

La comunidad judía en México que se solidariza con Palestina
(Segunda parte)
Amanda Schmelz subraya que es justamente la vasta pluralidad lo que caracteriza al judaísmo, tras siglos y siglos de migraciones, asentamientos, lazos y sincretismos a lo largo y ancho del globo. “Eso es lo que estamos diciendo: Que un estado uni-étnico no tiene por qué existir, por lo tanto no se puede decir que hay ‘una sola cultura que se puede tener’. Odiaron a los judíos que, en sus palabras, ‘se dejaron llevar al matadero’, los detestaron. El Yiddish está muriendo porque imponen sólo el uso del hebreo. Cancelaron y cancelaron. Hicieron un Gólem. Crearon la imagen del soldado israelí “guapo, fuerte, que no se deja, que lo sabe todo, que lo puede todo y que tiene la razón.”
Micaela agrega: “Es imposible homogeneizar el judaísmo, y eso es lo que han estado intentando. Tuvieron que oprimir a los judíos árabes, inventaron tradiciones, ‘cancelando’ las tradiciones judías sefaradíes ancestrales. El judaísmo ha existido por miles de años antes del sionismo, y existirá por miles más después de que el sionismo desaparezca.” […]
“No es un asunto de cuestionar si los estados tienen o no derecho a existir, sino tal como apunta Francesca Albanese: ‘Existen, es algo inalienable.’ El cuestionamiento del anti-sionismo no es que Israel no deba existir, sino cuestionar qué estado es, cómo es. Sumando al tema de la pluralidad, uno de los tejidos que nos hermana de una forma donde no hay duda es la certeza de que en este momento nuestra voz sirve para esto, que es lo que nos convoca: El decir Palestina Libre, y que, como se está utilizando como arma la acusación de “antisemitismo”, como manejan que criticar al estado de Israel es “antisemita”, el que haya voces judías hablando por Palestina es muy importante, y eso también es algo que fuimos descubriendo: que hay gente de movimientos como “Jewish Voice for Peace” desde hace muchos años, y nosotros, que quizá llegamos tarde y descubrimos que para esto servimos ahora.”
Unx judíx: “Estos grupos fueron un refugio. Justo cuando esto comenzó yo pasaba por algo personal, me estaban sucediendo mil cosas y tuve que poner una pausa con mi involucramiento, hasta que después de más o menos un año dije: ‘tengo que hacer algo’. […] Para mí fue mucha deconstrucción. Fue muy fuerte darme cuenta: ‘A mí me enseñaron esto’, es muy fuerte aceptar que unx fue a una base militar a que te enseñaran lo ‘cool’ que era ser soldado en Israel, que unx fue a la Marcha de la vida con una chamarra azul y estrella de David, banderas de Israel, hasta que llega ese momento en que uno se da vuelta, mira y entiende cómo fue la historia de despojo, ocupación, exterminio, y deshumanización del pueblo palestino, y deja de querer ser parte de eso. Pero a la vez hay una sensación de profunda traición: ‘Estoy traicionando todo lo que me enseñaron’. Me tomó mucho tiempo. Hasta la fecha no pongo cosas en redes sociales, he recibido respuestas violentas de seres queridos, además de que mis familiares me mandan constantemente ‘stickers’ sionistas en mis grupos, y yo no digo nada. En mi propia familia ha sido difícil. Mi mamá es una persona muy humana, ella dice “yo nada de nacionalidades, no judía, ni israelí o mexicana, yo soy humana. Mi hermana también lo ha ido entendiendo. Con mi papá no se puede hablar. Como que sabe que está mal, pero está más allá de su persona poderlo manejar, entonces no hablamos de eso.”

Micaela: “Me animaría a decir, sin miedo a equivocarme, que más del 90% del grupo hemos tenido rompimientos familiares y de amistades por este tema. Gente se nos acerca en las marchas. En la vigilia del 7 de octubre, cuando nos congregamos en el Ángel por el primer aniversario del inicio del genocidio, se nos acercó un chico que nos rompió el corazón porque lloraba y lloraba, diciéndonos que estaba totalmente exiliado de su familia. ‘Qué bueno que los encontré a ustedes’, nos dijo. Por eso hay este primer paso de hallar un refugio emocional, y de hallar qué es lo que queremos decir. Para la gente que ha estado cinco minutos o veinte años en la lucha por Palestina, qué maravilla, hay que llegar a este movimiento cuando sea, antier o pasado mañana, pero hay que llegar, y sí siento que hay una parte de la narrativa de lo que implica para las personas judías llegar a este movimiento. No hay manera de que no haya un rompimiento familiar, porque siempre hay alguna persona en la familia que no sólo no está de acuerdo, sino que implica ir en contra de todo, y a lo mejor hay un rompimiento duro, que pasó por muchas discusiones, hasta un ‘no hablemos de política porque eres una traidora a tu pueblo, a tu gente, a tu tribu, a todo lo que tú eres, la razón por la que estás vivo’, así de profundo.”
Héctor Bialostozky añade lamentando: “El sionismo hizo muy bien su trabajo.”
Micaela: “Parte del proceso es darme cuenta de que, si por esto a mí me ‘cancelan’ en el trabajo, yo no importo, si alguien en mi familia me deja de hablar para siempre, yo no importo, porque lo que uno ve con urgencia en el teléfono es lo que diariamente está pasando; eso cambia las prioridades de la vida. Empieza a no tener el mismo valor emocional, aunque sea doloroso todo esto que hemos contado: los rompimientos familiares, el nivel de exposición que puedas tener, la gente que te identifique como ‘tal cosa u otra’, quedarse sin trabajo. La prioridad cambia cuando hay un genocidio.”
