

Entiendo que los proyectos políticos deben tener una visión pragmática que los lleve a obtener victorias. Sin embargo, también me parece que los límites son necesarios, sobre todo cuando la visión pragmática pone en entredicho los valores que, en teoría, los guía. En este artículo me detendré en los proyectos de izquierda (los únicos que me interesa que logren hegemonía) y, particularmente, en la llamada 4T y su partido Morena.
Empiezo señalando que no quiero más mártires y héroes de izquierda que entreguen su vida, como sacrificio, a las luchas de izquierda. La historia nacional está llena de ellos y respeto y admiro su entrega, pero creo que lo más importante es que haya líderes de izquierda que ejerzan algún tipo de poder e influencia que logre acercarnos a diversas formas de justicia social. En ese sentido es que entiendo la necesidad de una visión pragmática. A quienes no la tienen les falta entender que entre lo ideal (lo que nos gustaría que hubiera) y lo concreto (lo realmente existente) hay una brecha a través de la cual debemos tomar decisiones.
Al mismo tiempo, es importante tener en cuenta los contextos específicos a la hora de tomar decisiones con base en realismo político y visión estratégica. Lo menciono porque, como anuncié, llevaré estas reflexiones al contexto nacional actual y a las recientes alianzas de la llamada 4T con figuras públicas impresentables.
Morena es, por mucho, el grupo político más poderoso de la política nacional. La oposición partidista prácticamente no existe. Lo que estamos viendo ahora es el cambio de algunos militantes hacia el partido con más posibilidades de obtener triunfos electorales y cargos públicos. Creo que esas acciones se entienden, sin necesariamente justificarse. Muchas de estas personas no conocen otra forma de ganarse la vida que no sea por medio del presupuesto público. Se trata, en efecto, de una visión pragmática.
Lo que no entiendo y menos justifico es la aceptación de la dirección de Morena de algunos de estos personajes. El caso de Alejandro Murat es uno de ellos. Hay militantes del PRI, del PAN o del PRD no tan identificados con lo que implican estos proyectos, pero Murat no es uno de ellos. Los símbolos tienen la cualidad, entre otras cosas, de condensar o agrupar un cúmulo de significados. Murat llegó a ser un símbolo destacado del priismo; no sólo es exgobernador de Oaxaca por este partido, también intentó ser candidato de la alianza opositora apenas en la pasada elección presidencial. Además, apareció en la opinión política nacional como un posible presidente nacional del PRI.
Viéndolo en retrospectiva, la persona que quiso ser el principal opositor de Claudia Sheinbaum en su lucha por la presidencia, y que seguramente hubiera utilizado discursos anti 4T en su campaña, ahora vota a favor de las iniciativas de Morena. Por ello creo que se trata de un buen caso para reflexionar en torno a los límites del pragmatismo. La pregunta que hay que hacer es qué se gana y qué se pierde con este tipo de alianzas. Además, ambas previsiones tendrían que hacerse no sólo a corto plazo.

Lo que gana la 4T con Murat se centra en el plano de lo electoral. Se trata de un político con cierta base social, sobre todo por su pasado como gobernador. Lo que dudo es de sus valores políticos y morales, y es ahí donde el diagnóstico del “qué se pierde” debería preocupar. Cuando figuras como Murat cambian tan drásticamente de militancia política (por no mencionar a los Yunes o, en nuestro estado, a Cuauhtémoc Blanco), no dejan de lado lo que fueron ni los valores que en algún momento defendieron. De hecho, es importante cuestionarse si realmente dejan de defenderlos o sólo cambian formalmente de adscripción partidista.
Estoy seguro de que para algunas personas —yo mismo incluido— son acciones que difuminan el perfil de izquierda de la 4T. Dada la abrumadora hegemonía de Morena, cabe preguntarse si este tipo de prácticas es realmente necesario. La fotografía de Alejando Murat con el hijo del expresidente López Obrador está ahí, generando una imagen, por decir lo menos, incómoda. Sé que no soy el único que lo percibe así; con Murat se gana un voto en el senado, pero no tenemos claro todo lo que se pierde.
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Profesor de Tiempo Completo en El Colegio de Morelos. Doctor en Estudios del Desarrollo por el Instituto Mora. ↑

