

¿Y quién para el IEBEM?
Por su origen y diseño institucional, pero más porque las administraciones estatales no tenían el interés (o la valentía) por atender directamente a los trabajadores de un sector tan complejo y crítico, el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos había funcionado como una suerte de ente autónomo, aunque simulaba ser parte del gobierno del estado y estar sectorizado a la Secretaría de Educación.
El arreglo convenía a todos. Los secretarios de Educación no estaban obligados a ocuparse más que se los subsistemas educativos menos complejos, nivel medio superior, capacitación para el trabajo, universidades tecnológicas; los gobernadores posaban de cuando en cuando con los maestros de nivel básico y su sindicato, y el sector estaba en paz, aunque su operación era profundamente cuestionable.
Lo era porque se tenía (y aún ocurre) un sistema educativo roto, el nivel básico “formaba” un tipo de alumno que difícilmente respondía a los requerimientos del nivel medio superior. Claro que tampoco funcionaba el mando de los secretarios de Educación que, teniendo a su cargo los sistemas de bachillerato tampoco acertaban a formar estudiantes lo bastante aptos para el ingreso a licenciaturas (salvo por casos virtuosos muy específicos en los que, por cierto, ha sido fundamental el apoyo familiar).
En términos generales, los niños morelenses salen del nivel básico sin las habilidades matemáticas elementales; también son deficientes en comprensión lectora, pensamiento lógico, fundamentales para cursar el nivel medio superior. La división estructural del sistema educativo es parte del problema al complicar la coordinación para formar algo que a cualquiera debería parecerle lógico: la educación básica tiene que resultar en alumnos aptos para el nivel medio superior, que a su vez deberá formar gente capaz para los niveles técnicos y superior, que tendrán que egresar ciudadanos capaces para integrarse a la sociedad y aportar a su desarrollo.
Claro que el problema no es privativo de Morelos, a lo mejor tampoco de México; pero lo que nos ocupa ahora es lo que ocurre en esta tierra, y lo cierto es que el aislamiento del IEBEM ha acendrado los problemas no sólo de articulación en el sistema educativo; sino también otra colección de obstáculos estructurales que se han heredado en un esquema que privilegia lo administrativo sobre lo sustantivo, la burocracia sobre los aprendizajes, las rutinas sobre los resultados.

Lo cierto es que el servicio educativo en México sigue poniendo al centro al docente con todas las ventajas y vicios que ello puede tener. El sistema se carga sobre el papel del docente y a cambio de una colección de muy relativos “privilegios”, le obliga a cargas administrativas importantes que estorban a sus procesos de actualización y capacitación.
Al no considerar al usuario del sistema como el actor fundamental, los niveles de satisfacción del estudiantado son irrelevantes, lo mismo que sus índices de aprovechamiento; esto ha profundizado el alejamiento de las y los alumnos del proceso formal de enseñanza, y la pérdida de la percepción de pertinencia del sistema educativo.
Agitar las aguas, pero con inteligencia
Por supuesto que, en un esquema lleno de problemas estructurales, era fundamental una sacudida.
Lástima que la del viernes pasado no tuvo un objetivo profundo como el que debiera plantearse para la educación en Morelos. La destitución de Leandro Vique Salazar de la dirección del IEBEM fue un asunto mucho más doméstico de lo que es verdaderamente necesario para que la educación en Morelos deje de ser una colección de bodegas de niños y se convierta, de una vez y en adelante, en una institución formadora y transformadora para el estado.
Vique Salazar salió por tres motivos relevantes sólo en el terreno político-administrativo; acusaciones de actos de corrupción cometidos por sus colaboradores, conflictos con los grupos formadores de maestros y disputas de poder con la sección 19 del SNTE. Porque en en términos de política educativa, Vique Salazar no es un revolucionario sino un fuel siervo del sistema establecido y será reemplazado, seguramente por otro servidor sin mayores ambiciones de cambio para la educación morelense.
Para suplirlo de manera provisional, la Secretaría de Educación designó a Raúl Aguirre Espitia, un abogado con experiencia en la administración de Colegio de Bachilleres. Datos relevantes, Cobaem tiene en Morelos 23 centros educativos, 14 planteles y 9 módulos de educación a distancia; y poco más de 600 trabajadores docentes y administrativos. El IEBEM administra o supervisa más de tres mil escuelas y por lo menos 21 mil trabajadores activos y 13 mil jubilados. El grado de complejidad del sistema hace pensar que Aguirre Espitia estará poco tiempo en el IEBEM.
¿Y quién para el IEBEM?
Por supuesto que lo ideal para el Instituto de la Educación Básica es tener un director con un espíritu positivamente revolucionario, que se atreva a hacer los cambios que el sistema requiere para formar mejores estudiantes. Pero también hace falta que conozca al sector educativo, a los maestros; que tenga conocimiento administrativo para que no lo lleven al baile (como a otros); y talento político para entender el impacto de sus decisiones y la dirección que deberá tomar la educación en Morelos.
De esos hay muy pocos, pero existen, sólo hay que buscarlos.
@martinellito / martinellito@outlook.com

