La trampa en la renovación del comité estatal de Morena

 

El dirigente de facto de Morena asegura que no se irá el 16 de noviembre, fecha en que está programada la elección de vacantes del Comité Directivo Estatal del partido; y advierte que la renovación del comité estatal sólo operará para las carteras vacantes. Con ese argumento y aprovechando la confusión que provocó la poco clara enunciación de las reglas del relevo en la asamblea morenista del domingo pasado.

En la asamblea informativa se estableció que se renovarán los espacios vacantes, el Consejo Estatal del partido será el órgano responsable de seleccionar a los nuevos dirigentes de entre sus propios miembros, pero adicionalmente, tendrían que dejar el consejo quienes tengan cargos en el gobierno federal, estatal, en los ayuntamientos o en los congresos.

La regla no sería tan confusa de no ser porque el comité y el consejo estatal de Morena en Morelos están hechos un tremendo embrollo. El ejemplo más claro de ello es la presidencia del comité estatal que legalmente está vacante, Ulises Bravo fue descalificado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y después restituido por el exdirigente nacional, Mario Delgado, mediante la figura de delegado en funciones de presidente; es decir, el espacio está vacante pero no está vacante en una figura que dejaría confundido hasta al gato de Schrödinger. Otro asunto es que muchos de los integrantes del consejo estatal ocupan desde hace mucho tiempo, o apenas se ubicaron en cargos gubernamentales.

Por ejemplo, la presidenta del Consejo Estatal de Morena es ahora directora del DIF estatal, Mirsa Berenice Suárez Maldonado; otros más son funcionarios municipales, estatales o representantes populares, así que estarían eliminados de la competencia desde ya, lo que dejaría un consejo probablemente insuficiente para votar y designar a quienes ocuparían las carteras vacantes en el comité.

Por supuesto que, como suele ocurrir en el partido, todos estos casos de duda, confusión y hasta imposibilidad práctica, se trasladan a la dirigencia nacional para su solución, una que acostumbra a ser bastante ajena al anhelo de las bases.

En efecto, pareciera que la dirigencia nacional de Morena no vino a Morelos a ofrecer una solución al desorden estructural y la fragmentación interna del partido, sino a tender una trampa en la que han caído todos los grupos internos, convencidos de que ahora sí se les hará justicia y sus intereses de facción quedarán digna y fácticamente representados por un nuevo presidente o por la mayoría de las carteras del comité.

El enredo empeora si se considera que la correlación de fuerzas en el partido ha cambiado profundamente desde la elección de su dirigencia en el 2022. En aquél entonces, la actual gobernadora, Margarita González Saravia, apenas empezaba a figurar en la discusión de los liderazgos visibles del partido, que por entonces aún eran controlados o por lo menos eso se creían por el exgobernador, Cuauhtémoc Blanco, y el exsenador, Rabindranath Salazar Solorio, cuyos grupos habían desplazado a los militantes históricos de la izquierda, y a los jóvenes morenistas que respaldan a la gobernadora de Morelos.

La lucha entre los Ulises y los Rabines ha sido superada y ahora todo indica que el asunto se centrará entre quienes apoyan a la gobernadora, Margarita González Saravia, y quienes respaldan al senador, Víctor Mercado Salgado, excolaborador de Cuauhtémoc Blanco y facilitador de Ulises Bravo y empecinado en ser, a como dé lugar, gobernador de Morelos. El problema real es que, en el Consejo Estatal de Morena, ni los apoyadores de la gobernadora, ni los del senador parecen alcanzar la mayoría que requerirían; así que deberán tejerse alianzas novedosas para que la operación del partido favorezca a la administración de González Saravia o al proyecto electoral de Mercado Salgado quien continúa fuertemente vinculado al exgobernador.

Dado que a diferencia de sus antecesores la gobernadora y su equipo están decididos a gobernar y no a apoderarse de las estructuras electorales, la ventaja en la carrera por la dirigencia estatal de Morena parece tenerla el senador. Pero acá es donde el asunto se pone bueno porque el resto de los grupos morenistas están convencidos de que un partido controlado por Mercado aplastaría, o por lo menos estorbaría mucho sus aspiraciones políticas, así que vuelven a tomar relevancia los liderazgos regionales y lo que estos puedan hacer para construir un frente junto con el equipo de la gobernadora a fin de por lo menos igualar la balanza.

La gobernadora, por cierto, no está participando activamente en la política interna del partido desde antes de asumir el cargo bajo dos principios, uno eminentemente personal el de ser gobernadora para todos los morelenses y por ello estar éticamente limitada a manejar el partido; y otra la línea nacional que la presidenta Claudia Sheinbaum estableció al “poner en pausa” su militancia partidista. Margarita González Saravia no (como se decía en el pasado) la primera morenista del estado y eso es bueno para Morelos, pero probablemente a sus partidarios en Morena les resulte en no tener la sin duda enorme ventaja que les daría la presencia de la gobernadora en su proyecto.

Por lo pronto, las bases de Morena pueden empezar a preocuparse, el futuro inmediato se ve muy complicado y la posibilidad de que la alianza de Ulises y Mercado dure hasta el 2027 es clara y real; porque la aparente trampa del Comité Ejecutivo Nacional está justamente en el método de elección que revive a la correlación de fuerzas que se tenía hace dos años y, nuevamente, se olvida de los verdaderos militantes. ¿Fue un accidente o se hizo con toda intención? Si pudiéramos responder a esa pregunta sabríamos, incluso, cómo resolverá la dirigencia nacional este desaguisado.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos