
Las epístolas de la UAEM
Aunque son bastante pocos, hay diálogos epistolares que cambiaron al mundo o, por lo menos, la forma de pensar de algunos sectores sociales (básicamente identificados porque sabían leer). En el listado de estos intercambios de cartas están las de Albert Einstein con Sigmund Freud; Hanna Arendt y Martin Heidegger; Alfonso Reyes y Genaro Estrada; Marguerite Yourcenar y Silvia Baron Supervielle; Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero; Gustave Flaubert y George Sand.
Porque la gente que piensa, cuando no puede dialogar en directo no se agarra a mamporros, sino escribe correspondencia para hacer pensar al otro y, desde la frialdad de los escritorios separados, construir consensos. Se trata de otra forma de conversación, mucho más lenta y pausada, pero que resulta también interesante, tanto que hay un género literario completo dedicado a las epístolas.
Así que decir que el diálogo en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos está totalmente roto es, por lo menos, una inexactitud propiciada, probablemente, por la pasión de la inmediatez que caracteriza a los medios y la sociedad contemporáneos. Existe un diálogo, aunque sea de forma escrita. Y aunque parece más un cortejo en que la administración invita a platicar en directo y la autollamada “resistencia estudiantil” alarga los plazos para alargar el coqueteo, lo cierto es que los puentes están tendidos y la inevitable charla en vivo y directo parece bastante próxima.
Eso sí, a diferencia de otros diálogos epistolares mucho más reveladores, el que mantiene la comunidad universitaria está, evidentemente, calculado en términos políticos y legales (no vaya siendo). Rectoría, directores, consejeros universitarios académicos, encargados de despachos han tenido el cuidado de revisar cada una de las palabras que ponen en el papel. También lo han hecho las y los alumnos en sus dos representaciones visibles: la resistencia estudiantil y la Federación de Estudiantes Universitarios; aunque en ellos de vez en vez aparece el contenido oculto de reproche sincero, especialmente entre ellas.
Entre Fito y La Bersuit

Hasta ahora, es cierto, el diálogo universitario parece desacompasado. Las autoridades universitarias, como siempre, parecen seguir a Fito Páez convencidos de que no todo está perdido vienen a ofrecer su corazón. “No será tan fácil, ya sé qué pasa; no será tan simple como pensaba” y todo aquello en el himno ochentero del roquero argentino. La paciencia y respiros que la UAEM se toma para hacer las cosas bien son características no sólo del pensamiento racional, sino también de la complicación para mover estructuras burocráticas universitarias que piensan como revolucionarias, pero son profundamente conservadoras.
Enfrente están los estudiantes, particularmente los de la resistencia que por el momento parecen ser muchos más en tamaño y representatividad que la FEUM. Ellos, como la juventud suele ser, parecen mucho más desesperados siguiendo aquella de La Bersuit, “yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades, y el tiempo no para”. Por eso los plazos de seis meses para, una vez implementado, el Plan Integral de Seguridad Universitaria les han parecido demasiado tiempo y por ello mantienen una toma de instalaciones que, paradójicamente alarga la posibilidad de responder a sus demandas.
El problema básico, según ellos mismos exponen en una de sus cartas, es que no tienen aún definido un pliego integral de demandas. Y uno podría escandalizarse ante ello, pero, viendo la crisis de representatividad de la FEUM que legal pero ilegítimamente presentó un pliego petitorio muy general que la mayoría de alumnas y alumnos desconoció; los de la resistencia parecen estar dispuestos a tomarse su tiempo para incluir en el documento a discutir con las autoridades universitarias todo lo que propongan los alumnos de cada una de las escuelas, facultades e institutos, así acaben con un pliego petitorio de doscientos o más apartados.
La diferencia de ritmos semánticos, sin embargo, puede resolverse sin mayores problemas en las próximas horas o días, tanto el estudiantado como las autoridades universitarias han mostrado voluntad para acercarse y mantener el diálogo que, de epistolar, pronto se convertirá en un ejercicio directo de reencuentro de la comunidad universitaria. Algo que a muchos que apostaban al quiebre universitario podría doler mucho pero que solo demostrará la habilidad de las universidades de regenerarse y superar los retos más complejos.
El tiempo y las cartas como mecanismo de despresurización
Cada carta en el intercambio de la comunidad universitaria ha servido no solo para enfriar los caldeadísimos ánimos de algunos frente a la situación de violencia e inseguridad que llevó a las protestas estudiantiles; también ha generado una pausa suficiente para que los agentes externos que han buscado agravar la crisis en la UAEM, reorienten sus baterías hacia actores más políticos. Otra ayuda para despresurizar y favorecer la pronta solución del conflicto que mantiene aún sin clases a la institución.
Lo que a la UAEM le urge son soluciones, y ellas no se construyen mediante el descabezamiento de autoridades (no es hacer pozole, sino comunidad y academia); y mucho menos interpretando dolosamente procesos internos universitarios; se trata de construir y eso no se puede, ni debe hacer sobre ruinas.
Mientras tanto, hay que conceder lo bueno de eliminar los riesgos de la ira y la irracionalidad con la siempre elegante práctica de escribir cartas a alguien más que los Santos Reyes.
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