

¿Quién para la Mesa Directiva del Congreso?
La inminente salida de la diputada Jazmín Solano López de la Mesa Directiva del Congreso, y el cada vez más sólido acuerdo para que el PAN conserve la Junta de Coordinación Política y seguramente la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuenta Pública, ha metido en un brete a la bancada de Morena.
En estados normales, la determinación de qué diputados ocuparán qué posiciones se toma de manera conjunta entre la dirigencia partidista, las y los legisladores de la bancada y, en caso de tenerlo a mano, del Ejecutivo. Pero Morelos no es un estado normal. La dirigencia de Morena es una oficina sumamente débil cuya influencia en las decisiones políticas del estado, aún “teniendo” al Poder Ejecutivo y la mitad del Legislativo, es nula.
Así que, en el plano local, los acuerdos se trazan en el grupo parlamentario de Morena con algunos consejos desde el Ejecutivo en caso de ser necesario, prudente o, a veces, urgente. En esas condiciones la mayor parte de los acuerdos deben construirse entre los propios legisladores, lo que tendría que aplaudirse bajo casi cualquiera otra circunstancia.
El problema es que la bancada de Morena carece de perfiles suficientes para ejercer. Salvo Rafael Reyes Reyes, cuya carrera política es innegable y tiene las cualidades suficientes para ocupar la coordinación parlamentaria del partido con la mitad del Congreso, es evidente que a Morena le faltan cuadros por mucho que tenga una decena de diputadas y diputados.
Después de Reyes Reyes, probablemente los mejores perfiles estén entre las mujeres pero tampoco hablamos de dechados de experiencia y habilidad legislativa. Brenda Espinosa López, la de mayor trayectoria parlamentaria es una joven entusiasta pero inexperta que no ha mostrado prácticamente nada en materia legislativa durante el primer año de ejercicio. Martha Melissa Montes de Oca, no ha mostrado el carácter ni el protagonismo suficiente para las comisiones que ocupa, la de Puntos Constitucionales y Legislación y la de Igualdad de Género, lo que probablemente explique la pausa aparentemente eterna en que se encuentra la despenalización del aborto. Jazmín Solano López es una diputada activa a quien parece haberle quedado grande la Mesa Directiva del Congreso, como ya lo hemos argumentado suficiente en otras entregas. Nayla Carolina Ruiz Rodríguez no parece tampoco activa en su grupo parlamentario. Y Guillermina Maya Rendón, quien había iniciado muy bien su gestión como representante de las comunidades indígenas, parece haberse perdido en este periodo legislativo.

En el caso de los hombres el asunto es aún peor. Sergio Omar Livera Chavarría, Alfredo Domínguez Mandujano e Isaac Pimentel Mejía, no tienen un perfil confiable o profesional o ambos, para brillar en la bancada guinda. Alfonso de Jesús Sotelo Martínez tiene iguales problemas al que debe añadirse su posición de colaborador y facilitador de mucho de lo que ocurrió en la administración del exgobernador, Cuauhtémoc Blanco Bravo.
Por eso cuando el coordinador parlamentario, Rafael Reyes Reyes, adelantó que Morena podría quedarse con la Mesa Directiva del Congreso y que para ello propondría a un diputado, el asunto parece se de lo más complicado. Uno pensaría que Reyes Reyes podría ser un buen presidente de la Mesa, pero ello le significaría dejar la coordinación parlamentaria, lo que parece un riesgo enorme de perder parte del control sobre el Congreso y mucho del diálogo y consensos con los otros partidos representados en él.
Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo tienen coordinadores parlamentarios hábiles y con experiencia legislativa real. Tania Valentina Rodríguez, Luz Dary Quevedo y Daniel Martínez Terrazas, han mostrado mucha mayor capacidad y habilidad en el terreno parlamentario que casi cualquiera de los morenistas y entre ellos tendrían los votos suficientes para frenar cualquier cosa en el Congreso. Así que lo más conveniente, según se ve en la bancada de Morena, pero también en el gobierno estatal y hasta en los otros grupos parlamentarios, es que Rafael Reyes permanezca como coordinador de Morena.
Y vuelve entonces la pregunta ¿Quién para la Mesa Directiva? Y la respuesta es que, ya pasadas todas las aduanas de revisión de perfiles, lo más conveniente podría ser nominar a otra mujer. Volviendo a la revisión de los perfiles, quedarían Brenda Espinoza, Melissa Montes de Oca o Guillermina Maya. Eso o (nos atrevemos a bromear) tratar de convertir al diputado Luis Eduardo Pedrero de volverse guinda.
Probablemente en esa tesitura sea que Acción Nacional parece muy tranquilo en ceder la Mesa Directiva que, al final sería como decía la publicidad de los chones “como si no trajera nada”.
Por cierto, aunque algunos diputados y diputadas parecen muy dispuestos a pelearle la Comisión de Hacienda a Andrea Gordillo Vega, lo cierto es que la joven panista ha hecho un buen trabajo y parece tener ya andado el camino para la construcción de acuerdos con el gobierno estatal y con los órganos autónomos, lo que la hace en un elemento invaluable.
Otro pendiente es ver, una vez terminada su gestión en la Mesa Directiva, qué comisiones buscará presidir la diputada Jazmín Solano López, que no se conformaría con morrallita parlamentaria. Por la cantidad y contenido de las iniciativas que ha presentado, bien podría buscar la de Igualdad de Género o hasta la de Puntos Constitucionales, a ver si las suelta Melissa Montes de Oca.
La diputada Ruth Rodríguez, de Nueva Alianza, parece firme en la de Educación y Cultura donde ha hecho un buen trabajo tanto en materia legislativa como en términos de gestoría y apoyo a las escuelas públicas.
@martinellito / martinellito@outlook.com

