

La casa de Noroña pone en jaque a la política morelense
La propiedad del senador Gerardo Fernández Noroña en el bosque del Pueblo Mágico de Tepoztlán ha provocado un escándalo político que no se puede descalificar, como pretende la insensible presidenta de Morena Morelos, Mirsa Berenice Suárez Maldonado, acusando una campaña de la derecha; ni como han intentado algunos, remitiendo el asunto a otro nivel de gobierno para que nadie vea donde quedó la bolita. Se trata de un asunto que pone en peligro político y riesgo simbólico todo el proyecto de reordenamiento para la zona metropolitana y hace parecer selectivas las acciones de protección ambiental emprendidas entre los gobiernos federal, estatal y municipal y que incluyen clausuras a obras en desarrollo en la zona protegida.
Porque el problema mayor no la personalidad del senador (ese es un agravio aparte). La camorra no debiera distraernos de lo importante: conforme a los comuneros de Tepoztlán y el propio ayuntamiento, la propiedad del senador está en el Área Natural Protegida, no podría entonces tener un uso habitacional, y más allá, no debió construirse.
El cómo haya adquirido la casa y si le alcanza con sus recursos es un tema aparte que el senador tendría que resolver si se le acusa formalmente. Lo verdaderamente importante para Tepoztlán y para Morelos es que las propiedades ubicadas en el área tienen un impacto negativo sobre el ecosistema en la región, por lo que debieran ser demolidas y remediados y restituidos los terrenos donde se ubican.
El alcalde, Perseo Quiroz Rendón ha encabezado acciones de protección a la zona que incluyen la clausura de múltiples obras que se edificaban ilegalmente en el Parque Nacional El Tepozteco, para ello ha contado con el apoyo de las procuradurías estatal y federal de Protección al Ambiente. Esas acciones corren el enorme riesgo de parecer selectivas en tanto continúa el escándalo de la casa de Fernández Noroña. Y la selectividad en la aplicación de la norma hace incurrir a las autoridades en responsabilidad política y penal, más allá de lo poderosos que pudieran ser los sujetos a quienes se debe sancionar o cuyas conductas tendrían que ser ordenadas.
La gobernadora, Margarita González Saravia anunció hace apenas unos meses (su administración no ha cumplido un año), un proyecto de reordenamiento territorial para la zona metropolitana en el que el municipio de Tepoztlán fue incluido unas semanas después de que se iniciaran los trabajos con Cuernavaca, Huitzilac, Emiliano Zapata, Temixco y Xochitepec. También impulsó sanciones mayores para quienes provoquen incendios forestales que busquen modificar el uso de suelo; y acciones de contención en las invasiones de áreas naturales protegidas que incluyen, por ejemplo, la eventual construcción de un muro en la zona de El Texcal (entre Jiutepec y Tepoztlán), área sujeta a constantes invasiones.

Toda esa política de protección y eventual remediación al medio ambiente está en juego por un asunto que, además de profundamente simbólico, significa un daño evidente al área protegida, una burla a la conservación y un riesgo de que se repitan las invasiones.
La casa de Fernández Noroña, entonces, significa mucho más que una mancha adicional al expediente personal del senador a quien muchos se obstinan en proteger, o cuyas atrocidades pretenden pasar por alto. Se ha vuelto un asunto que pone en jaque la política ambiental del municipio que estaba empezando a notarse sólida por primera vez en décadas; pero también la de la administración de la gobernadora que la tiene como uno de los ejes fundamentales de su proyecto de gobierno.
Ave de tempestades, lo que sea que eso signifique, el senador más por un irreflexivo o ignorante desplante que por un cálculo político serio, ha puesto en jaque la política morelense que deberá, ya, tomar el asunto en sus propias manos. Ahora el balón, como la casa de Fernández Noroña, está en territorio morelense.
Otra tempestad en la educación
Todo indica que esta semana seguirá movida en la grilla educativa de Morelos.
Entre nombramiento equívocos, excesivas concesiones sindicales, disputa por cotos de poder y compromisos incumplidos, la sección 19 del SNTE y el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, han pausado (como se dice ahora) su relación y hace días que no se hablan más de lo indispensable.
El problema lleva un buen tiempo generándose: el director del IEBEM, Leandro Vique Salazar sentía perder el control de la institución por haber cedido posiciones a gente identificada con el dirigente de la sección 19, Joel Sánchez Vélez; y decidió entonces traer a un grupo de funcionarios identificado con la exdirigente, Gabriela Bañón, que poco ayudaron a la exlíder a resolver cualquier cosa. Entre otros, nombró a Juan Díaz Rivera encargado de despacho del departamento de normales, donde ahora se vive el conflicto más grave en el IEBEM. Pero también a Dante Valencia, Gamaliel Pacheco, Yair Marquina, Gustavo Galicia y Alfonso Morales.
El problema no solo es que el equipo parece ser inoperante; también genera sospechas y choques con la dirigencia de Joel Sánchez que no es precisamente fan de su antecesora.
Si a esas vicisitudes políticas se suman los conflictos en el sector de formación de los maestros, UPN, Normales, CAM y ahora hasta Educación para Adultos, espacios en los que la dirigencia del SNTE no intervino, y que empezarán nuevas movilizaciones en contra de sus directivos en la semana que empieza; y el distanciamiento entre SNTE e IEBEM, las cosas no pintan bien para el sector esta semana.
Por supuesto que no conviene un sindicato que tome decisiones como si fuera la autoridad, pero puede resultar mucho peor el que se rompa el diálogo.
@martinellito / martinellito@outlook.com

