
Morelos: laboratorios territoriales frente a la crisis civilizatoria
Prudenzio O Mochi Alemán*
Sin intención de catalogar uno a uno los grandes problemas que nos acucian día a día algunos de ellos no podemos dejar de ignorarlos. El cambio climático se encuentra descontrolado de cualquier previsión, la concentración de la riqueza en manos de unos pocos nos empuja a una desigualdad social que no cesa, crisis de cuidados, agotamiento de los recursos naturales, neocolonialismos extractivistas, entre muchos otros. Sin lugar a dudas, se atraviesa una emergencia civilizatoria extractivistas, que amenaza la calidad de una vida buena en el mundo.
Frente a esta emergencia civilizatoria, seguir enumerando síntomas ya no basta. La pregunta que nos urge es otra: ¿qué podemos hacer aquí, en nuestro territorio concreto, con las manos y las instituciones que sí tenemos, para sostener la vida en común? El territorio no es sólo un pedazo de tierra; es el entramado de relaciones, saberes y organizaciones que pueden convertirse en un dique frente a la devastación o, por el contrario, ser arrasados. En Morelos, desde el Nodess de Economía Social y Solidaria “Morelos Solidario y Cooperativo” creemos que el territorio es hoy uno de los pocos espacios donde todavía es posible disputar el sentido del desarrollo.
En vez del turismo que expulsa a la gente de sus barrios y privatiza el agua, hablamos de experiencias de turismo comunitario donde las comunidades deciden cómo, cuándo y bajo qué reglas recibir visitantes, de modo que la derrama económica quede en la comunidad y no en las plataformas globales.
Frente a la violencia y el miedo, surgen escuelas de derechos humanos impulsadas por organizaciones locales, no sólo para dar talleres, sino para recuperar la palabra, construir memoria y defender el territorio como derecho colectivo. En escuelas y colonias, los huertos urbanos y las redes de consumo local no son un pasatiempo verde: son ensayos de soberanía alimentaria, alivian el gasto familiar, reconstruyen tejido social y devuelven al suelo la capacidad de alimentar. Proyectos de cuidados compartidos, espacios culturales autogestionados, mujeres guardianas de las estrellas y promotoras del cuidado de la biodiversidad a través de preservar los cielos oscuros. Ahí se forman nuevos liderazgos que no dependen de la dádiva. Desde el Nodess Morelos Solidario y Cooperativo, una alianza entre organizaciones, academias y colectivos, nos hemos propuesto algo muy sencillo y a la vez muy ambicioso: reconocer, cuidar y articular estas iniciativas dispersas, para que dejen de ser islas y comiencen a funcionar como un verdadero ecosistema territorial. Estamos impulsando conjuntamente con otros protagonistas a nivel nacional e internacional un Observatorio de la Economía Social, Solidaria y Popular no sólo en Morelos, sino a nivel nacional y de América Latina. No se trata sólo de producir diagnósticos, sino de mapear quién hace qué en cada municipio, poner en contacto a los proyectos entre sí, documentar aprendizajes y, sobre todo, generar argumentos para disputar políticas públicas: compras gubernamentales a cooperativas locales, apoyo a mercados comunitarios, reconocimiento de los trabajos de cuidado, programas de formación para autogestión, no para un emprendedurismo precario.

Frente a la crisis de cuidados, el territorio puede tejer redes: cajas de ahorro, cooperativas de cuidadoras, acuerdos comunitarios para acompañar a la infancia, la vejez y la discapacidad. No es caridad, es organización social de la reproducción de la vida.
Ante el desempleo y la precariedad, el territorio puede impulsar cooperativas de producción y servicios, redes de trueque y moneda social, compras públicas que prioricen a unidades económicas populares, y circuitos cortos que conecten a productores campesinos con comedores escolares, hospitales y universidades.
Frente al extractivismo, los territorios pueden fortalecer comités de agua, cooperativas de energía limpia a pequeña escala, y observatorios ciudadanos que vigilen megaproyectos. La defensa del territorio también es una forma de política económica.
Para romper el monopolio del relato del desastre, necesitamos radios comunitarias, medios libres, festivales, escuelas populares, donde se cuenten las otras historias: las de quienes organizan, cooperan y sostienen la vida.
Nada de esto va a ‘resolver’ por sí solo el cambio climático ni la desigualdad global. Pero sí puede hacer algo más importante: demostrar en la práctica que otra economía es posible, anclada en territorios vivos, en comunidades que se reconocen y se organizan. Frente a la emergencia civilizatoria, el territorio no es refugio pasivo, sino laboratorio político. Desde Morelos, desde el Nodess Solidario y Cooperativo, queremos insistir en esa apuesta: dejar de hablar sólo de lo que se derrumba y empezar a contar, cuidar y multiplicar lo que ya se está construyendo en el territorio.
* Miembro del Nodess Morelos Solidario y Cooperativo. mochiprudencio@gmail.com


