En contra de sólo leer psicología

 

Una vez trabajé en una clínica de rehabilitación en adicciones (pero no lo vuelvo a hacer, lo juro, ya que por mucho que mis colegas vaticinen que dichos lugares son funcionales y eficaces, y quizá lo sean en contadas excepciones, no dejan de ser un modelo de negocios muy rentable, que, como todo modelo capitalista, favorece a unos pocos a costa del dolor y el sufrimiento de muchos, pero no era de eso de lo que quería escribir).

Recuerdo una conversación que tuve con una psicóloga de allí. Le pregunté si le gustaba leer, y jamás voy a olvidar su respuesta: «Yo sólo leo psicología». Ni novelas, ni cuentos, ni poesía, ni ensayo literario. «Sólo psicología», sea lo que sea que eso signifique. Descubrí entonces que ese sería el consejo que daría siempre sin que nadie me lo pida, sobre todo para los psicólogos: ¡lean literatura! No lean «sólo psicología».

En Instagram el algoritmo me mostró una cuenta que anunciaba «libros que recomiendo a quienes estudian psicología», pero no eran ni ensayos académicos, filosóficos o psicológicos, ni artículos científicos (como los que tanto dicen amar los fanáticos de la terapia «basada en evidencia»), sino libros de autoayuda.

Y nada hay de malo ni con los libros de auto ayuda, ni con leer lo que cualquiera quiera leer. Pero aprovechando el consejo que siempre voy a dar, y aprovechando también que hemos llegado a la mitad del año, quisiera compartir una pequeña lista de los mejores libros que he leído en lo que va del año hasta ahora, para cualquier improbable lector, pero sobre todo para que los psicólogos que quizá puedan leer esta columna se animen a leer más que «sólo psicología».

Como cualquier lista personal, desde luego, no se rige bajo ningún criterio objetivo específico. Por el contrario, es absolutamente subjetiva, y los libros que elijo, los escojo únicamente porque me conmovieron o me hicieron pensar de un modo extraordinario. Pero dado que la extensión de mi columna es reducida, enunciare someramente algunas menciones honoríficas, para centrarme en los tres mejores libros que he leído en lo que va del año.

Las menciones honoríficas son: «Cien años de Soledad», de Gabriel García Márquez —un clásico que pude leer hasta apenas este 2025; «La invención de la soledad», de Paul Auster; «Cosmética del enemigo», de Amélie Nothomb; y «El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes», de Tatiana Țîbuleac.

Pero los tres mejores libros que he leído en lo que va del año, son «El olvido que seremos», de Héctor Abad Faciolince, que con ese poema de Borges por título («Ya somos el olvido que seremos»), narra una conmovedora relación padre e hijo. La vida y literatura están llenas de relaciones turbias y tensas con los padres, pero este libro es un apapacho al corazón que te devuelve la fe en que otras paternidades son posibles. Es un libro de llanto obligado.

«Niñapájaroglaciar», de Mariana Matija se coronaba para ser el mejor libro que hubiera leído este año, pero ya fue destronado. Aún así, es un libro conmovedor, que hasta hace poco llegó a México con el sello editorial Almadía. Yo, sin embargo, lo había leído antes en Rey Naranjo Editores. Me revivió el espíritu por cuidar de este planeta tan hermoso, que tan violentamente estamos exterminando.

Pero el que sorprendentemente llegó a coronarse como el mejor libro del año hasta ahora (el cual sí considero como una lectura obligada para todo el que se esté formando en psicología), es otro clásico que no pude leer hasta ahora: «Frankenstein», de Mary Shelley. Yo lo pondría, incluso, al lado de las lecturas obligadas de la facultad. Pero ya hablaré de él con más detalle en otra columna. Por lo pronto, espero que este texto pueda aminar a psicólogos y no psicólogos, a leer más que «sólo psicología», y que el resto del año me sorprenda con más libros de cinco estrellas.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Luis Marín