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El contenido generado por IA puede ser incorrecto. Durante mucho tiempo se catalogó a la sarcopenia (pérdida de músculo generalizada) como una característica del envejecimiento, se percibía como consecuencia de un catabolismo en el que el cuerpo se preparaba para trascender por lo que los diagnósticos de dicha condición se realizaban en personas mayores a 60 años; actualmente la situación se ha salido de control, nos encontramos frente a una nueva categorización: obesidad sarcopenica, una condición en la que el cuerpo humano pierde grandes cantidades de músculo junto con un incremento de grasa corporal lo que ocasiona debilidad, alteraciones metabólicas, deformaciones óseas y articulares, dificultando la vida cotidiana de quien la padece.

En nuestro país se contabilizo durante el censo de 2018 una prevalencia de 46% de mujeres mayores a 18 años con obesidad, para el 2022 se reportó 76.8% de población femenina con problemas de aumento de peso acelerado. La respuesta del sector salud ha sido el fomento a la actividad física tanto como método preventivo como curativo procurando a las generaciones que se avecinan e intentado disminuir el impacto de salud en las féminas que están por el camino al caos de salud.

Aproximadamente el 37% de las mujeres del mismo rango de edad descrito anteriormente han decidido realizar alguna actividad física creando un nuevo fenómeno social para el cual los profesionales de la salud no estaban preparados ya que a pesar de el intento por mejorar su salud aún se obtienen incidencias de obesidad sarcopenica y gran parte de la razón de esta contradicción se debe a la voz del inconsciente de lo femenino; en lo oculto del pensamiento de cada mujer se dibuja una imagen pequeña, frágil y delgada como lo ideal incluso aunque muchas lo niegan, el principal objetivo es buscar verse al espejo y sentirse atractiva pero también es preciso ser vista como aquella mujer ideal que busca un hombre fuerte que la proteja.

Por lo tanto, si visitamos un gimnasio, encontramos un gran porcentaje de usuarias en las salas de cardio y clases grupales y quienes se aventuran a la selva de las pesas entrenan con un miedo compartido: “verse toscas o grandes” por lo que limitan de manera notoria el fortalecimiento de los músculos del tronco superior debido a que el estereotipo implantado es la negación a un cuerpo fuerte y tonificado, como consecuencia, la mayoría busca entrenar un trasero atractivo visualmente junto a piernas tonificadas pero con un torso pequeño lo cual trae consigo una serie de actos que van en contra de la fisiología humana y en específico a la caracterización anatómica y hormonal propios de las mujeres.

La ejercitación cardiovascular excesiva genera la pérdida de musculo debido a que el cuerpo intenta sobrevivir al reto físico impuesto: un entrenamiento en ayunas, una dieta baja en calorías, poca ingesta de carbohidratos y un excesivo tiempo en aparatos cardiovasculares mezclados con clases grupales, todo esto origina un déficit de fuentes de glucosa en el cuerpo (ya que provienen del consumo de carbohidratos simples y complejos), hay que recordar que la glucosa es la gasolina principal del cuerpo cuando no existe este medio de energía y se le exige al cuerpo resistir grandes tiempos de actividad física, sabiamente se toma el tejido muscular como principal fuente de energía.

La mala combinación de una desequilibrada alimentación con -algunas veces- nulo consumo de carbohidratos complejos como lo son las tortillas, el pan, pastas, arroz, entre otros, genera la omisión del cuerpo por construir glucógeno muscular, un dato poco conocido por la población en general: los “carbos” también promueven la construcción de musculo. Junto con una dieta baja en calorías y el miedo por verse “toscas” se ha observado un incremento de mujeres con poca cantidad de músculo y una abundante grasa como respuesta orgánica ante la percepción de no contar con alimentos suficientes, el organismo entra en estrés y el cerebro comienza a mandar una señal de alerta creyendo que no existe la accesibilidad a alimentos como defensa se genera gran cantidad de grasa como acto de supervivencia.

El alejamiento social a los profesionales de salud y su acercamiento a entrenadores no capacitados en dichas áreas puede traer como consecuencia el aumento estadístico de mujeres enfermas y débiles quedando sin resolver el problema central, sin embargo es preciso señalar que el problema se vuelve más grave cuando tienes en el panorama algunos entrenadores con entrenamiento básico de nutrición pero con una autopercepción de especialistas, una población alejada de la información científica, un gobierno colocando sellos ignorados por toda la población, políticas públicas hechas por diversos especialistas menos por nutriólogos y profesionales preparados sumergidos en una terrible frustración sin las armas necesarias para participar activamente en lo que fue entrenado por 5 años de carrera universitaria.

Las estadísticas seguirán creciendo y los sueños de los nutriólogos seguirán siendo apagados por una apatía social que busca la inmediatez y que repudia la ciencia, buscar la solución implica apoyo gubernamental y profesionales fuertes decididos a difundir la verdad en el cumplimiento de su juramento hipocrático frente a una sociedad que insiste en ignorarlos incluso frente a la crisis de salud que intenta pelear.

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*Psico nutrióloga Elsa Azucena Alfaro González

Elsa Azucena Alfaro González