
La lectura del periódico es la oración del hombre contemporáneo, afirmaba Hegel y, alguna vez, nos lo repitió Don Sergio cuando nos sorprendió en el Obispado tomando sus periódicos y leyendo la sección de deportes. Éramos chavitos, nada nos afligía. Pero, no anima para nada esta realidad que padecemos al enterarnos de los acontecimientos. Hace tiempo nos llenaba de entusiasmo el ir comprobando el avance de las luchas sociales contra las dictaduras y los gobiernos criminales. Confirmábamos todo al escuchar a nuestros Maestros Sánchez Vázquez, Alberto Híjar, Graciela Hierro y más… Ahora nos encontramos con un panorama desolador, siembra masiva de muerte y destrucción contra pueblos enteros.
El Capitalismo que venera a Mammón, el becerro de oro, enferma al ser humano. Así, los piratas internacionales cometen robos descarados, bombardean lanchas de pescadores a quienes acusan de narcotraficantes; disparan a niñas y mujeres indefensas o las matan de hambre; familias enteras huyen despavoridas de sus propios pueblos y sus propias casas.
Del lado contrario vemos gobernantes que se ufanan de sus atrocidades. mujeres y hombres festejando la muerte del otro y adueñándose de la tierra ajena. Esta nuestra humanidad ha sido capaz de engendrar Gandhis, Mandelas y Lumumbas pero también Hitlers, Trumps y Netanyahus. La crueldad y la mentira hermanadas marchan en concierto instalando la muerte.
El Neoliberalismo es la idolatría de la muerte, afirma Mons. Pedro Casaldáliga (+) Obispo de São Félix do Araguaia (Mato Grosso, Brasil), el Neoliberalismo profundiza el empobrecimiento de los pueblos de nuestra América, al idolatrar al dios del mercado.
Destaquemos lo dicho por ese cristiano ejemplar. Necesitamos que la sociedad tenga vergüenza y venza el hambre de las mayorías. El Neoliberalismo es el capitalismo transnacional llevado al extremo. El mundo convertido en mercado al servicio del capital hecho dios y razón de ser. Implica la desresponsabilización del Estado, que debería ser el agente representativo de la colectividad nacional. Y agente de servicios públicos.
La privatización no deja de ser el extremo de la propiedad privada que, de privada, pasa a ser privativa. De privativa, pasa a ser privadora de la vida de los otros, de las mayorías. La privatización es privilegización, selección de una minoría privilegiada que, ésa sí, merece vivir, y vivir bien.

El neoliberalismo es la marginación fría de la mayoría sobrante. Salimos de la dominación hacia la exclusión. Hoy ser explotado es un privilegio, muchos, sin empleo, ni siquiera alcanzan la «condición» de explotados. Esto es un «maltusianismo» social, que prohíbe la vida de las mayorías.
El neoliberalismo es también la negación de la utopía y de toda posible alternativa. Es también la mentira institucionalizada. El individualismo neoliberal es la degeneración de la persona y la negación de la comunidad. El individualismo egoísta degenera la persona, que, por definición, debería ser relación y complementación con los otros. Este individualismo neoliberal es la degeneración de la comunidad, que es participación y compartimiento.
Nuestro Obispo alude a su compromiso cristiano, por supuesto. Dice:
La transparencia de vida debe aparecer como testimonio. Esto se traduce muy bien en la Espiritualidad de la liberación, en las comunidades de base, en las pastorales específicas que actúan en esas fajas más prohibidas y marginadas: la Pastoral de la Frontera, la Pastoral de la Consolación y la Pastoral del Acompañamiento. Y también, la Pastoral de la Sobrevivencia, sin caer en el pragmatismo asistencialista que podría hacer nuevamente que el pueblo olvidase las estructuras, las causas, los derechos.
Un sistema perverso pues, asesino. Los países dominantes han basado su poder en el despojo, en el robo, en la invasión, en las masacres. Han dejado un rastro sangriento históricamente. La Pérfida Albión, apelativo que se ganó a pulso la Inglaterra actual y EE. UU. que invadió, masacró a los grupos indígenas, se apropió de sus tierras y sus riquezas e hizo lo mismo con Puerto Rico, con México, con Hawái, con Alaska y pretende continuar con toda nuestra Amerindia agrediendo a Cuba y a Venezuela, todo un plan criminal.
Con respecto a Cuba nunca olvidó su compromiso: Cuba está mal económicamente, de esto no hay duda, pero los cubanos ven lo que ocurre a sus vecinos neoliberales y no quieren perder las conquistas básicas de la Revolución, en educación, en salud, en participación popular.
Esta es la actitud que los cristianos debemos asumir ante la situación de ese país, en este momento: Debemos continuar condenando, abiertamente, el bloqueo económico a Cuba. Es algo totalmente injusto e inicuo. Es simplemente un gesto de prepotencia y de orgullo imperial de Estados Unidos.

