La visita de Alcalde y la atención de la gobernadora

 

Lo que la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, vio cuando el jueves estuvo en Morelos para reunirse con cuadros y bolas de su partido está sujeto, como todo en los partidos políticos, a la interpretación de la facción que se consulte. Hay quienes consideran que la líder nacional se fue molesta, otros que aseguran que estuvo feliz; eso sí, no tenemos registro, hasta ahora, de alguna foto en la que haya sonreído.

Tampoco es que la posición de la dirigencia nacional del partido resulte algo relevante para la dinámica de Morena en Morelos. Si algo nos ha enseñado la breve historia de ese partido es que parece importar bastante poco lo que ocurra al interior de sus liderazgos locales en la toma de decisiones. En efecto, todo apunta a que Morena tiene una especie de pacto en que, conforme a su importancia relativa, asigna espacios y nominaciones, unas para el Comité Nacional y otras para ser construidas por los actores locales.

En 2018 fue evidente esa práctica, cuando el entonces líder nacional de Morena, Mario Delgado, operó junto a la dirigencia nacional las nominaciones a senadurías y diputaciones federales, pero también determinó espacios relevantes como la primera diputación de representación proporcional, y la candidatura a la alcaldía de Cuernavaca. Basta recordar que pese a las rechiflas que entonces recibía el entonces gobernador, Cuauhtémoc Blanco, llenó el plato a su grupo con las nominaciones a la senaduría para Víctor Mercado, las diputaciones por los distritos uno y dos, a Sandra Anaya y Ariadna Barrera, y la alcaldía de Cuautla para que Rodrigo Arredondo buscara la reelección.

Hasta ahora no hay nada en el horizonte que haga pensar en alguna diferencia en las cosas; baste decir que, a pesar de que muchos lo deseaban, no se dio el cese fulminante de la dirigente estatal, Mirsa Berenice Suárez.

“Pero les oyeron su boquita”

En Morena se considera, según todo apunta, que los comportamientos de asambleas son ejercicios de catarsis en que los asistentes se desahogan, aunque al final no sirva para nada. Así se ha demostrado en múltiples foros donde los asistentes balconean los excesos, omisiones, ineptitudes de los políticos locales y dan cuenta de su mala relación con ellos.

Hay un dicho famoso de quien se queja en México “pero me oyeron mi hociquito”, que refiere a la utilidad de la queja para desahogo.

En efecto, las quejas coreadas poco se atienden, aunque a veces parezca lo contrario. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum anduvo en Cuautla hace unos meses con la gobernadora Margarita González Saravia, la gente pidió a gritos seguridad; la presidenta les respondió que ya estaba viendo ese tema y en efecto, ya había hablado con la gobernadora de un plan conjunto para reforzar la seguridad en la región oriente de Morelos, que empezó a aplicarse a los pocos días.

Probablemente lo que esté ocurriendo es que la gente que asiste a mítines políticos en el estado se quedó acostumbrada a que nadie las pelaba antes, durante o después del mitin. En la actual escena política, la gobernadora, Margarita González Saravia, parece anticiparse a la gritería de la gente escuchando antes las quejas a identificando problemas.

Pero hay problemas

Esto no significa que no haya problemas. La gestión de algunos funcionarios del Ejecutivo ha sido deficiente en muchos casos, por un lado; y por otro resulta evidente que las determinaciones del gobierno estatal no a todos agradarán, lo que hace que se presenten desacuerdos con algunos grupos de la población desde temas fundamentales, como el pago de contribuciones y el direccionamiento de la obra pública, hasta asuntos meramente ornamentales, como la forma del soporte del pedestal en que fue colocada la estatua ecuestre de Zapata en la Plaza de Armas de Cuernavaca.

Lo que parece establecer una diferencia es que la gobernadora la está entrando a los temas, lo que no necesariamente es bueno todo el tiempo.

Porque ¿para qué existe el gabinete?

Uno entiende que la función de la gobernadora comprende, en su nivel esencial, la coordinación al más alto nivel del diseño, implementación, operación y evaluación de las políticas públicas del estado; así que el obligar a un titular del Ejecutivo a resolver temas que podrían considerarse domésticos, deviene en distraerlo de sus ocupaciones más graves.

Claro que quienes conocen a Margarita González Saravia, y ella misma, coincidirán en que, desde su concepción y formación política no existen los problemas pequeños o de menor importancia; pero siempre queda la duda de, entonces ¿qué hacen algunos en el gabinete?

Vuelta a la visita de Alcalde

Perdón por la digresión, volviendo al tema de la visita de Luisa María Alcalde, lo cierto es que nadie podría esperar que pase algo diferente de lo que ocurriría si hubiera mandado un correo electrónico. La dirigente nacional dio una conferencia de prensa de cajón, y luego giró instrucciones de organización, vio los gestos que se hicieron unos a otros los cuadros distinguidos y los dirigentes locales y luego se fue.

Si en algún momento hay una ruptura en Morena, como adelantan analistas nacionales, ésa no se dará en Morelos porque aquí prácticamente no hay qué romper, estando todo ya tan resquebrajado desde hace tanto. Tampoco puede pensarse, por cierto, que los cuadros político-partidistas locales tengan algún peso en lo que vaya a suceder en el plano nacional del partido. La pequeñez política local los mantiene peleando no por un proyecto político, o por alguna lealtad partidista, sino por las migajas de la chamba que, sorprendentemente, no son muchas.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos