

La planta de Nissan en Cuernavaca, Morelos, inició operaciones en 1966, siendo la primera planta de Nissan construida fuera de Japón. Durante 1966-1990 fue la época dorada para Nissan y de paso trajo progreso y trabajo para miles de morelenses y el estado de Morelos se convirtió en un polo de desarrollo económico, aunque con un sindicalismo radical el cual creó un ambiente de incertidumbre entre los inversionistas, no obstante, fue sinónimo de confianza para los gobernantes durante esta etapa y sinónimo de progreso para la entidad de Morelos.
Como un balde de agua helada, la noticia cayó a la gobernadora, Margarita Saravia, y a su equipo de gobierno. Se habla de más de 2 mil fuentes de trabajo que se perderán.
Es cierto que la salida de Nissan de Morelos no es responsabilidad directa del Gobierno de Morelos, pero sí es su responsabilidad combatir la inseguridad, fomentar la inversión pública sean nacional o extranjera, generar empleo de trabajo y crear certidumbre jurídica. La salida de Nissan de Morelos ha dicho, Iván Espinosa, Director General de Nissan México “Hemos tomado una decisión difícil, pero necesaria que nos permita ser más eficientes, competitivos y sostenibles”.
Me quedo con los tres conceptos anteriores, para relacionarlos con la “herencia maldita” el 28 de noviembre de 2019 en la mañanera, AMLO, dijo “Los funcionarios de mi administración deben tener 90 % de honestidad y 10 % de experiencia”. Esta frase pedagógica ha marcado a los gobiernos morenistas, porque en la integración de sus equipos de gobierno han optado por la lealtad y el pago de compromisos y no por la capacidad y la experiencia.
El Gobierno de Morelos tendrá un plazo de un año para demostrar de qué tamaño esta hecho su equipo de trabajo. Un año durará el proceso de liquidación de los trabajadores de Nissan, pero hay que tomar en cuenta las pequeñas y medianas empresas, el trabajo informal y todos los negocios que se instalaron en torna de la planta de Nissan. Todos los efectos colaterales económicos y de empleos que ocasionara el cierre de dicha planta automotriz.
Un año tendrán para demostrar que la premisa de AMLO no estaba equivocada o, simplemente, corroboremos que es una herencia maldita, para que la eficiencia, competitividad y sostenibilidad del gobierno desarrollen una alternativa equiparable al vacío económico y laboral que dejara la planta de Nissan.

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

