, enderezó al IMSS en el periodo de Ruiz Cortines y como Secretario de Hacienda entre 1958 y 1970 fue el arquitecto del Desarrollo Estabilizador que dio a México, junto con el porfiriato, su mayor etapa de prosperidad y crecimiento económico. Dicen quienes saben de economía, que de no haberse interrumpido el “Milagro mexicano” la economía del país hoy podría equipararse con la de Australia o Canadá.

El medio ambiente para una ciudad como Cuernavaca no es un tema que se debe tomar a la ligera. Señales de alarma se manifiestan en el calentamiento global, la falta de agua, en la anarquía urbana y por supuesto en la tala inmoderada. Las acciones en defensa de nuestro entorno natural deben ser prioritarias y contundentes. El castigo a quienes cometen delitos ecológicos no puede quedar en la impunidad. En un gesto de altura política, en el 2006, el PAN propuso a Ortiz Mena, a pesar de que fue priista, para recibir la medalla Belisario Domínguez, la cual fue finalmente entregada a título post mortem en el 2009. Ahora en Cuernavaca, el PAN gobierna y sería oportuno replicar otro gesto de altura, convirtiendo dentro de los mecanismos que contempla la ley, el terreno que fue de Ortiz Mena en un parque público que lleve su nombre, impidiendo también el robo de la calle Santa Prisca, pero, sobre todo, evitando la consumación de otro atentado como el del Casino de la Selva.
*Escritor y cronista morelense.

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