Los miembros de JPL y Doikait expresan que han sido acusados y denostados como “self-hating jews” (“judíos auto-odiantes”), “amantes de Hamás”, “capos”, y especialmente “antisemitas”, violenta etiqueta que en realidad devela un grado serio de desinformación de parte de quienes las emiten reiteradamente, incluyendo al mismo primer ministro Netanyahu, ya que el pueblo palestino es precisamente una tribu de origen semita, a diferencia –salvo casos excepcionales- de la gran mayoría de los habitantes actuales de Israel: descendientes o procedentes de países como Polonia, Alemania, Hungría, Austria, con una casi nula preservación de la vasta riqueza de tradiciones y modos de vida de las raíces semitas, llevando mayormente vidas más bien suscritas al materialismo nacionalista occidental, particularmente el estadunidense, siendo el feroz belicismo como política exterior una de sus características más marcadamente incorporadas.
Amanda: “[Los judíos] no podemos decir que las tierras ‘nos pertenecen’. Por supuesto que no. Parte fundamental de la diáspora judía y la cultura judía se basa precisamente en esa posibilidad y en ese enriquecimiento enorme de compenetrarse con otras culturas, con otros idiomas, con otras tradiciones, otras comidas. Es cómo lo judío permanece en el transcurso de los tiempos y de las culturas distintas en las que ha habitado, y eso es lo que Israel ha pretendido destruir. Hablando de rompimientos, yo viví en Israel. La amiga que yo conservaba allá me acusó también de ‘traición’, a lo que tuve que responder: ‘Solo recuerda que tú no eres más judía que yo. Podrás ser israelí pero yo soy tan judía como tú’. Ahí se evidencia una pretendida ‘posesión de lo judío’.”
Micaela: “Todos estamos justo en esa crisis: ‘¿Qué es ser judío?’ Hablábamos precisamente de la diáspora. Hablar de ella es decir que sí salimos de un lugar. Por eso Doikait es algo tan hermoso como concepto, que en realidad no tiene una traducción como tal en español, si acaso: ‘lo aquí’, ‘la aquietud’. Entender que somos de todos lados y rincones y que una sola nación jamás nos puede representar, pero tampoco una tierra.”
Unx judíx se suma al mismo análisis: “Se habla de Jerusalém como un lugar espiritual que no es necesariamente un lugar físico, es llegar a un estado de espiritualidad muy grande, y es justamente la identidad de los judíos errantes, que no tienen tierra, lo que formó la cultura: Ese no tener, ese desarraigo que te mantiene en lo abstracto. Es el pueblo del libro. Es el pueblo que se alejó de lo material, de la tierra, de lo femenino, y se clavó en el rabinato, la letra.”
Héctor: “Realmente parece una locura que un sólo grupo religioso haya decidido convertir la Tierra santa en suya. Esa Ciudad, Jerusalem, por siglos ha estado poblada por gente de diferentes creencias, religiones, etnias.”
Amanda: “Lo que es inexplicable es esa idea de ‘tenemos el derecho de tomar esta tierra, y matar y destruir lo que existe en ella.’ ¿De qué parte del libro sacan eso?”
Responde Unx judíx: “Lo sacaron del libro del nacionalismo de s. XIX”.
Héctor: “Estamos esperando que haya un cambio en las comunidades judías, incluidas las de Israel, en donde la gente se empiece a dar cuenta y adopte una postura disidente y se declare en contra de la ocupación y del genocidio. Estamos esperando ver eso. Es lo que nos interesa, que ya se pare este maldito proceso de masacre y destrucción. Yo veo muchos comentarios, empieza a haber muchas expresiones en Israel, de soldados que se negaron a ir al ejército, que empezaron a estar en contra del genocidio, y siempre hay comentarios que les responden: ‘too little too late’ (‘muy poco, muy tarde’), y me da mucha pena, porque en realidad cada quién llegará a su tiempo, y es muy importante que pase, sea cual sea el momento.”
“Es un espacio reconfortante” –asegura Micaela-, “ya que nos hace ver que hay cada vez más personas judías en el mundo despertando.”
Recordando el fuerte estudio narrativo del trauma causado por ejercer la violencia en la contundente y catártica auto-reflexión biográfica que cinematográficamente compartió con el mundo el cineasta israelí Ari Folman en 2008 con ‘Vals con Bashir’, Héctor agrega: “Eso es lo triste de toda la juventud de Israel y de comunidades judías también fuera de Israel, que se están echando a los jóvenes, les están arruinando la vida con la ideología, con el adoctrinamiento.”
Amanda: “Colonialismo y clasismo van de la mano. Hannah Arendt lo advirtió: ‘Es muy importante tener cuidado de que no pase exactamente lo que está pasando. No son los alemanes o los otros, sino que es un sistema, una estructura, una manera de preferir no ver, quedarse en la negación, no tener empatía.’”
Los colectivos mexicanos JPL, Doikait, y AMJI ya se encuentran enlazados con Global Jews for Palestine, a la que también se han anexado más grupos de la comunidad judía latinoamericana en solidaridad con Palestina desde Argentina, Chile, y Brasil, tendiendo puentes internacionales, emitiendo comunicados conjuntos, e impulsando acciones colectivas en incansable solidaridad con el pueblo palestino, que continúa sufriendo la genocida catástrofe, la Nakba que desde 1948 en realidad jamás cesó, el inclemente odio empeñado en diezmar cualquier vestigio o posibilidad de la ya tan lejana otrora coexistencia.
El reloj corre y la barbarie demanda a alaridos la suma de los despertares.
*Fotógrafo, documentalista, y preservador
del acervo antropológico Gerardo Aguilera Cornejo.


