Morena para sus bases… Sí, Chucha…

 

Salvo a los cuatro grupos para nada mayoritarios que están evidentemente representados en la dirigencia estatal de Morena, a nadie en el partido la resultó simpática la determinación del Consejo Nacional del partido para que los comités estatales continúen en funciones hasta el 2027. En Morelos eso significaría encargar al actual comité la operación de la elección local para renovar ayuntamientos y Congreso local, y el proceso de revocación o ratificación de mandato al que se someterá la gobernadora, Margarita González Saravia.

El actual comité tiene como presidenta a Mirsa Berenice Suárez Maldonado (vinculada con el diputado federal y exalcalde de Jojutla, Juan Ángel Flores Bustamante); Martha Patricia García Garnica (asociada con el exalcalde de Cuautla, Rodrigo Arredondo López -quien perdió la reelección) como secretaria general; Noemí Anaya Villegas (cercana a la diputada federal Sandra (con los mismos apellidos) como secretaria de organización; Jorge Orihuela Pérez (muy cercano al aparentemente sempiterno dirigente cañero, Amado Orihuela Trejo); María José Platas González, secretaria de Mujeres pero sin gran carrera partidista; y Paola Cruz Torres, titular de Finanzas y con la mayor trayectoria política en el grupo.

Lo cierto es que, salvo quizá Paola Cruz, nadie entre los integrantes del comité estatal parece parte comprometida del equipo, o siquiera buenos fans de la gobernadora, Margarita González Saravia, ni del grupo que ella se plantearía proyectar rumbo a las elecciones del 2027. Es decir, aunque se ofrezcan instrucciones nacionales, cada facción representada en el comité obedece a proyectos políticos diversos y a menudo opuestos, lo que, junto a fuertes dosis de inexperiencia y simulación, parecen haber trabado a la dirigencia local de Morena que se percibe menos activa que las del PAN, Nueva Alianza y hasta de lo que queda del PRI.

La mira en el 2027

En esas condiciones, parece natural que los morenistas no confíen en que ese grupo los lleve a buen puerto, por muy pazguata que esté la oposición. Como todo apunta, Morena podría volver a perder los ayuntamientos de Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Xochitepec, Zapata y Yautepec. Y aunque es probable que pueda recuperar Cuautla, también tiene en riesgo la mayoría en el Congreso local.

Y si bien no es concebible que la gobernadora perdiera e la revocación de mandato, las derrotas que se pueden presupuestar en alcaldías y diputaciones locales distan mucho de ser resultados deseables para el proyecto político de la izquierda en Morelos. En efecto podría presentarse un escenario en que, ganando Margarita González Saravia perdiera su partido complicando no solo la segunda parte del sexenio para la gobernadora, sino también la continuidad de Morena en el gobierno estatal.

Desde la dirigencia de Morena parece no existir una estrategia para ganar los grandes centros de población en el 2027. La apuesta a que la marca siga creciendo es extraordinariamente riesgosa si se considera que el proyecto de la gobernadora, con mucho más sentido de justicia social que de pragmatismo político se enfoca en comunidades de alta marginación, principalmente, donde las necesidades son muchas más que los votos.

El partido no está haciendo lo necesario en los municipios más poblados y ha sido incluso incapaz de aprovechar política y socialmente la catástrofe que ha resultado la administración municipal en Cuautla. Mientras eso ocurre, el PAN se asienta en Cuernavaca, gana terreno en Jiutepec; el PRI trabaja para retener Temixco y Xochitepec; y hasta los aliados de Morena hacen su tarea para posicionarse mejor rumbo a las elecciones municipales.

Sea como sea, tendría que concederse que gran parte de los cuadros de Morena que podrían resultar competitivos están en el equipo o son aliados de la gobernadora, entre otras cosas porque son quienes pueden, legítimamente, ejecutar las políticas públicas o influir en el trazo de ellas. Apostar a otra cosa es acortar cualquier posibilidad incluso en términos de representación proporcional.

Para muchos morenistas el 2027 empezó anteayer

Y aunque desde el “nado de muertito” de muchos funcionarios partidistas y gubernamentales parecería muy lejana la elección del 2027 (el proceso electoral, en efecto iniciará en septiembre del 2026); para cientos de otros, recuperar el partido es una tarea urgente. Porque, dados los pendientes y el daño permanente y cada día más erosionante que provocan aún la administración de Cuauhtémoc Blanco y muchos de quienes participaron de ella, junto con las heridas que algunos no tan hábiles o simpáticos funcionarios actuales van dejando; la marcha electoral para Morena será cuesta arriba, especialmente en las ciudades que concentran más de la mitad de los votos.

Para los más realistas, el 2027 empezó desde anteayer, por lo que resultaría urgente devolver el partido a su base militante, lo que entraña un nuevo y probablemente peor problema. ¿Cuáles son las bases de Morena? ¿los fundadores que eran incapaces de ganar una elección de jefe de manzana? ¿la izquierda ideológica bien formada en su doctrina que fue desplazada por una manga de corruptos aficionados al futbol? ¿Los recién llegados que decidieron incorporarse para mantener sus aspiraciones políticas personales? O a lo mejor baste con autoadscribirse como bases de Morena para serlo.

Hasta ahora se sabe de por lo menos dos coaliciones de izquierdas que buscarían recuperar la dirigencia del partido o construir estructuras paralelas a fin de lograr posicionar mejor a sus cuadros y desplazar a quienes, según ellos, “han secuestrado” al partido. Los dos grupos, por cierto, podrían ayudar más a la gobernadora y a la izquierda que la actual dirigencia, aunque probablemente eso no sea decir mucho.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos